Martes, 12 de Diciembre de 2017
21:28 CET.
Periodismo

Metralla y olvido

El periodismo en América Latina vive arrinconado por la vanidad y el temor congénito a la verdad, dos patologías de dictadores. Y por la indolencia de otros jefes de estado que le dan intensidad a los bostezos de sus desayunos con repasos superficiales a las reseñas de asesinatos de reporteros y comunicadores.

Es una ofensiva total. Combina el empeño de los totalitarios por sacar del juego a los medios independientes y a los periodistas honrados, con los métodos de las mafias que los matan a balazos, los cazan en las calles con sus fusiles de lujo y precisión, van a tirotearlos a sus casas frente a la familia o dan candela, colocan coches bombas y lanzan granadas en las puertas de los periódicos y las emisoras.

En el destino de las víctimas de los poderosos está escrito que se quedarán solas. En los primeros momento del atropello o del crimen, se hacen comunicados y se protesta. Después empieza la desmemoria. La obligación, la necesidad de recordar pasan a ser problemas exclusivos de los familiares de los muertos, de las instituciones de protección de la prensa y de quienes se sienten posibles viajeros en el automóvil vigilado de cerca por sicarios o parte del grupo que recibirá a la policía en la redacción.

El cierre o la confiscación de medios, la persecución, el destierro y el encarcelamiento de corresponsales tienen su rastro de sangre. Un informe de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) recuerda esta semana que desde el mes de abril hasta el día de hoy 21 periodistas han sido asesinados en aquel continente.

La violencia que se ejerce en contra de la prensa, ha convertido al año 2011 en el más trágico para la región.

La familia y los colegas de esos profesionales —cuatro en Brasil, cinco en Honduras, cinco en México, 3 en Perú y uno en Colombia, República Dominicana, Guatemala y El Salvador— no tienen ni el alivio de la justicia. Los asesinos viven libres. Sin juicio ni castigo. En Brasil, por ejemplo, hay crímenes pendientes hasta de 1988. En México, la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada no ha resuelto un solo caso desde 1997.

Acoso de totalitarios, indiferentes y mafiosos. Impunidad y  silencio. Ese es el entorno natural del periodismo latinoamericano.

 

 


Este artículo fue publicado originalmente en El Mundo. Se reproduce con autorización del autor.

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