Sábado, 16 de Diciembre de 2017
16:44 CET.
América Latina

Urnas quemadas

El socialismo del siglo XXI ha convertido los procesos electorales democráticos en una cadena de golpes de Estado obscenos y esperpénticos que el mundo mira (si mira) como una curiosidad política, el escándalo de una compañía de cómicos o una contribución del totalitarismo al folclor de América Latina.

Son contiendas preparadas en los palacios de Gobierno con la fuerza del Estado dedicada a demonizar, castigar y anular la presencia de la oposición. Todo eso, combinado con una minuciosa operación de antesala para silenciar a la prensa mediante la confiscación de medios, condenas y persecuciones a los periodistas y la imposición de una censura de estirpe estalinista, después de una remodelación y un baño de sol y mar en el Caribe.

Ese es el esquema general de la realidad en Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia. Los une la ilusión de una dictadura sin almanaques y solo los diferencia el estilo de sus líderes, la impronta personal de los que un día llegaron al Gobierno gracias a unos sufragios libres y después dinamitaron las bases de esas urnas.

En noviembre, el día 6, le toca el turno a Daniel Ortega, un tipo autoritario y chambón. Un señor que organiza los comicios como una maniobra militar o una partida de dominó entre compadres. Él mismo nombró por decreto a Roberto Rivas en el cargo de presidente del Consejo Supremo Electoral.

Ya está todo listo para el pucherazo con heridos leves y contusiones. La Unión Europea y la Organización de Estados Americanos (OEA) han reservado sus pasajes para acompañar (y bendecir) los comicios en los que Ortega volverá a ser elegido presidente de Nicaragua.

Hay protestas, disturbios, rebeliones y balaceras en algunas regiones del país porque más de medio millón de nicaragüenses no tienen documentos legales para votar, pero nadie va a ir tan lejos a ocuparse de unos asuntos sobre los que tienen competencia exclusiva las autoridades electas.

Daniel Ortega tiene garantizado otro quinquenio de soledad en el trono. El año que viene el espectáculo es en Venezuela. A la eternidad en el poder, a la dictadura reconocida y celebrada por los demócratas de part time, se llega con estos asaltos que son ya una institución en aquella parte del mundo.

 


Este artículo apareció en El Mundo. Se reproduce con autorización del autor.

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