Opinión

De la libertad de prensa

En La Habana, en el Centro de Documentación de la UNESCO, solo hay un folleto y un libro de los años 80 sobre el tema.

Me sería difícil recordar la primera vez que escuché ese término tan atrayente para cualquier periodista: libertad de prensa. El pasado 3 de mayo, fue el día de todos aquellos comunicadores que conocen la importancia del libre flujo informativo y ejercen el inalienable derecho de informar en difíciles condiciones, a contrapelo de lo dispuesto por regímenes opresivos o por la fragilidad democrática de muchas naciones. La UNESCO estableció el 3 de mayo de 1997 como Día Mundial de la Libertad de Prensa en homenaje al asesinato del periodista colombiano y director de El Espectador Guillermo Cano, masacrado por los carteles de la droga en 1986. Todos los años esa prestigiosa dependencia cultural de las Naciones Unidas con sede en París otorga el premio Guillermo Cano a un periodista que ejerza su labor en condiciones de riesgo.

La única vez que en Cuba se hizo una celebración por todo lo alto en homenaje a la Libertad de Prensa fue —paradójicamente— el 7 de junio de 1959. Desconozco por qué se escogió ese día, pero tengo entendido que la celebración surgió en México en la década del 50 y tenía un carácter regional, aunque al parecer la fecha tuvo poco arraigo y desapareció prontamente. En aquella ocasión, el Colegio Nacional de Periodistas agasajó a Castro en un banquete, y las más altas autoridades periodísticas proclamaron eufóricas la plena existencia de libertad de prensa en el país: muy lejos estaban de imaginar que para esa misma fecha del siguiente año, ya Castro tenía bajo su control a prácticamente todos los medios de comunicación y empezaba a consolidarse la nueva dictadura de indiscutible tufo rojo.

Cuba —país que disfrutara en los lejanos años 40 del pasado siglo de una completa libertad de prensa y que tenía a la llegada al poder de la revolución castrista más de 15 periódicos nacionales de muy variadas tendencias, además de la más poderosa televisora de América Latina— es, más de medio siglo después, y junto a la dinastía norcoreana, las dictaduras africanas y los regímenes fundamentalistas del Oriente Medio, una de las naciones con los más negativos récords en materia de libertad de expresión.

Mi afán de saber más sobre ese día me hizo llegarme hace una semana al Centro de Documentación de la UNESCO en el Vedado capitalino, y pedir información sobre el tema. Una señora se mostró escéptica cuando le hablé de la fecha: "ese es un tema un poco complicado porque ese premio de la UNESCO se lo dieron hace unos años a un disidente".

Claro está que dicho reconocimiento nunca se lo otorgarían a gente como Randy Alonso, quien desde cómodas y climatizadas oficinas dirige la aburrida Mesa Redonda de la televisión nacional, de muy escasa audiencia y credibilidad. El periodista al que se refería mi interlocutora era Raúl Rivero, quien decidió desafiar el monopolio comunicacional de los Castro al fundar una agencia de prensa independiente en la década del 90 y terminó encarcelado en la nefasta primavera negra de 2003. Para conocer estos datos uno debe acceder a internet, pues en el lóbrego Centro de Documentación, cuando decides hurgar en su catálogo sobre la libertad de prensa, apenas existe un folleto y un libro de la década del 80.

Si uno se decide además a revisar las tesis de graduación de los cientos de periodistas salidos en más de cuatro décadas en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, tampoco hallará ninguna que aborde la temática.

En esta fecha y desde hace varios años, el periódico Granma publica artículos donde trata de ofrecer una visión muy distorsionada de la libertad de prensa en el mundo. Es una pequeña tarea encargada al veterano Ernesto Vera, señor al que poco tiempo atrás la servil Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) distinguió como "periodista de honor". Vale la pena repasar un fragmento del artículo que el panfletista escribió el 3 de mayo de 2004 en el órgano oficial del Partido Comunista, y donde hace una referencia muy oblicua, pero perceptible, al premio otorgado ese año a Raúl Rivero: "Nunca una prensa (la cubana) ha sido más fiel de un verdadero poder absoluto del pueblo. De él se deriva y no puede ser de otro modo el que tiene como base el derecho de la sociedad a la información veraz, primero de los diez principios del código de ética de la UNESCO, ignorado por su actual Director General."

Pero donde Vera hace un verdadero alarde de falta de rigor y poco apego a la verdad es cuando afirma que la Sociedad Interamericana de Prensa —el organismo encargado de velar y monitorear la libertad de prensa en la región— es un engendro de la CIA, un dato tan falso que cualquiera que conozca las fechas tan distantes de la creación de uno y otro organismo en la década del 40 se percata de la mentira.

Ese mismo año y para tratar de opacar el impacto del premio otorgado a Raúl Rivero la UPEC condecoró con un inventado Premio de la Dignidad al periodista-agente Néstor Baguer por su denigrante labor al servicio de la Seguridad del Estado cubana y organizó en la sede de esa organización un coloquio titulado "¿Libertad de expresión en el imperio del terror mediático?" No hace falta mencionar de lo que se habló allí, solo basta decir que estuvieron presentes el panfletista Juan Marrero y el difamador profesional de origen canadiense Jean Guy Allard.

La libertad de prensa continúa siendo hoy uno de los más caros anhelos de la sociedad civil cubana y solo el día que podamos disfrutar plenamente de ella podríamos afirmar que la democracia comienza su lento andar. El reto mayor, una vez más, será consolidarla y hacerla inexpugnable para con ello conjurar la aparición de falsos mesías que —precisamente en su nombre— vengan a destruirla.

Comentarios [ 2 ]

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jajaja este es el legado que dejan los Castros al mundo. Ése es su mayor castigo. 

Imagen de Anónimo

DONDE ESTA LA PRENSA EXTRANJERA?