Lunes, 11 de Diciembre de 2017
10:25 CET.
Colombia

El último pulso de Uribe

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El presidente Álvaro Uribe no podía terminar su mandato, el próximo 7 de agosto, sin echarle un último pulso a Hugo Chávez. Lo hizo el pasado jueves en una tensa reunión en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington, donde el representante colombiano pidió la creación de una comisión internacional para que verifique la existencia en Venezuela de 27 campamentos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Ahí, Bogotá presentó las pruebas gráficas de la complicidad de Caracas con la guerrilla colombiana y, como era de esperarse, la respuesta fulminante de Chávez ha sido la ruptura de las relaciones diplomáticas entre los dos países "hermanos".

Todo esto ocurre en un momento delicado tanto en Colombia como en Venezuela. Chávez enfrenta unas elecciones legislativas complicadas dentro de dos meses y Uribe quiere dejar las cosas bien atadas antes de entregar el poder a su sucesor, Juan Manuel Santos, que fue su ministro de Defensa. Después de ocho años de enfrentamiento bilateral, había señales de una voluntad de normalizar las relaciones entre los dos países. Santos había invitado a su toma de posesión a Chávez, que había aceptado encantado. Ahora, el líder bolivariano está convencido —o finge estarlo— de que Uribe no consultó a Santos antes de presentar su denuncia ante la OEA, lo que confirmaría la tan cacareada ruptura entre los dos hombres.

Me divierto mucho —quizá me arrepienta más adelante, si los hechos me desmienten— con los sesudos análisis que lamentan, unos, o celebran, otros, el divorcio entre el presidente saliente y su heredero ideológico. "¿Fin de la luna de miel?", se pregunta en su portada la excelente revista colombiana Semana en su edición más reciente. Uribe y Santos están peleados, machacan los columnistas de aquí y de allá. Santos ha "traicionado" a su mentor, dicen. ¿Las pruebas? El presidente electo ha escogido para su Gobierno a varias personalidades que fueron críticos con el actual mandatario, se ha reunido con la Corte Suprema de Justicia, que estaba duramente enfrentada con Uribe y, peor aún, había invitado a Chávez a la Casa de Nariño.

Desde el inicio, aseguran los analistas, Uribe se ha dedicado a "sabotear" los intentos de Santos de hacer las paces con Caracas. Por eso, dicen, acaba de "desempolvar" esas "viejas" fotografías tomadas a los guerrilleros de las FARC y a sus dirigentes en Venezuela (en realidad, algunas de ellas datan del mes pasado). Es el momento de cambiar una estrategia que ha tenido un costo económico altísimo (la caída de las exportaciones colombianas a Venezuela, de 6 mil millones a mil millones de dólares, habría provocado la pérdida de unos doscientos mil empleos).

Démosle una oportunidad al diálogo con ese vecino incómodo, sugieren los partidarios del apaciguamiento. Como si Chávez estuviera dispuesto a sacrificar su alianza estratégica con una organización que se ha sumado a su proyecto bolivariano de extender a todo el continente la "revolución del siglo XXI". Y Colombia es un eslabón clave para sus aspiraciones: por motivos históricos —terminar la obra inconclusa de Bolívar, que quiso unificar a los dos países— y porque sueña con sacar de allí a los asesores militares "yanquis" que apoyan al Ejército colombiano en sus operaciones contra el narcotráfico y la guerrilla.

El líder bolivariano quiere aprovechar los deseos de paz de los colombianos y las supuestas desavenencias entre Uribe y Santos. El pacto tácito con el presidente electo podría ser el siguiente: olvidémonos de los campamentos de las FARC (Chávez justificará su existencia por motivos humanitarios) y, a cambio, habrá de nuevo relaciones comerciales y diplomáticas entre los dos países.

Lo va a tener crudo con Santos, que acaba de recordar públicamente su "vínculo indisoluble" con Uribe y su compromiso por continuar su obra. "Quiero decirles a quienes nos quieren distanciar que se van a quedar con los crespos hechos", ha rematado. Hay que tomar esas declaraciones al pie de la letra. Santos ha sido y sigue siendo parte del proyecto político de Uribe. Cuando fue su ministro de Defensa, asestó a la guerrilla los golpes más contundentes jamás recibidos por las FARC en sus casi 50 años de existencia. Ha sido, además, un crítico acérrimo de Chávez, que no dudó en vaticinar una guerra regional si Santos llegaba a ganar las elecciones del pasado 20 de junio.

"La mejor contribución que podemos hacer es no pronunciarnos", declaró Santos cuando se le preguntó qué opinaba sobre la denuncia ante la OEA. Sólo le faltó darle las gracias a su ex jefe por el gran favor que le acaba de hacer al limpiarle la mesa antes de tomar posesión del cargo.

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