Lunes, 11 de Diciembre de 2017
23:52 CET.
Venezuela

La advertencia de Chávez

Archivado en

El éxito de la oposición venezolana en las elecciones legislativas del pasado domingo ha desatado la furia de los partidarios de Hugo Chávez, que amenazan con "tomar la calle" para defender y "profundizar la revolución". La advertencia va en serio. Desde ahora, los chavistas mandan el mensaje de que no permitirán una victoria de sus adversarios en los comicios presidenciales de 2012.

¿Por qué tanta bulla, si el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ha obtenido la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, con 97 de los 165 escaños? Los chavistas querían más. Sabían que no podían repetir el "carro completo" de las elecciones anteriores, en 2005, cuando la oposición decidió no presentar candidatos y cometió el error de dejar todo el terreno al oficialismo. Se habrían conformado con los 2/3 o, incluso, las 3/5 partes del Parlamento, esa mayoría calificada que permite gobernar en solitario. Ni eso consiguieron. Están escocidos y saben que se les van a complicar las cosas. Ya no podrán legislar a su antojo y sin tomar en cuenta el creciente rechazo popular al "socialismo del siglo XXI".

Chávez tiene motivos para preocuparse. Su partido se ha adjudicado casi el 60% de los escaños, es cierto, pero con apenas el 48,9% del sufragio popular. Esa diferencia se debe a una nueva ley electoral que da proporcionalmente más diputados a las regiones rurales, donde domina el PSUV. No ocurriría lo mismo en una elección presidencial, donde gana el candidato que más votos recibe en todo el país. ¿Qué pasaría en 2012 si el candidato Chávez obtuviese menos del 50% de la votación? Perdería la elección y se acabaría la revolución bolivariana. Y esto, claro, no figura en sus planes. El autoproclamado heredero de Simón Bolívar necesita perpetuarse en el poder para llevar a cabo un proyecto que incluye, entre otras entelequias, la reunificación de América Latina.

Por primera vez desde que llegó al Palacio de Miraflores, a través de las urnas en 1999, el caudillo está en apuros. Había ganado holgadamente todas las consultas electorales —doce en once años—, menos el referéndum de 2007 sobre una amplia reforma constitucional, que perdió por las mínimas (el 50,7% fue para el no). La segunda advertencia le llegó con los comicios regionales de 2008, cuando la oposición ganó las gobernaciones en cinco estados importantes y la alcaldía metropolitana de Caracas, pero el chavismo arrasó en el resto del país. Y, ahora, con la creación de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), que aglutina a más de treinta partidos y tendrá 65 escaños en el Parlamento, la oposición ha dado los primeros pasos para presentar un candidato único en 2012. Hace veinte años, los sandinistas, que parecían invencibles, fueron derrotados en Nicaragua por una coalición similar que, por cierto, recibió el apoyo político y financiero del entonces presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez.

Chávez tiene dos años por delante para intentar recuperar el liderazgo que le ha permitido mantenerse en el poder por más de una década. El desastre económico al cual está llevando el país, el derroche de la enorme riqueza petrolera en dádivas para sus aliados ideológicos en el continente y su inacción absoluta ante una criminalidad desatada, que hace de Caracas la ciudad más violenta del mundo, le han hecho perder mucho apoyo en las clases populares. En lugar de corregir sus errores, lo más probable es que el caudillo bolivariano decida cambiar las reglas del juego, recurra al fraude o posponga las próximas elecciones.

No hay que olvidar de dónde viene Chávez. Su primera actuación política fue un fallido golpe de Estado, en 1992, que lo llevó a la cárcel. Como lo cuentan dos periodistas venezolanos, Cristina Marcano y Alberto Barrera, en un libro magistral publicado hace cuatro años (Hugo Chávez sin uniforme), fueron sus amigos quienes lo convencieron de buscar el poder por la vía electoral. Siguió el consejo, pero por puro pragmatismo, sin ninguna convicción personal, como lo confirman su desprecio absoluto por los opositores —los "escuálidos"— y sus profusas declaraciones contra la democracia representativa y a favor de la democracia "participativa" de tipo cubano.

Mientras ganaba elecciones, Chávez cuidaba las apariencias. Ahora, es de temer que no podrá seguir ocultando al pequeño dictador que lleva dentro. Quizá sea mejor así. Las cosas serán más claras para todos y los venezolanos sabrán a qué se exponen si no se movilizan a tiempo contra el proyecto chavista.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.