Martes, 12 de Diciembre de 2017
01:53 CET.
Opinión

La herencia de Moratinos

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No creo equivocarme al afirmar que la peor herencia que ha dejado el ex ministro de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, a su sucesora en el cargo, Trinidad Jiménez, tiene mucho que ver con las relaciones con el régimen comunista de La Habana.

Moratinos deja el ministerio habiendo desarrollado con el castrismo la peor política posible con una dictadura que se niega a dejar de serlo. Y lo que es peor, en un intento infértil de quedar bien con todos los sectores implicados en el drama político cubano, no ha conseguido otra cosa que despertar una animadversión en todos y cada uno de ellos, sin que ninguno se sienta especialmente satisfecho del balance final.

Tampoco ha sido capaz de recuperar para España el respeto que merece en Cuba, como nación democrática, respetuosa de los valores del pluralismo político, de los derechos humanos, y con una profunda vocación europea.

Moratinos no ha ejercido el liderazgo necesario para hacer llegar las posiciones españolas en la Isla, inmersa en una dinámica económica enloquecida que no tiene parangón en país alguno del mundo, y que Raúl Castro califica como una “batalla”.

Difícilmente los sectores de la oposición pueden sentir simpatía por alguien que ha decidido abiertamente suspender cualquier contacto oficial para evitar el malestar de la cúpula dirigente. Del mismo modo, la nomenclatura comunista y sus poderosos intereses económicos, tampoco ha quedado satisfecha de las gestiones realizadas por el ex canciller para defender en los foros internacionales los cambios en Cuba. Es posible, incluso, que con esta caída en picado, Moratinos no consiga alguna de las promesas que, ocultamente, pudo recibir de Cuba en esos espacios internacionales en los que el régimen todavía desempeña algún papel, llámese no alineados de Naciones Unidas.

Tiempo habrá para comprobar futuras carreras política de Moratinos, pero no cabe duda que el régimen castrista, generoso con los que se empeñan en defender las virtudes del paraíso creado por la denominada “revolución” en la Isla, no suele implicarse a fondo con aquellos que no sirven sus intereses, más bien, suele actuar de forma implacable y vengativa.

En tales condiciones, lo único que cabe esperar es que Trinidad Jiménez cambie de estrategia y de táctica con el régimen castrista. Han sido varias las ocasiones en las que Jiménez ha mostrado una visión de la realidad del régimen muy diferente a la de su antecesor. Ojalá comprenda la importancia que tiene para la causa de la libertad y la democracia en Cuba un papel activo y reivindicativo de España. Los que sufren persecución, prisión, hostigamiento y represión en la Isla estarán esperando un gesto de la ministra.

En suma, al abrir la herencia de Moratinos, una sola palabra para dejar bien claro de qué lado están los demócratas españoles, sería suficiente. En Cuba, los que están con nosotros, recuperarían su fuerza para continuar la lucha difícil que mantienen contra sus opresores. Sé que hay que darle tiempo a la ministra, pero es el momento de trasladar un mensaje muy claro a los demócratas cubanos, y por ende, al régimen.

Sería conveniente que Trinidad Jiménez se dejase informar y asesorar de forma adecuada sobre la mejor política hacia Cuba, toda vez que se constata el fracaso de Moratinos. Sin necesidad de explicitar los errores de su antecesor, Jiménez debería ser consciente que, por ejemplo, la excarcelación de presos tiene mucho más que ver con un proceso creciente de protestas sociales internas, desatado tras la muerte en prisión de Orlando Zapata el 23 de febrero de 2010; con la huelga de hambre del premio Sajarov, Guillermo Fariñas; y la participación activa de la movilización social encabezada por las Damas de Blanco, que con el papel desempeñado por Moratinos.

Que aun cuando le cueste defenderlo a nivel político, la estrategia diseñada por el gobierno de Aznar, que contó con el apoyo de todos los países de la Unión, es la mejor acción coordinada para luchar contra la dictadura castrista desde Europa. Por supuesto que se puede mejorar su eficacia, pero no suprimirla, eliminarla o adulterarla, porque esas prácticas de su antecesor, carecen del apoyo de los demócratas del Este de Europa, de Alemania, Inglaterra y Francia, que no ven con buenos ojos un acercamiento a un régimen de sátrapas comunistas que ya no tienen apoyo ni referencia internacional alguna.

También debería observar la ministra cómo el presidente Obama, desde Estados Unidos,  advierte sobre la ausencia de “cambios reales” en Cuba, y por ello, considera necesario mantener una política que tiene una determinación muy clara a favor de las libertades, el respeto a los derechos humanos y la democracia en la Isla.

Está, por último, la cuestión de los empresarios españoles en Cuba. Muchos de ellos se declaran arrepentidos de haber invertido en un régimen político que carece de viabilidad financiera y que retrasa o dificulta la repatriación de beneficios a las casas centrales. Poco o casi nada ha podido hacer la diplomacia de Moratinos por defender sus intereses de la voracidad castrista de pretender controlarlo todo. Ahí tendrá que emplearse a fondo la nueva política, pero sin estridencias, mejor planificada y dirigida. En Cuba, algo se mueve en lo económico, y la cuestión es permanecer atentos.

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