Sábado, 16 de Diciembre de 2017
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Cuba-Venezuela

Molière en Venezuela

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Argan es el nombre del personaje principal de la última obra del dramaturgo Molière, El enfermo imaginario, una comedia-ballet en tres actos presentada por primera vez en el Teatro Real en 1673. Inspirado en su propio caso, Molière, bastante enfermo y que, además de dramaturgo, también actúaba, muere tras la cuarta representación de la obra. (Vomitó sangre en escena y el público creyó que era parte del espectáculo. Terminada la función tuvieron que llevarlo en andas a su casa, donde murió esa noche.)

Argan es un viejo y rico burgués hipocondríaco que se cree siempre enfermo, pero que en realidad goza de buena salud. Su segunda mujer se desvive en cuidados, pero no espera más que su muerte para gozar de la herencia que le toca. Su médico de cabecera confirma su estado de salud y le hace creer que sufre del hígado y del bazo. Argan pasa los días ingiriendo toda clase de remedios que le prescriben los médicos y los boticarios que lo rodean, más preocupados por darle gusto al "enfermo imaginario" que por su salud.

Argan pasa su tiempo tomando purgantes y practicándosele lavados intestinales. Un conflicto inesperado estalla en el seno de la familia. Angélica, su hija, está enamorada de Cléante, relación a la que Argan se opone debido a la falta de fortuna del pretendiente y quiere casarla con Thomas Diafoirus, médico e hijo de uno de sus médicos; lo cual le permitiría disponer de la presencia permanente de un médico en su casa.

Contar con un yerno médico y con aliados médicos, le daría la ventaja de contar con la fuente de los remedios que le son necesarios y tener consultas y prescripciones a mano. Antonia, la sirviente, le sugiere a Argan que se haga el muerto y va a darle la noticia a su ama, la cual manifiesta su alegría en presencia de Argan, a quien cree muerto. La hija Angélica, en cambio, manifiesta su pesar sincero ante el supuesto cadáver de su padre. Lo que decide a Argan a poner término a la comedia y autoriza a su hija a contraer matrimonio con Cleonte, pero a condición de que éste se haga médico.

La obsesión por la medicina

En una escena del primer acto entre Argan y su sirvienta Antonia, ésta le dice, refiriéndose a los médicos y boticarios, que éstos se aprovechan bien de su cuerpo y tienen en él "una buena vaca lechera". La sirvienta agrega que le gustaría preguntarles cuál es el mal que lo aqueja para que le administren tantos medicamentos.

Argan, furioso, la trata de ignorante y le reclama su atrevimiento de expresarse de esa manera de sus médicos.

"Cuando un amo no reflexiona en lo que hace, una sirvienta sensata tiene el derecho de corregirlo", le responde Antonia, quien no se da por vencida y, para demostrar la deshonestidad de los médicos que rodean a Argan, se disfraza de médico y le prodiga consejos de salud más razonables.

Luego, Beraldo, el hermano de Argan, le dice que no conoce a un hombre más sano que él, y ahonda en la deshonestidad de los médicos que, según su opinión, explotan a Argan, y le dice que "si no pones coto, tanto te atenderán que te enviarán al otro mundo".

Ante la pregunta de Argan de si no cree en la medicina, Beraldo le responde que no ve la necesidad de creer en ella para estar sano y, lejos de creerla verdadera, la considera como una de las más desatinadas locuras que cultivan los hombres. Pues, de estudiar la cuestión desde un punto de vista filosófico, no había farsa más ridícula que la de un hombre empeñado en curar a otro, por la sencilla razón de que los "resortes de nuestra máquina son un misterio en el que los hombres no ven gota; el velo que la naturaleza ha puesto ante nuestros ojos es demasiado tupido para que podamos penetrarlo".

Para Beraldo "los médicos saben expresarse lucidamente en buen latín, saben decir en griego el nombre de todas las enfermedades, definirlas, clasificarlas...; de lo único que no saben una palabra, es de curar". A lo que Argan argumenta que, al menos, en esta materia saben más que nosotros...

"Lo saben, hermano, pero eso no cura; toda la excelencia de su arte reside en un pomposo galimatías y una engañosa locuacidad que da palabras por razones y promesas por hechos", apunta Beraldo. Recurrir a los médicos es "síntoma de la flaqueza humana, no de la efectividad del arte".

"Cuando se está enfermo lo mejor es no hacer nada, guardar reposo y dejar que la misma naturaleza, paulatinamente, se desembarace de los trastornos que la han invadido. Nuestra inquietud, nuestra impaciencia es lo que lo echa todo a perder; y puede decirse que la mayoría de las criaturas mueren de los remedios que les han suministrado y no de las enfermedades", afirma Beraldo.

"Cuando un médico habla de ayudar, de socorrer, de aliviar a la naturaleza; cuando dice de quitarle lo que le sobra o de suministrarle lo que le falta; de restablecer la facilidad de sus funciones; de limpiar la sangre; de atemperar las entrañas y el cerebro; de reducir el bazo, normalizar el pecho, reparar el hígado, fortificar el corazón; restablecer y conservar el calor natural...; de secretos, en fin, para prolongar la vida, no hace sino narrar la novela de la medicina; dentro de la verdad y la experiencia, no encontramos comprobación ninguna; es, como esos sueños deliciosos que no dejan al despertar más que la tristeza de haber creído en ellos".

Pero la crítica de Beraldo se centra en particular en la dócil creencia que tiene Argan en los médicos: "Cualquiera que te escuche creerá que Purgon tiene en sus manos el hilo de tu vida y que con un poder sobrenatural te la puede alargar o acortar a tu antojo. Recapacita, tu vida está en ti mismo, y en que las amenazas de Purgon son tan inútiles como sus medicinas. Se te presenta una magnífica coyuntura para librarte de los médicos y si has nacido con tanto impedimento que no puedes pasarlo sin ellos, te será fácil encontrar con cual de ellos corras menos peligro".

Para terminar, Beraldo le dice a Argan que él no se dedica a combatir la medicina, pero su propósito es sacarlo del error de convertirse en juguete de sus médicos y lo invita para distraerse, a ver una comedia de Molière, precisamente, sobre ese tema. La última idea de Beraldo es sugerirle a Argan que él mismo se convierta en médico, lo que "sería la mejor solución, porque así tendría todo en sus manos".

Argan acepta, y el último acto de la comedia es una ceremonia en la cual, entre versos, cantos y danzas, se hace la proclamación de un médico.

La presencia cubana en Venezuela tuvo como pretexto inicial el envío masivo de médicos, lo cual es hoy el modelo de intervención con el que Fidel Castro ha reemplazado el de los comandos guerrilleros.

El teniente-coronel Hugo Chávez informó a su regreso de Cuba que Fidel Castro fue quien le detectó y diagnosticó su enfermedad, hasta ahora ignorada, convirtiéndose de hecho en su médico.

La temática de la obra de Molière es de una actualidad sorprendente en Venezuela.

 


Una versión de este artículo fue publicado en la revista Zeta.

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