Lunes, 18 de Diciembre de 2017
22:49 CET.
Nuevas Tecnologías

La revolución Facebook

En apenas dieciocho días y sin recurrir a la violencia, los egipcios han conseguido la renuncia del dirigente más poderoso del mundo árabe, Hosni Mubarak. Estamos asistiendo a un fenómeno político sin precedentes, donde la juventud y las nuevas tecnologías asumen un papel preponderante en la lucha contra las dictaduras. La primera en caer fue la tunecina, hace menos de un mes, y no se sabe todavía cuál será la siguiente. Para los egipcios, sin embargo, lo más difícil está por llegar. El déspota se ha ido, pero el régimen militar sigue en pie y podría no respetar sus compromisos a favor de una transición democrática para preparar las primeras elecciones libres en ese país.

Cuando pase la euforia, dentro de pocos días, empezarán las sospechas: si el Ejército sacrificó a Mubarak para frenar la revolución, si los Hermanos Musulmanes (islamistas) sacarán provecho de la nueva situación o si algunos grupos turbios intentarán crear una situación de anarquía en el país. Llegarán luego las frustraciones ante la lentitud de los cambios y las enormes dificultades para mejorar la desastrosa situación económica de la mayoría de los 80 millones de habitantes. Todas las revoluciones han pasado por esos altibajos y muchas han terminado muy mal, como la soviética, la cubana, la nicaragüense o, del lado árabe, las múltiples asonadas supuestamente progresistas, empezando por el golpe militar de 1952 en Egipto.

A diferencia de esos acontecimientos históricos, todos marcados por la violencia, a veces extrema, la revolución en marcha en Egipto —también la tunecina— ha sido esencialmente pacífica. Han muerto unas 300 personas, es cierto, pero casi todas fueron víctimas de la represión desatada por el poder contra opositores que sabían mucho de internet y nada de armas. Si los activistas hubieran recurrido a la violencia, el Ejército hubiera tenido un excelente pretexto para arrasar con todo en la plaza Tahrir.

La historia del cibermilitante Wael Ghonim, de 30 años, ilustra la importancia de esos nuevos actores que hacen temblar las dictaduras árabes. A pesar de su alto cargo en la oficina de Google para Oriente Medio, con sede en los Emiratos, Wael fue secuestrado en plena calle a finales de enero por la policía secreta egipcia. Habían descubierto que, bajo el seudónimo de el shahid (mártir), ese egipcio había creado un perfil de Facebook para convocar, con mucho éxito, a manifestaciones contra la dictadura. Además, administraba una página en honor de Jaled Said, un joven bloguero asesinado por la policía en junio pasado en Alejandría.

Vale la pena ver la entrevista muy emotiva que Wael ha dado al canal privado egipcio Dream 2. Le invade la emoción y llora cuando recuerda los doce días pasados con los ojos vendados —"no fui torturado", asegura— en un lugar desconocido, donde recibió la visita de varios oficiales de la Seguridad del Estado. "Estaban totalmente convencidos de que éramos traidores, que recibíamos órdenes de fuera, que nos habían lavado el cerebro o que nos pagaban". Les explicó que tanto él como sus amigos actuaban por convicción y por "amor a Egipto". "Luchamos por nuestros derechos y por nuestro país. Al inicio no me creyeron, pero al final sí". Y lo soltaron.

Los argumentos de los policías egipcios son similares a los que esgrimen las autoridades cubanas para descalificar a los disidentes, que sólo pueden ser "traidores" y "mercenarios". No es casualidad. En las dictaduras no hay espacio para una oposición digna y patriótica. Sólo que Cuba está a años luz del mundo árabe en el uso de internet y el castrismo ha dejado claro que hace todo lo posible para no ceder este terreno a sus adversarios. Como lo demuestra un video atribuido a la contrainteligencia castrista que circula por internet, el régimen cubano dedica muchos esfuerzos a sabotear y denigrar el trabajo de los blogueros independientes.

Es, sin embargo, una batalla perdida, porque las nuevas tecnologías rompen cada día más barreras. Por eso los saltos de alegría de la cubana Yoani Sánchez vía twitter cuando supo que Mubarak, por fin, se había rendido ante un movimiento popular iniciado por la generación Facebook. Ahora sí, tenemos la prueba de que las nuevas tecnologías son unas herramientas para luchar contra las dictaduras. Pero no son nada si no hay detrás unos valientes que se atreven a levantar la voz y a exigir la jubilación de sus ancianos dictadores.

 

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