Lunes, 11 de Diciembre de 2017
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Nicaragua-Costa Rica

Turbulencias en el río San Juan

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Daniel Ortega está dispuesto a hacer cualquier cosa para perpetuarse en el poder. Primero, manipuló la Constitución para poder presentarse a la reelección en 2011 y, ahora, intenta conseguir el apoyo de los votantes nicaragüenses por medio de un conflicto fronterizo con su vecino costarricense. Recurre así a la vieja táctica de inventarse un enemigo externo para alentar el patriotismo y atribuirse el papel de defensor de la soberanía nacional. Con eso cree que puede detener el descalabro de su popularidad. Es la única carta que le queda y parece dispuesto a usarla, con el apoyo político y financiero de su amigo Hugo Chávez.

Todo empezó a raíz de la decisión de Managua de dragar un pequeño tramo del río San Juan, que marca la frontera entre los dos Estados. La orilla norte y el río propiamente dicho pertenecen a Nicaragua, pero Costa Rica tiene derecho de navegar en esas aguas. El problema surge a finales de octubre, cuando San José acusa a su vecino de echar los sedimentos del dragado al otro lado de la frontera y de talar árboles en territorio costarricense. Una familia de campesinos "ticos" denuncia el acoso de militares nicaragüenses, que acampan ilegalmente en sus tierras y plantan su bandera nacional. El conflicto está servido.

Se desata entonces una guerra de comunicados entre ambas cancillerías para reivindicar la soberanía sobre la pequeña isla Calero, situada cerca de la desembocadura del río San Juan en el Atlántico. Es una zona tropical con muy poca población, pero con gran valor para el turismo ecológico.

Según San José, la frontera "está claramente definida por el tratado Cañas–Jerez de 1858, el laudo Cleveland de 1888 y los laudos Alexander. No existen diferencias jurídicas sobre este tema. Las últimas diferencias existentes, en torno al uso de las aguas del río San Juan (que pertenece a Nicaragua), fueron clarificadas por la Corte Internacional de Justicia en 2009". Managua no impugna esos acuerdos, pero les da otra interpretación y se apoya en un mapa de Google Earth que sitúa la isla Calero en territorio nicaragüense. Google ha reconocido, sin embargo, que se trataba de una "inexactitud".

Lo más chocante en ese asunto no es tanto la interpretación que hace Managua de los tratados, sino su actuación, como si hubiera una intención deliberada de provocar un incidente fronterizo. Meses antes de que empezara el dragado, San José había solicitado a Managua "detener las obras" y entregarle "los estudios para demostrar que no tendrían impacto sobre territorio costarricense". No hubo respuesta.

Ante el hecho consumado y la "clara intervención militar, que viola el derecho internacional y pone en riesgo la estabilidad y la paz de Centroamérica y el Caribe", Costa Rica ha recurrido a la Organización de Estados Americanos (OEA). El organismo ha adoptado una resolución, el 12 de noviembre, a favor del diálogo entre las dos partes y ha pedido el repliegue de las fuerzas de seguridad fuera de la zona en litigio (San José no tiene Ejército desde 1948, pero sí una policía bien pertrechada).

Las recomendaciones de la OEA han desatado la ira de Daniel Ortega, que ha denunciado "una conspiración encabezada por Colombia" y apoyada por los países "tomados por el narcotráfico", desde México hasta Panamá. ¿Por qué tanta agresividad? En río revuelto, ganancia de agitador profesional. Y nunca mejor dicho en el caso de Ortega, cuya larga carrera política se debe a su talante pendenciero. Esa estrategia de alta tensión parece tener por lo menos dos objetivos: amedrentar a sus adversarios internos y descalificar a la OEA.

El líder sandinista pone en un brete a la oposición, que, por temor a ser acusada de traición, no se ha atrevido hasta ahora a criticar su gesticulación patriotera. Y, en cuanto a la OEA, ya muy desgastada por sus fracasos en otros escenarios, especialmente la crisis hondureña del año pasado, se trata de dar la estocada final a ese "engendro del imperialismo yanqui" que se atreve a fiscalizar los procesos electorales de sus miembros. Ortega echa así una mano a Hugo Chávez, que está empeñado en crear un nuevo organismo interamericano afín a su revolución bolivariana.

La belicosidad de Ortega podría tener una lectura más. Desde 2007 circulan rumores sobre grandes proyectos de inversión en Nicaragua de parte de Irán, en asociación con Caracas. Se habla de la construcción de un puerto en la costa Atlántica y de un muy improbable canal interoceánico que haría competencia a Panamá. El dragado del río San Juan, financiado por Venezuela, sería el primer paso hacía una implantación estratégica muy preocupante para los vecinos.

 

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