Viernes, 15 de Diciembre de 2017
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Colombia

El éxito de Santos puede afianzar el legado de Uribe

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No fue la inauguración que Álvaro Uribe había deseado. En marzo, la Corte Constitucional de Colombia le denegó la posibilidad de presentarse candidato a un tercer mandato; así, el 7 de agosto presenció la segunda mejor alternativa: Juan Manuel Santos juró el cargo de presidente. En su discurso de investidura, Santos llamó a Uribe un líder “genial e irrepetible”.

No se pueden negar los éxitos de Uribe. Si en 2002 las FARC controlaban casi un 50% del territorio de la nación, hoy en día el gobierno tiene el control completo. Unos 30.000 paramilitares —contratados por los terratenientes para lucha contra las guerrillas— han depuesto las armas. La economía de Colombia ha crecido como la espuma impulsada por la inversión extranjera. Y lo más importante, los colombianos han recobrado la confianza en su gobierno.

Santos debe su victoria a su predecesor. Bajo la rúbrica “Gracias, Presidente Uribe”, la página web oficial publica un video de Uribe invitando a los visitantes a mantenerse en contacto. No obstante, Santos tiene su propia visión política, que apunta a ayudar al 45 por ciento de la población que vive en la pobreza, a restaurar la independencia judicial y a mejorar las relaciones de Colombia con sus vecinos.

Hace unos días, Santos y Hugo Chávez se encontraron en Santa Marta, Colombia. Ambas partes habían moderado sus expectativas, pero al final, los dos presidentes acordaron restablecer las relaciones diplomáticas.

Chávez aseguró a Santos que las FARC no cuentan con un refugio en Venezuela. Al mismo tiempo, apenas mencionó la constante fuente de tensión con Uribe, el acuerdo de Colombia con Washington para permitir el acceso de las fuerzas armadas de EE UU a siete bases militares colombianas. (A finales de julio, un informe jurídico que afirma la inconstitucionalidad del acuerdo fue presentado ante la Corte Constitucional, cuyo veredicto se espera en breve).

Santos y Chávez acordaron desarrollar y afianzar la región fronteriza. Inversiones sociales en la comunidades más necesitadas de ambos lados, un proyecto de infraestructura que permita a Venezuela el acceso al Pacífico y una comisión de seguridad para patrullar conjuntamente la zona son, en su conjunto, un buen comienzo. En cualquier caso, Colombia y Venezuela tienen que trabajar día a día para mantener un “diálogo transparente, directo y respetuoso” si se van a establecer relaciones beneficiosas para los dos países.

Ambos líderes no podrían ser más diferentes en estilo y sustancia, sin embargo, si sus respectivos electorados lo deciden, ambos podrían seguir en el poder hasta 2018. Chávez ha declarado su intención de presentarse en 2012 para otro mandato de seis años; a Santos supuestamente no le importara presentarse de nuevo a la reelección en 2014. Jugar la carta de una política internacional práctica es mejor que la confrontación a base de ases en la manga.

Por su parte, los venezolanos están cansados de la facilidad de Chávez para usar la amenaza de una guerra en cuanto hay un revés. Ambos países se beneficiarían de un comercio bilateral revitalizado. Colombia quiere recuperar los 800 millones de dólares que Venezuela debe a exportadores colombianos. La renovación de las relaciones comerciales beneficiaría especialmente a los comerciantes y a las comunidades situadas a ambos lados de la frontera.

La economía es la máxima prioridad de Santos, en especial mantener el crecimiento económico. Fomentar las exportaciones agrícolas a Venezuela y a cualquier otro lugar es fundamental, pero también lo es una reforma agraria que devuelva a los campesinos desplazados por la guerra a sus tierras. Una batalla legal de grandes dimensiones se cierne sobre el horizonte. “Estoy comprometido con aquellos que no tienen nada y están hartos de esperar,” dijo Santos a los colombianos.

Santos y Uribe también difieren en estilo y sustancia. Su nombramiento de un ministro de Justicia, que se enfrentó a Uribe por limitar la libertad del poder judicial, señala respeto a la separación de poderes.

También es bienvenida la declaración del nuevo gobierno sobre “principios y valores”, una crítica levemente velada a los escándalos de corrupción bajo el gobierno de Uribe. Santos es un líder que respeta las instituciones; Uribe, un populista que a veces actuaba como si el fin justificara los medios.

De Santos y Chávez se ha dicho que están en los extremos del espectro político. Si con eso se quiere decir que Chávez es un autócrata que gobierna siguiendo una misión personal, sin preocuparse de lo que les cuesta a los venezolanos, y Santos un demócrata que pone la mejoría material de los colombianos en el centro de sus prioridades, es cierto. Pero no parece que ese sea el significado que se quiere implicar.

Juan Manuel Santos, un socialdemócrata, apoyó a Uribe cuando el riesgo de un Estado fallido era una presencia amenazante en el horizonte colombiano. Defender la nación no es un problema de izquierda o derecha. Fortalecer el Estado de derecho y cumplir con los pesos y contrapesos en el ejercicio del poder son imperativos democráticos.

Si Santos tiene éxito, el legado de Uribe quedará afianzado. Al poner énfasis en la democracia mientras se avanza en términos de prosperidad y seguridad, Santos puede bien asegurarse un puesto de honor en la historia de Colombia.

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