Maleconazo: 20 años

Su propia guerra

Recuento de uno de los procesos judiciales, efectuados casi en secreto por el régimen, tras el Maleconazo.

Rodiles: ¿Llegar a los cambios por un estallido contra el régimen?/ Morúa: Malecón Out / Montaner: El día en que los altos mandos salieron a matar cubanos / Reynaldo: Rebelión en la frontera

Nina y Alberto llegaron a mi casa el sábado bien temprano. El matrimonio era un dúo profesional que no destacaba por sus interpretaciones, sino por su hijo Alberto Pujol, el Tavo, personaje del momento en un serial policiaco producido por el Ministerio del Interior.

Irónicamente, los padres del superhéroe de la televisión oficialista eran disidentes, se manifestaban abiertamente contra el sistema y esta vez me necesitaban como abogado: un amigo había sido detenido en medio de las protestas del Malecón, alguien de Pinar del Rio que aunque solo miraba desde la barda, fue tragado por la marea policial que no distinguía entre enemigos y neutrales.

A pocos días del Maleconazo nadie reparaba en el destino de la turba que provocó el estallido social más grande del que mi generación tuviera referencia; todos estábamos atentos al rumbo que tomaría el Gobierno, a las fronteras, las salidas, y no nos percatamos de que nos habían movido la cámara en otra dirección.

Los protagonistas principales de aquel despelote sorpresivo habían desaparecido luego de alguna que otra imagen en los noticieros nacionales. Entre comunicados y comparecencias de Fidel Castro la prensa había vuelto incorpóreos a todos los que se lanzaron a la calle el 5 de agosto.

Pero no habían desaparecido. Estaban presos, confinados en las cárceles de la ciudad, a donde habían sido trasladados a bordo de los mismos camiones rusos, Gas 66, en que llegó la policía a reprimirles.

Para evitar repercusiones mediáticas y que el incómodo recuerdo reapareciera en el espectro popular, los detenidos no serían llevados ante los tribunales, se les juzgaría en los comedores de los centros penitenciarios, en una maratónica sesión de tres días que comenzaría aquel mismo sábado en que el dúo artístico me visitaba.

El amigo de Nina y Alberto había terminado en El Pitirre, una antigua cárcel militar con estrechos barracones de madera, transformada en centro penitenciario por el incesante aumento de la población penal. Allí nos esperaba junto a cientos de acusados hacinados en las afueras del comedor, nervioso, aguardando su turno, sin tiempo tan siquiera para organizar sus ideas.

Los prisioneros de guerra siempre tienen el mismo rostro, no importa la época o la causa de la derrota, pueden ser soldados británicos de la primera guerra mundial, el Che Guevara en el piso de tierra de una escuelita boliviana o aquellos muchachos mal vestidos, sudorosos y cansados. Siempre llevan la mirada ausente, la calma del desasosiego, el desánimo del que no sabe cómo llegó hasta ese momento, ni cómo evitar la voluntad de sus captores.

La defensa legal había sido encargada a un equipo de abogados recién graduados, del turno de oficio, muchachos sin ninguna experiencia que ensayaban sus alegatos en voz alta y que no sentían el menor interés por leer los expedientes acusatorios. Tenían razón, no valía la pena repasar las actuaciones, todas decían lo mismo, supuestamente todos los implicados eran responsables de romper, deambular, agredir y robar. Según la fiscalía, los acusados formaban una enorme banda, una masa compacta, homogénea, que se comportó de igual manera durante las horas del enfrentamiento.

Había una excepción: el escritor David Buzzi, a quien la fiscalía le había cargado la mano, identificándolo como uno de los organizadores del embrollo y pidiéndole muchos más años de prisión que al resto de los acusados.

Buzzi era tan especial que la Seguridad del Estado envió a uno de sus instructores como testigo de cargo. El agente contó una novela sobre cómo el acusado ideó, provocó y guió a una chusma diligente para que se manifestara en el malecón y no en las calles interiores de la ciudad.

El uniformado puso tanto empeño en Buzzi que descuidó la acusación de mi defendido y de los otros 18 que ocuparon el banquillo en ese turno.

Más que ganar el caso, ellos lo perdieron, el amigo de Nina y Alberto resultó absuelto por falta de pruebas, uno de los pocos que escapó de aquella moledora que repartía años por igual a todo el que hubiese pasado cerca del Maleconazo.

Nina y Alberto me regresaron a casa a bordo del Moskovich de su hijo, el mismo que Raúl Castro  le había regalado. Juntos recorrimos, por última vez, las calles desiertas de una ciudad impactada por un episodio inesperado. Desde entonces no los he vuelto a ver.

A mi defendido tuve el chance de encontrármelo en otras dos oportunidades; la primera cuando fue a agradecerme y a confesarme que en realidad no era un inocente observador sino un inconforme que creyó participar en el acto final del gobierno de los Castros. En la segunda me increpó en broma, lamentando que lo defendiera tan bien: en la Oficina de Intereses de Estados Unidos le habían negado su visa de refugiado político porque la sentencia de su participación en la revuelta había sido absolutoria.

Comentarios [ 30 ]

Imagen de Robustianoellibre

que articulo tan malo. Por que Diario de Cuba publica esto?? no entiendo, un medio tan serio.

Imagen de juan escandell

Gracias Camilo por traer a cacion aquel evento.Recuerdo la sentencia arbitaria que se dicto, en el Segundo Resultando Probado, se desestimo la declaracion del Instructor(unico testigo de la fiscalia) y tambien fueron desestimada las declaraciones de los acusados y la de los testigos de la defensa, unica pruebA PRACTICADA EN LA VISTA ORAL.De ahi el adefesio judicial que constituyo aquella sentencia, que aprovecho para destacar me fue arrebatada durante mi detencion en febrero de 1996 en la sede del Tribunal Municipal de Plaza por el otrora Instructor de Villa Marista Cap soroa Clapera.

Imagen de Anónimo

Sapos populacheros tratando de lavarse la cara luego de tanto MOSKVICH y roce con el poder.

La esposa del Tavo no consigue articular una oración, entre disparates y faltas ortográficas deja claro que ataca porque Se siente al descubierto. 

Que podia esperar después de tanta tribuna abierta. Partia de Wari Wari, eso es lo que son el Tavo y la mujer de ahora.

El puri en la Habama

Imagen de Anónimo

Este tipo de testimonio es fundamental para las generaciones futuras, gracias por ello,

Me gustó mucho:

Pancho

Imagen de Anónimo

Camilo y su propia guerra por querer apuntarse en la historia, aunque tenga que borrar al mismísimo Maceo si es que ya están cerradas las inscripciones.

Imagen de Anónimo

Camilo, 

Para mi es un placer poderlo leer y me alegra saber que profesionalmente le vaya bien como productor. Soy asiduo lector de DDC porque me gusta mucho su línea editorial y me mantiene informado sobre la realidad cubana e internacional. En el caso de Albertini, tuve el privilegio de ser defendido por éste magnífico abogado en dos ocasiones en casos civiles en el municipio Playa, allá por los años 95 y 96. Gracias a su magistral defensa y a su profesionalidad salí airoso en ambos casos. Después de aquello y aunque nunca más lo he visto,  siempre lo he recordado con mucha gratitud por lo que hizo por mí. 

Un saludo cordial de Luis Vigo. 

Imagen de Anónimo

Vigo,

Soy productor de noticias en el canal 41 desde hace 4 años, de vez en cuando me subo al set de "A fondo" , "A Mano Limpia" y "El Espejo".

Gracias por tus comentarios y por recordar al flaco Albertini.

Un abrazo,

Camilo

Imagen de Anónimo

Camilo

Gracias por responderme. Hace tiempo quería saber sobre ud, yo lo seguia cuando salía en los programas de Maria Elvira, me gustaban los debates acalorados que sostenía con los diferentes invitados que eran llevados por la producción de dicho programa. No piensa volver a la TV ? O está en algún espacio televisivo que yo desconozca?  Me gustaría saber si tiene algún blog o cualquier otro espacio donde escriba o comente para poderlo seguir.  Gracias una vez más y reciba un abrazo caluroso de Luis Vigo. 

Imagen de Anónimo

Anónimo 1:47 am con todo respeto, si ud lee bien el artículo de principio a fin, se dará cuenta que varias cosas que ud dice en su comentario no son correctas. En primer lugar el artículo no se llama El maleconazo, el autor puso esa palabra como referencia de que han transcurrido 20 años de aquel suceso, el artículo en cuestión se llama, Su propia guerra. En ningún momento el señor Loret de mola ha pretendido ser el epicentro de aquel hecho (que por cierto se escribe con H), él solo relató un suceso personal que estuvo relacionado con los acontecimientos del maleconazo.  Y si ud no leyó o no lee al señor Camilo, entonces por qué comentó en el artículo de éste? Para ser un disidente u opositor no es requisito ser o no ser hijo de algún militar, dirigente o familiar de alguien de la cúpula; de hecho el significado de la palabra "disidente" significa disentir de la linea oficial a la que se pertenece. Ud puede estar o no de acuerdo con lo que acá se escribe, está en todo su derecho pero debe ser consecuente con lo que comenta y no decir o escribir cosas que no son. Falsear la realidad es algo muy típico de los regímenes totalitarios.  Luis Vigo. 

Imagen de Anónimo

Disfruto mucho sus Artículos, Camilo. Y éste en particular, me resultó muy interesante.