Martes, 12 de Diciembre de 2017
01:53 CET.

De piloto de Mig-15 a opositor político

Cuando el pasado 21 de diciembre Vladimiro Roca Antúnez cumplió 70 años, antes de soplar las velas del cake, quizás examinó su vida como si estuviese delante de un caleidoscopio.

De aquel chico inquieto que cursara la primaria en la escuela pública número 118, de la habanera barriada de La Víbora, y fuera aprendiz de cajista en el diario Hoy, limpiador de cristales en un estudio fotográfico, piloto de cazas Mig-15 y graduado de Relaciones Económicas Internacionales en 1987, hoy encontramos un hombre de la tercera edad, robusto y con un fino sentido del humor, que ha convertido su oposición a los hermanos Castro en un auténtico sacerdocio.

Vladimiro es uno de los cuatro hijos del matrimonio formado por Dulce María Antúnez Aragón, activa luchadora nacida en Sancti Spíritus, y el líder comunista Blas Roca Calderío (Manzanillo 24 de julio de 1908-La Habana 25 de abril de 1987). Durante más de dos décadas, Blas estuvo al frente del Partido Socialista Popular, la mayor parte del tiempo clandestino en la Cuba republicana.

Desde niño, Vladimiro sabe lo que es vivir bajo el acoso policial y la zozobra. En los años duros del régimen de Fulgencio Batista, la familia Roca Antúnez debía mudarse con frecuencia de casa. Las detenciones de miembros del PSP eran constantes. El BRAC, cuerpo policial dedicado a cazar comunistas, los acechaba. Esa vida de gitano fortaleció la personalidad de Vladimiro Roca.

Cuando el 8 de enero de 1959 el barbudo Fidel Castro entró en La Habana, la crema y nata del PSP, llámese Blas Roca, Aníbal Escalante, Lázaro Peña, Carlos Rafael Rodríguez o Salvador García Agüero, había dado un giro en el enfoque a la figura de Castro.

Había pasado de la indiferencia y la condena a raíz del asalto al cuartel Moncada en julio de 1953 al reconocimiento en 1958, cuando la dirección del partido envió a algunos de sus hombres a las montañas de oriente a contactar con el líder guerrillero.

Es historia por contar el papel desempeñado por el PSP para que el Kremlin apoyara a Fidel Castro. Quizás Blas Roca pecó de ingenuidad política al pretender voltear a los dirigentes barbudos al marixmo-leninismo.

Castro tenía su juego particular. Controlar el poder, por tanto tiempo como fuese posible, y manipuló a los curtidos comunistas, quienes poseían una vasta experiencia en el ámbito sindical y político.

En 1959 Vladimiro tenía 16 años, y su ilusión era volar en aviones de combate. Pero nunca ha olvidado el consejo de oro que le dio su padre: piensa por cabeza propia.

"Con 19 años fui a estudiar para hacerme piloto de Mig-15 en una región al sur de la antigua URSS. El curso duró nueve meses. Allí pasé la crisis de los cohetes, en octubre de 1962. Regresé en marzo de 1963", cuenta Vladimiro, sentado en la cocina de su casa en el reparto Nuevo Vedado.

Ya en la Isla, se incorpora a la base aérea de San Antonio de los Baños. A los pocos meses lo trasladan al aeropuerto militar de Holguín. Fue en 1964 cuando Vladimiro comenzó a dudar del respeto a la ley y el carácter represivo de los Castro.

"Ese año hubo un complot en la base militar. En juicios sumarios condenaron a pena de muerte a 19 personas, fusiladas veinte minutos después de una apelación relámpago. Las autoridades locales aprovecharon la situación para pasar por las armas a dos civiles que se dedicaban a vender marihuana. La ilegalidad y el irrespeto a la vida humana fue un hecho que me marcó", confiesa.

Vladimiro prepara un café fuerte y sigue hablando. "Después se celebró una reunión con Raúl Castro sobre las consecuencias de dicho complot. Fue una depuración al mejor estilo estalinista. Al año siguiente, me sancionaron seis meses por un accidente en la base de San Julián. Fue la primera vez que ingresé en una cárcel, militar en este caso; aunque solo estuve una semana en La Cabaña, en una galera de presos militares condenados por delitos comunes".

Por su carácter, con tendencia a la liberalidad y a juzgar en voz alta las decisiones de los mandarines verde olivo, Vladimiro siempre tuvo problemas. En la Cuba de los años 60, los cuestionamientos y las dudas ideológicas eran casi un sacrilegio.

El gobierno de Castro disparaba a matar a todo aquello que se le opusiera. Se había producido el sectarismo de Aníbal Escalante, quien creía cumplir con los estatutos del Partido, y a Fidel Castro no le tembló el pulso para de un manotazo condenarlo al ostracismo.

Cuando en 1969 el régimen movilizó al país a una zafra que intentaba producir diez millones de toneladas de azúcar, Vladimiro sintió cierto sentimiento de culpa por dudar de las buenas intenciones de Fidel Castro. Entonces decidió leerse todos los clásicos del marxismo. "La conclusión que saqué fue devastadora: Fidel era un tipo que llevaba al país hacia el precipicio. La ilusión de mi padre, de que la Constitución de 1976 que él ayudó a redactar, pudiera encauzar al gobierno por los marcos legales, fue en vano", señala.

Ser opositor en un gobierno autoritario no es cosa de coser y cantar. Es un proceso lento y traumático. La persona que escoge ese camino conoce sus consecuencias. Humillaciones públicas. Actos de repudio. Y el poder omnímodo del aparato estatal que te puede convertir en no-persona o internarte en una celda de la Cuba profunda.

Vladimiro Roca lo sabe mejor que nadie. Cuando en junio de 1990 comenzó a manifestarse abiertamente como disidente político, fue apartado de su trabajo en un ministerio del Estado.

En 1996 fue uno de los fundadores del Partido Socialdemócrata de Cuba, no reconocido por la autocracia. Al año siguiente, junto a la economista Martha Beatriz Roque Cabello, el abogado René Gómez Manzano y el profesor universitario Félix Bonne, crearon el Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna. Su objetivo principal, analizar la situación socioeconómica nacional.

En junio de 1997 el grupo redactaría La Patria es de todos, un análisis profundo sobre el V Congreso del Partido Comunista, donde se pedía abandonar el sistema dictatorial y respetar los derechos humanos. El documento fue un buen pretexto para que el régimen arrestara violentamente a los cuatro disidentes en sus domicilios y tras casi dos años detenidos en Villa Marista, el 1 de marzo de 1999, los juzgara por el delito de "sedición y acciones en contra de la seguridad del estado cubano".

Vladimiro cumplió una condena de 5 años, de 1997 a 2002, en la prisión de Ariza, Cienfuegos. La cárcel no doblegó los criterios y principios del hijo de Blas Roca. Actualmente asesora a varias organizaciones disidentes.

A sus 70 años, Vladimiro es un convencido opositor de Fidel y Raúl Castro. Espera ver el día que Cuba se integre al grupo de naciones democráticas. Siente que ha sido fiel a su manera de pensar. Los hijos, como alguien dijera, se parecen más a su tiempo que a sus padres.

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Comentarios [ 2 ]

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Todo el mundo tiene derecho a rectificar sus errores y empezar de nuevo.

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A mi que me perdonen muchos pero no acepto a este tipo de personas que hasta ayer estubieron con la TIRANIA y hoy despues de MATAR,ASESINAR,TORTURAR Y DELATAR  a cuanto ser humano se le atravesaran en su camino por conseguir su mejor vida como es el caso de este señor que fue piloto de los asesinos MIG-15 en todas las guerras que la TIRANIA participo como piloto y que vivio toda su vida bajo el amparo de que era hijo de Blas Roca que me diga que es ahora opositor, no señor la Revolucion de los callos llego para el, le pisaron el callo y ahora le duele, no, que le siga doliendo pero no acepto sus escusas, es mi humilde opinion.