Domingo, 17 de Diciembre de 2017
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Estados Unidos

No ignorar las voces crecientes

Los hispanos son la minoría más populosa en Estados Unidos. De acuerdo con cifras del censo, los votantes latinos son tres veces más influyentes en los estados que obtendrán escaños en el Congreso que en aquellos que los perderán.

En la pasada década, la población estadounidense creció un nueve por ciento, y aproximadamente la mitad de ese crecimiento se atribuye a los hispanos. De los 48,4 millones de latinos, más de 20 millones son votantes. El resto está compuesto por 15,5 millones que, aunque ciudadanos de EE UU, son demasiado jóvenes para votar, y aproximadamente 13 millones de diversas edades que no poseen nacionalidad estadounidense.

Desde el año 2000, seis millones de hispanos han entrado en el rango de los votantes potenciales, lo cual constituye una proporción de más de cuatro de cada cinco nacidos en el país que han cumplido 18 años. Con la excepción de los cubanoamericanos, los latinos tienen las mayores tasas de natalidad de toda la población estadounidense. Y, previsiblemente, el electorado hispano continuará creciendo en el futuro. Incluso en los estados que han perdido escaños en la Cámara, el crecimiento de la población latina puede conseguir, a corto plazo, rectificar tales pérdidas.

Los políticos que no prestan atención al electorado latino —como el demócrata Alex Sink en las elecciones para gobernador de Florida en noviembre pasado— o que no abordan justamente los temas de inmigración —como es el caso de muchos republicanos en el Congreso—, tarde o temprano pagan las consecuencias.

En 2010, los candidatos republicanos hispanos tuvieron un éxito sin precedentes en las urnas. Solo el estado de Florida contaba con el precedente de haber elegido a latinos de centroderecha (en su mayoría cubanoamericanos) a los principales cargos políticos. El 112 Congreso ha añadido cuatro nuevos latinos republicanos: dos en Texas, uno en Washington y uno en Idaho. Brian Sandoval y Susana Martínez ganaron, respectivamente, las gubernaturas de Nevada y Nuevo México.

El Partido Republicano tiene todo el derecho a estar complacido con estos resultados. Sin embargo, también ha de preocuparse, pues el electorado latino continuó prefiriendo a los candidatos demócratas, en proporción de dos a uno, en 2010. Luego de las elecciones de noviembre, Adam Mendelsohn, estratega republicano en California, consideró: "Hemos perdido las elecciones en todo el Estado, porque hemos perdido a los votantes latinos. Recibimos cada vez mayor población latina, y los republicanos tienen que ser conscientes del coste de la retórica dura".

La mayoría de los latinos toman como una afrenta personal el discurso republicano contra los extranjeros indocumentados. Valga como ejemplo lo ocurrido a propósito de la Dream Act —un esfuerzo bipartidista y de sentido común— cuya aprobación se frustró en la última sesión del Congreso, pese a que la mayoría en la Cámara y el Senado votaron a favor de ella. Cayó, sin embargo, cuando "solo" 55 senadores la aprobaron, resultando insuficientes para superar el bloqueo de la ley.

En diciembre, el senador republicano Jim DeMint se opuso a la Dream Act afirmando: "No podemos premiar el comportamiento ilegal con ciudadanía, empleo, derechos de voto, educación o prestaciones de la Seguridad Social''.

No importaba que los beneficiarios de tal ley fueran menores de 15 años traídos ilegalmente a EE UU por sus padres. ¿Desde cuándo los niños son considerados responsables de los pecados de sus padres o madres? La Dream Act no emitiría una amnistía general ni atraería a otros jóvenes extranjeros a entrar ilegalmente a Estados Unidos. Pues para cosechar los beneficios de la ley, los solicitantes debían encontrarse ya en territorio estadounidense y cumplir con los criterios estrictos durante un período de seis años. Y, de no hacerlo así, no se les ofrecería nada.

Encarar el problema de la inmigración como un todo parece, a corto plazo, improbable. Esa es otra razón por la cual el fracaso de la Dream Act resulta tan lamentable. Pues, de haber sido aprobada, la legislación temporal sobre temas complejos suele ser un primer paso en la dirección correcta.

En lugar de ello, muchos políticos republicanos están planteando la posibilidad de la abolición de la ciudadanía por nacimiento, implantada por la 14 Enmienda de la Constitución norteamericana. Esa voluntad de negar a los hijos nacidos en Estados Unidos de padres indocumentados el derecho a ser ciudadanos estadounidenses no obra a favor de una solución al problema de la inmigración y consigue disminuir el legado de inclusión de nuestra democracia.

Los políticos republicanos sostienen a menudo que los hispanos son republicanos, solo que aun no tienen conocimiento de ello. Sin embargo, es evidente que no llegarán a serlo hasta que los políticos republicanos no cambien su tono y sus planteamientos en materia de inmigración. Entretanto, hacia el año 2015 los latinos se encontrarán a punto de superar a los anglos como grupo mayoritario en Texas. Y los republicanos tendrán que trabajar duro para conservar ese estado en la elección presidencial de 2016.

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