Jueves, 14 de Diciembre de 2017
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Ecuador

¿Motín, golpe o autogolpe?

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La condición sine qua non para la existencia de un golpe de Estado es la toma del poder, o su intento. Fue lo que hicieron recientemente Roberto Micheletti y un grupo de militares hondureños cuando deportaron ilegalmente a Manuel Zelaya por unos delitos que debieron haber sido juzgados en su país.

¿Qué ha pasado en Ecuador? Centenares de policías y militares, descontentos con la Ley de Servicio Público, que prevé la eliminación de condecoraciones y beneficios salariales, tomaron la desafortunada decisión de rebelarse y agredir al presidente Rafael Correa, lo que originó un caos descomunal.

¿Son estos los síntomas de un golpe de Estado?

A partir de los intereses políticos y confrontacionales del eje bolivariano, o incluso desde la estulticia de José Miguel Insulza y Miguel Ángel Moratinos (que fueron los primeros en calificar los hechos de "intento de golpe de Estado"), todo vale para la radicalización del proceso.

Es cierto que los acontecimientos pudieron haber derivado en un golpe si sectores interesados hubiesen aprovechado la confusión para desplazar a Correa y nombrar un régimen de facto; pero los cuerpos con posibilidades reales de ello, el Ejército y la oposición, cuestionaron inmediatamente la sublevación. 

Incluso, el principal enemigo de Correa, el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, se puso de su lado y condenó la ruptura del orden.

En todo caso, si hubo algún peligro, fue de magnicidio o autogolpe. La justicia contará con pruebas elocuentes para acusar a los sublevados de atentado, pero será difícil alegar secuestro, porque, según los médicos que atendieron a Correa en el hospital de la policía, nunca lo hubo. El Presidente pudo abandonar la instalación y no quiso hacerlo.

La oposición y la prensa ecuatorianas han criticado la temeridad e insensatez de Correa, impropias de un gobernante responsable; pero es que todo ello forma parte del guión bolivariano basado en confrontar, tensar, romper y radicalizar.

Los fallecidos en la operación de "rescate" son responsabilidad directa de los rebeldes, por originar los incidentes violentos. Previsiblemente caerá sobre ellos el peso del código penal; pero si se demuestra que no hubo secuestro y sí mala fe al ordenar un operativo militar sangriento, el populista ilustrado cargará también con parte de las responsabilidades criminales.

¿Debió el presidente enfrentarse en los cuarteles a los sublevados o negociar en la sede del gobierno?

Quiso imitar el extemporáneo salto de Fidel Castro desde un tanque de guerra en Playa Girón, el milagroso retraso de su automóvil durante el asalto al cuartel Moncada o el paseo por el Maleconazo cuando ya todo había terminado.

El histrionismo pudo costarle caro.

Cadena de sin sentidos

En un régimen como el ecuatoriano, es previsible que el gobierno satanice a la oposición. Pero cómo se entiende que horas antes de la sublevación, el presidente valorara la disolución del Parlamento, porque incluso en su propio partido latían profundas divergencias sobre la Ley de Servicio Público. ¿También hay golpistas en las filas de Alianza País?

La historia reciente de Ecuador es cruenta. Las protestas que en 2005 sacaron del poder a Lucio Gutiérrez, otro populista, fueron apoyadas en su momento por el propio Correa. Antes, en el año 2000, Gutiérrez, los indígenas y el Ejército dieron un golpe militar al presidente constitucional Jamil Mahuad. A lo largo de esta cadena de violencia y sinsentido, ¿quién mencionó antes el "golpe de Estado"?

En 2006, cuando aún marchaba en el segundo lugar de las encuestas presidenciales, pregunté en Madrid a Rafael Correa qué opinaba de la caída de presidentes, electos democráticamente, mediante revueltas populares.

Correa respondió iracundo: "Democracia no es votar cada cuatro años, eso son elecciones. Democracia es que el mandante, el pueblo, entregue un mandato a través de las urnas al mandatario, que es el presidente. Si ese mandatario no cumple el mandato, tiene que irse a la calle. Y nosotros tenemos que mandar a la calle a cuanto presidente traidor haya".

Desde luego, las insurrecciones, las revueltas y los golpes de Estado son incompatibles con el orden democrático, sea quien fuere el presidente. El tribalismo no sustituye a las urnas, y Ecuador sólo despegará cuando lo entienda.

Rafael Correa debe releer sus propias tesis políticas y elaborar conclusiones. Que tenga cuidado con lo que pide, porque puede que se le cumpla...

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