Domingo, 17 de Diciembre de 2017
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Opinión

De la nacionalidad a la ciudadanía

El pasado martes 2 de junio se celebró en la Sala Gran de la Universidad de Barcelona la segunda parte del ciclo de conferencias y debates Cuba Hoy, esta vez con la presencia de la bloguera Regina Coyula, el opositor político Eliecer Ávila y la artista y activista Lia Villares. Haber compartido mesa con ellos fue, sobre todo, la oportunidad de conversar con tres cubanos que han ido haciendo el muy meritorio camino desde la simple "nacionalidad" hacia la ciudadanía.

En esta época todos "somos" de algún país, y con el nacimiento casi siempre adquirimos también una nacionalidad. Ésta, a veces se porta como estandarte, a veces como marca, pero tiene siempre efectos determinantes en nuestras vidas; confiere algunos derechos, niega otros. Sin embargo y pese a su importancia, ser "nacional de..." no implica ninguna decisión consciente, ninguna acción voluntaria por parte de la persona que la ostenta.

La ciudadanía, por su parte, es otra cosa. La ciudadanía se ejerce. Implica la percepción consciente de estar participando de un modelo de vida en colectivo y la voluntad de influir en sus instancias de concertación y regulación. En otras palabras, implica hacerse cargo del lugar fundamental que uno ocupa como individuo en el sistema de relaciones que dan forma a una comunidad. En este caso se puede decir lo mismo que de las malas familias: la nacionalidad no se escoge, nos toca; lo único que podemos escoger es ser ciudadanos (o no).

Los tres invitados de este segundo bloque del ciclo Cuba Hoy tienen en común haber renunciado a ser no‐ciudadanos, algo que, como ellos mismos dijeron, es lo más seguro, lo más generalizado y lo más difícil de cambiar en Cuba. Como todos pudimos escuchar, lo han hecho por la razón más natural de todas: porque sintieron la necesidad de expresar su opinión personal. Con ello se opusieron, como individuos, a ser reducidos a ese "ser masa", que es el más paralizante de los efectos del discurso totalizador del Gobierno cubano.

Como decía Regina Coyula, cuando aparece el impulso de pensar diferente, se produce el primer clic que lleva al activismo político. Se comienza por decir en voz alta una opinión divergente, por escribir una reflexión en un blog o por hacer una pregunta incómoda a un alto cargo gubernamental, y se acaba poniendo en duda la unidad de "la santísima trinidad del modelo cubano: nación‐estado‐socialismo", santo y seña del discurso político oficial. De ahí a ser etiquetado como "contrarrevolucionario" o "mercenario" no va nada.

Lamentablemente, la estrategia oficialista de contrarrestar la oposición con ataques personales tiene más éxito del que cabría esperar. Una de las razones es el arraigo que tiene en Cuba una concepción de la política que se asemeja más a un combate trascendental entre el bien y el mal, que a un espacio de negociación más o menos pacífico. Así, en lugar de múltiples y complejos intereses que buscan resolver sus contradicciones, encontramos siempre dos contendientes irremediablemente enfrentados: "patriotas altruistas" contra "mercenarios envilecidos", "herederos del apóstol" contra "traidores".

En ese escenario solo son posibles dos tipos de posiciones, dos sets de roles políticos, uno de los cuales contiene todas las cualidades positivas y el otro todas las negativas. Traducido al lenguaje oficial esto quiere decir lo que más o menos todos sabemos, que en Cuba solo cabe ser revolucionario o contrarrevolucionario. Sin embargo , lo que no siempre se percibe con la misma nitidez es que, una vez establecido un marco de referencia tan restringido, resulta mucho más fácil definir como enemigos a todos los que no están "a mi favor" y colocarles, además, todas los cualidades que pertenecen al set de rasgos negativos: mercenario, traidor, deshonesto, etc...

La matriz de esta dualidad es lo que se ha llamado "relato histórico" de la Revolución, que si bien se ha debilitado en las dos últimas décadas, continúa ejerciendo una influencia notable —casi diría hegemómica— en la interpretación de la realidad política cubana. El problema es que ni Regina Coyula, ni Eliecer Ávila, ni Lia Villares son los contrarrevolucionarios típicos definidos por este relato histórico. Tampoco lo son Ernesto Santana, Boris González y Raúl Flores —invitados del primer ciclo Cuba Hoy—. En realidad, desde hace más de dos décadas, es imposible encontrar opositores activos que respondan a este perfil. Sin embargo, poco importa. En el imaginario popular solo existen dos roles para identificar a los personajes políticos.

Una anécdota que nos contaba Eliecer Ávila muestra los efectos de esta dualidad. Un señor se le acercó y luego de mostrarle su conformidad con los objetivos de la plataforma política Somos+, le advirtió, "pero lo que no voy a admitir es que empiecen a envenenar pozos o a poner en peligro la vida de los niños de un circulo infantil".

Toda polarización es una reducción pues, a la larga, implica la subordinación de las opciones intermedias y hace insostenible la pluralidad. Las opiniones propias necesitan primero reconocerse como opiniones colectivas para ser efectivas a nivel político. Esto solo se logra si los ciudadanos tienen a su disposición un abanico de discursos políticos lo más amplio posible, en los cuales puedan reconocer y proyectar su propia forma de pensar. En otras palabras, si en Cuba los referentes políticos continúan tan polarizados como hasta ahora, habrá menos opciones de incorporar más ciudadanos a la política.

Para pluralizar la sociedad, es necesario primero pluralizar el discurso de la política. Salir del estrecho marco de referencia que impone la dualidad tradicional, pues ésta actúa siempre a favor de la inercia y preserva una situación en la que el Gobierno se encuentra demasiado cómodo. Los nuevos enfoques de la política cubana que han traído hasta Barcelona, Coyula, Villares y Ávila son avances en esta dirección.

Hace bien la sociedad civil cubana en continuar abriéndose a todas las alternativas, en obligar a replantear la polaridad actual y, en general, hace bien refrescando continuamente los tipos de oposiciones posibles.

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Comentarios [ 6 ]

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Los nidos de ratas que les llaman Consulados tienen todos los datos de los Cubanos que estamos en cada país. Los castro inventaron ahora, que les conviene seguir ordeñando al Exilio, la "Repatriación" o algo por el estilo, que es el pagar por que le devuelvan a uno el carnet de identidad y la libreta de abastecimientos. La constitución comunista dice que uno pierde la ciudadanía castrocubana si uno adquiere otra. Yo quiero lo opuesto, que me la acaben de quitar automáticamente como ellos estatuyeron . ¿por qué esta gentuza no acaba de borrarnos de la lista, si la mayoría de nosotros tenemos otra ciudadanía ?

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Excelente artículo de Yanko. Espero que estos encuentros logren hacerse en Cuba y puedan crear una conciencia ciudadana. Hace poco le oí un comentario insultante sobre la policia cubana a una de estas personas que venden pinturas a las afueras de las ferreterias. Le pregunté por qué no protestaba y me dijo que porque habia miedo, y le pregunté, pero hay opositores. Su respuesta "padrino, que va, esa gente son muy valiente. Hay que hacer muchos méritos para llegar a ser opositor y entonces si es bueno, porque te empiezan a pagar desde USA". !!!!!!Cuentame!!!!!!!!

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Yo siempre me pregunto por que no podemos renunciar a la ciudadania cubana, cuando en la constitucion del 76 y en la del 92, en ambas aparece como algo que se puede hacer.

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Yanko estoy totalmente de acuerdo contigo cito: “Hace bien la sociedad civil cubana en continuar abriéndose a todas las alternativas, en obligar a replantear la polaridad actual y, en general, hace bien refrescando continuamente los tipos de oposiciones posibles”. Porque el gran error del anticastrismo clásico ha sido seguir el misma metodología del castrismo de ver la problemática cubana en blanco y negro, dicho en otros términos que la izquierda es inapeable, porque el castrismo dice ser de izquierda y que lo correcto es ser de derecha, sin acabar de entender todavía, que si realmente se quiere una Cuba democrática la oposición al castrismo tiene que ser diversa desde las izquierdas, de centros, hasta las derechas, COMENTARIO de Esopo.

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El problema es que ninguno de esos "contrarrevolucionarios" de 'ultima generaci'on tienen el minimo apoyo para ser considerados lideres opositores. Son el jet set de un movimiento disidente ficticio, sin arrastre popular. El viejo del cuento de Eli'ecer 'Avila es seguramente uno de sus familiares. Sencillito: Somos+, ¿cuántos?

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Y donde se informa de esas actividades. Porque yo no me he enterado y como yo miles que hubieran querido ir, creo q DDC debiera poner de su parte...a ver si hay que poner el nombre de estas y otras personas para rastrear sus actividades en el mundo con las que la diáspora quiere compartir.