Lunes, 18 de Diciembre de 2017
09:34 CET.
Sociedad

Feministas machistas fidelistas

Muy raro espécimen conforman las feministas cubanas adscritas al oficialismo. Para demostrar fidelidad al régimen (machista de raíz, por vocación y convicción), miran hacia otro lado cada vez que la policía política arrastra y patea públicamente a mujeres indefensas. O se mantienen frías y ajenas cuando en vez de sancionar con multas u otros correctivos a los extranjeros que viajan a la Isla en busca de puticas adolescentes, son estas las sancionadas, al tiempo que sus viciosos usufructuarios reciben impunidad oficial.

¿Cómo será visto en las quisquillosas instancias del feminismo internacional el comportamiento de feministas tan perjuras? ¿Qué pensarán, por ejemplo, sobre su silencio cómplice de estos días, mientras los esbirros del régimen impiden con abusadora saña que las Damas de Blanco asistan a misa los domingos? De paso, también sería interesante conocer qué piensa el Papa sobre esa muestra de salvaje violencia anticristiana, la cual, por demás, no parece inquietar mucho ni poco a la alta jerarquía de la Iglesia Católica en Cuba.

Entre simposios y foros se pasan la vida nuestras aguerridas feministas, haciendo gala de lo enteradas que están y lo resueltamente intransigentes que son respecto a la discriminación y a la violencia de género, tanto en el ámbito familiar como entre las parejas. Sin embargo, ignoran, o fingen ignorar que ellas mismas son víctimas, a la vez que serviles copartícipes, de la violencia institucional que aplica el régimen como método de dominio sobre mujeres y hombres.

Son impenitentes protectoras del Código de Familia y no se cansan de dar la lata con detalles menores como el llamado lenguaje inclusivo, con el que complican el idioma a través de simplezas tales como aquella de "cubanas y cubanos", "ciudadanas y ciudadanos"… Al tiempo que pasan por alto el cruel empleo de niñas y niños en mítines de repudio, organizados por la policía política para intimidar y agredir (con palabras y con hechos fieros) a las cubanas y cubanos que pacíficamente discrepan con las ideas políticas del régimen.  

Hace poco, celebraron un simposio en La Habana para discutir sobre la violencia de género, la prostitución, el turismo sexual y el tráfico de personas. Además de útil, habría sido iluminador (para ellas y para sus invitadas del feminismo internacional) que ahondaran en el detalle, tal vez sui géneris, de que en Cuba todos esos males están hoy condicionados especialmente por el poder político.

Es seguro que a la misma hora en que aquel hato de feministas machistas fidelistas desgranaba sus lecciones revolucionarias para el mundo —atrincheradas en cómodas butacas—, muy cerca, en las calles de La Habana Vieja o del Vedado, más de una doctora, ingeniera o maestra ejercía el jineterismo para paliar la bancarrota familiar. En tanto, otras muchas conciudadanas, profesionales o no, se aprestaban para atravesar a pie las selvas del sur de América, expuestas a la violencia de los coyotes, con tal de huir de las múltiples y omnipresentes manifestaciones violentas del régimen castrista.

Pero como en boca cerrada no entran moscas, nuestras aguerridas feministas continúan en lo suyo, matándolas calladas, en línea con esa premisa fascista según la cual lo determinante para la conducta de las personas en situaciones concretas no son tales situaciones, sino el modo en que se perciben e interpretan.

Y mientras el palo va y viene, sigue aumentando el número de domingos en los que las Damas de Blanco son cazadas en las calles para impedirles llegar hasta la Iglesia de Santa Rita, a rezar por la libertad de las cubanas y los cubanos.

Por cierto, alguna vez, al preguntarle a Berta Soler, líder de las Damas de Blanco, qué opinión le merece la actitud de las feministas oficialistas ante el régimen, y en especial su silencio de cara a la violencia física, las calumnias y el acoso a los que someten a estas mujeres indefensas, ella respondió: "El régimen cubano ha reprimido física y psicológicamente a la población, con métodos que incluyen hasta el control del empleo. La gente en Cuba tiene miedo, y a esta situación no escapan las mujeres. Por tanto, como no albergo odios ni rencores contra nadie, para aquellas mujeres que por miedo o complicidad no expresan una sola palabra de denuncia ante los abusos, calumnias, acosos y contra la violencia organizada que se ejecuta contra las Damas de Blanco, solo me queda recomendarles que tomen conciencia y se incorporen a la lucha por la libertad, la democracia y los Derechos Humanos en Cuba".

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Comentarios [ 5 ]

Imagen de Anónimo

me parece un artículo extremo si es condenable el abuso contra cualquiera que manifieste su libertad ideológica y de expresión también loable la participació social de las mujeres en muchas actividades y su preparación profesional en Cuba, no considero hipócrita los discursos de género y si que no se hable ,más de la discriminación en la familia y de su aun escasa inclusión en la vida institucional política decisiva del país

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a rezar por la libertad de las cubanas y los cubanos jajajajajajaja

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Muy bien por Bertha Soler!!! Sabias palabras.

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queremos nombres de esasa feministas

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Feminazis.