Viernes, 15 de Diciembre de 2017
10:39 CET.
España

La derrota de ETA

Los terroristas vascos de ETA manejan con la misma soltura la pistola y las incongruencias. La organización "socialista revolucionaria vasca de liberación nacional" ha anunciado esta semana, a través de un video, "el cese definitivo de su actividad armada", pero se queda con las armas, las capuchas y la misma coreografía siniestra de siempre. Tres individuos disfrazados de Ku Klux Klan, con un capirote blanco, uniformes y guantes oscuros, con la serpiente del logotipo de ETA, nos hablan de "diálogo", de "responsabilidad y valentía" y de "construir un escenario de paz y libertad". Todo esto con el tonito de perdonavidas de los fanáticos. Uno no sabe si reír o temblar, pero es un hecho que ETA ha matado a más de 800 personas en los últimos 43 años, y ahora nos dice que no va a seguir haciéndolo. Algo es algo. Claro, a cambio de tanta generosidad, los terroristas jubilados y sus cómplices dentro de la clase política vasca esperan conseguir concesiones políticas para llevar a Euskadi a la independencia.

Los tres encapuchados son los mismos que aparecieron en otro video, en enero pasado, para anunciar "un alto el fuego permanente, general y verificable por la comunidad internacional". Estaban ya perfectamente identificados por la policía, que filtró a la prensa sus nombres y sus fotos, sin capucha. Los tres nacieron en los años 70 y pertenecen a esa camada de militantes que llegó al poder después de la detención de toda la cúpula. Hoy dirigen una organización que, según los expertos, tiene apenas 50 miembros clandestinos y más de 700 presos en las cárceles españolas y francesas. ETA (Euskadi Ta Askatasuna, País Vasco y Libertad) cometió su último atentado mortal en agosto de 2009 y está acorralada por las fuerzas de seguridad, pero sigue perturbando la vida democrática en España.

En los pequeños pueblos del País Vasco, en Ondárroa, Hernani, Legorreta, Lizarza, Anoeta o Alegría, los nacionalistas mantienen un verdadero clima de terror que limita la participación de las otras opciones políticas. Muchos ayuntamientos están en manos de grupos vinculados a ETA y reciben millonarios recursos públicos, cuyo destino final se desconoce. Los etarras presos por asesinato son los hijos predilectos de esos pueblos y sus fotos están colgadas en calles y alcaldías. Y los concejales que no están de acuerdo tienen que ir protegidos por guardaespaldas, algo que no ocurre en ningún otro lugar de Europa.

Por eso, la última declaración de ETA ha provocado tanta euforia en algunos sectores de la sociedad española, a pesar de la falta de compromiso sobre la disolución de la organización terrorista y la entrega de las armas. Varios programas de radio sacaron de sus archivos las grabaciones realizadas en los lugares de los atentados más salvajes, como el del Hipercor de Barcelona, en 1987, que provocó la muerte de 21 personas, en mayoría mujeres que hacían la compra en ese centro comercial. Para los optimistas, el anuncio de ETA sobre el "cese definitivo de su actividad armada" debe interpretarse como el fin de esa violencia que enlutó a España durante décadas. Para los demás, se trata de otra manifestación de cinismo por parte de una organización antidemocrática, que quiere sembrar cizaña en la campaña para las elecciones del 20 de noviembre.

Las portadas de los principales diarios ilustran esos sentimientos encontrados. Mientras El País anuncia "El fin del terror", El Mundo asegura que "ETA alardea de sus asesinatos y emplaza al Gobierno a negociar". Tanta discrepancia indica que ETA ha logrado, como siempre, inmiscuirse en la campaña electoral. Al Gobierno socialista, que vive sus peores momentos, le viene bien atribuirse el mérito de acabar con el terrorismo. En cambio, el candidato del Partido Popular, que es el gran favorito para ganar las elecciones, no querrá empezar su mandato con las falsas expectativas creadas por su antecesor.

No hay duda de que estamos ante un chantaje político y emocional de los terroristas, que se aprovechan de la buena fe de la sociedad española en un intento vano por transformar su derrota en victoria. Lo más probable es que el fin de ETA llegue por la vía de las urnas, cuando sus simpatizantes acepten de una vez por todas que las diferencias políticas en una democracia se dirimen a través del voto y solo del voto. Quizá, lo veremos tan pronto como el 20 de noviembre si se confirman las previsiones de las encuestas a favor de Bildu, el nuevo partido político creado por la izquierda nacionalista, que se ha estrenado en las municipales de mayo pasado. El comunicado de ETA es, sin duda, su mejor tarjeta de presentación.

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