Viernes, 15 de Diciembre de 2017
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Francia-México

La sinrazón de Sarkozy

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¿No hay una causa más respetable en el mundo que la defensa obsesiva de una francesa de 36 años, Florence Cassez, que se enamoró de un secuestrador y paga hoy, en una cárcel de México, las consecuencias de sus malas compañías? Pues parece que no, desde la perspectiva del presidente francés, que ha concentrado en ese caso toda su energía de justiciero. Cueste lo que cueste, Nicolas Sarkozy está empeñado en que su compatriota cumpla su pena en Francia "por razones humanitarias", pese a la oposición de las autoridades mexicanas, que temen una maniobra para absolverla más adelante. Con su cruzada agresiva, el presidente ha dañado las relaciones diplomáticas bilaterales y, si nadie le para los pies, estaría dispuesto a sacrificar también los 360 actos culturales y científicos programados en 2011 para el Año de México en Francia.

La primera víctima de Sarkozy es, sin embargo, su protegida. La prepotencia francesa ha irritado a la sociedad mexicana, agobiada por la criminalidad, y ha creado un clima poco propicio para la búsqueda de una solución aceptable para ambas partes. No cabe la menor duda de que el trabajo de la policía y del ministerio público estuvo plagado de irregularidades, como ocurre tantas veces en México. Además, varias víctimas del novio secuestrador han modificado sobre la marcha sus testimonios en un sentido mucho más desfavorable para Florence Cassez. A pesar de todo, los tribunales han avalado la investigación y han sentenciado a la francesa a una pena de 60 años. ¿Se trata de un error judicial? ¿Ha sido una condena excesiva? Es posible. Pero las discrepancias entre países amigos no se solventan con declaraciones estridentes.

En lugar de proclamar urbi et orbi la inocencia de Cassez —¿sabe el presidente francés algo que los jueces mexicanos ignoran, o tiene pruebas de que hubo prevaricación en la elaboración de la sentencia?—, Sarkozy pudo haber escogido la vía de la diplomacia discreta para obtener el traslado de la presa a una cárcel francesa o, quizá, una revisión completa del proceso. La humildad, sin embargo, no va con él. Prefiere los gestos teatrales, que le llevan a portarse como un elefante en una tienda de porcelana y a ofender a los demás. Busca siempre su beneficio político, ya se trate de las enfermeras búlgaras detenidas en Libia —liberadas en 2007 a un costo altísimo— o de Ingrid Betancourt. Ahora, con Florence Cassez, piensa en su reelección en 2012 y espera mejorar su imagen, muy deteriorada en Francia. Incluso si no logra la repatriación de la condenada, Sarkozy siempre podrá decir que ha hecho todo lo posible para obtenerla.

El presidente francés no ha aprendido de su fracaso anterior, cuando movilizó a medio mundo para exigir la liberación de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, secuestrada durante más de seis años por la guerrilla colombiana. La intervención emotiva de Sarkozy en el asunto de la franco-colombiana contribuyó a prolongar su cautiverio. Cuando supieron que su rehén suscitaba tanto interés en París, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) subieron el precio de la "joya", como empezaron a llamarla en sus correos internos. Las presiones del Gobierno francés sobre Bogotá para que cediera a las exigencias descabelladas de las FARC tensaron las relaciones entre los dos países y llevaron al presidente Álvaro Uribe a preparar en secreto un rescate militar, que París había rechazado de antemano. Fue una decisión muy arriesgada, pero hubo suerte: el Ejército sacó de la selva a Betancourt y a sus catorce compañeros en julio de 2008.

Tal y como ocurrió con Colombia, algunos sectores de la sociedad francesa empiezan a reaccionar contra la nueva obsesión de su presidente. Unos 140 catedráticos vinculados con México han firmado una carta abierta al Gobierno francés para expresar su malestar. Más contundente aún ha sido el director del Festival de Cine de Rennes, Eric Gouzannet, que ha rechazado la pretensión de Sarkozy de dedicar cada manifestación cultural del Año de México a Florence Cassez. "Ni nos lo planteamos. Haremos, en cambio, un homenaje a Jafar Panahi, el cineasta iraní retenido en su país".

Si Sarkozy dedicara a los miles de presos políticos en el mundo el 10% de la energía que ha invertido en Florence Cassez —ha recibido unas diez veces a sus padres en cuatro años—, podría aspirar al premio Nobel de la Paz. En cambio, si persiste en su cruzada insensata, se hará merecedor de una medalla al esperpento.

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