Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
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Opinión

El dilema de la juventud

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"Es difícil encontrar un ejemplo de altruismo como el que se dio siempre en el estudiantado cubano", dijo el pasado 20 de diciembre Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, a propósito del 90 aniversario de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

Luego de 90 años, resultaría ocioso describir las jornadas de heroísmo protagonizadas por los universitarios y la juventud cubana en su interactuar sociopolítico.

Bastaría mencionar el asalto al Palacio Presidencial, ocurrido el 13 de marzo de 1957, que pudo cambiar la historia del país.

Tres dictaduras han transcurrido en los 90 años de vida de la FEU. La del general Gerardo Machado, en la década del 30; la del general Fulgencio Batista, del 10 de marzo de 1952 al 31 de diciembre de 1958; y la "dictadura del proletariado", instaurada sobre una revolución que debió conducir a un proceso democrático el primero de enero de 1959 y que, en cambio, desembocó en el inmovilismo que vivimos hoy.

Demostrada la rebeldía juvenil contra las regímenes de Machado y Batista, el castrismo maniató a los estudiantes universitarios y a toda la juventud cubana mucho más que sus predecesores. Tan temprano como en el primer lustro de la década del 60 empleó la cárcel, el paredón y la persecución por motivos políticos, religiosos, o cualquier otro con visos de disidencia u oposición.

Encadenar el grupo social más fresco, creativo y emprendedor al discurso autócrata no solo ha traído la castración de valores fundamentales de la sociedad, sino también un anquilosamiento sin precedentes.

Retrotrayéndose a sus palabras del 8 de octubre de 1997, en el informe central al V Congreso del Partido Comunista, el doctor Castro Ruz decía el 5 de diciembre de 2004, en la clausura del VIII Congreso de Jóvenes Comunistas: "Es evidente la necesidad de un trabajo más fuerte, un trabajo más intenso en nuestras filas juveniles, puesto que estos tiempos y este partido exigen seguir nutriéndose de cuadros y militantes procedentes de la juventud".

El fracaso para nutrir al régimen con cuadros jóvenes persistía 14 años después, y así lo reconoció en el informe central al VI Congreso el general Castro Ruz cuando dijo: "No haber resuelto este problema en más de medio siglo es una verdadera vergüenza que cargaremos en nuestras conciencias durante muchos años (…) Hoy afrontamos las consecuencias de no contar con una reserva de sustitutos debidamente preparados con suficiente experiencia y madurez para asumir las nuevas y complejas tareas de dirección en el Partido, el Estado y el Gobierno".

Puesto que, según el general Castro Ruz, "a pesar de que no dejamos de hacer varios intentos para promover jóvenes a cargos principales, la vida demostró que no siempre las elecciones fueron acertadas", cabe preguntarse: ¿Qué diferencia el ADN político de Luis Orlando Domínguez, Carlos Lage, Roberto Robaina, Felipe Pérez Roque o Carlos Valenciaga del de los generales Colomé Ibarra o Cintra Frías?

Aunque la respuesta a esta pregunta quizás sea más fácil encontrarla en los anales de la antropología criminal que en los de la sociología, Lisara Corona Oliveros, actual presidenta de la FEU, respondiendo a interrogantes del periódico Juventud Rebelde, dio una aproximación al por qué retoños del mismo árbol genealógico son podados mientras las ramas añosas crecen: "Los estudiantes no cuestionamos la autoridad del Partido ni lo haremos nunca", dijo Lisara.

Dos sentimientos interiores mueven a los seres humanos, el egoísmo y el altruismo.

El señor Alarcón hablaba del altruismo de los estudiantes y, a no dudarlo, es difícil encontrar un gesto más altruista que el de aquellos que perdieron la vida por la libertad de la patria.

Pero cuando la actual presidenta de la FEU habla de no cuestionar la autoridad de un Partido que no ha hecho sino arruinar económica y moralmente a la nación, no se puede pensar en otra cosa que en el egoísmo de quienes critican a escondidas lo que aplauden en público.

Es cierto, hoy Cuba tiene más cárceles, jueces y policías que nunca. Pero existe otra verdad paralela: a pesar de las restricciones impuestas, las nuevas tecnologías han dotado a la juventud de medios de expresión hasta ahora inéditos.

Hoy los cubanos estamos en una encrucijada, o refundamos la nación o dejamos que se hunda. Y, sabido es, un pueblo no se levanta en silencio. Ese es el dilema de nuestra juventud: callarse o expresar sin miedo cuanto deba decir.

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