Miércoles, 14 de Noviembre de 2018
Última actualización: 14:31 CET
Sociedad

Sindicalismo y trabajo por cuenta propia

Según estadísticas publicadas por la prensa oficialista, al cierre del pasado mes de agosto el 87% de los trabajadores por cuenta propia en el país estaban sindicalizados, lo que significa que un total de 348 mil cuentapropistas han accedido a organizarse bajo la égida de las autoridades. A pesar del avance cuantitativo —y aunque algunos medios alternativos cuestionen la cifra anterior—, las propias fuentes indican que aún queda mucho camino por recorrer cualitativamente, es decir, en la conciliación del trabajo sindical con los intereses de los afiliados.

Hasta ahora, el proceso de sindicalización de los trabajadores por cuenta propia se ha movido entre el interés de éstos por la independencia y por la seguridad.

Lógicamente, la independencia es una de las máximas aspiraciones de quien decide establecer negocio propio. En nuestro caso, se trata de pequeños empresarios en ciernes que desean invertir, comprar y vender, contratar mano de obra y disponer de sus ingresos sin la tutela de un Estado tan omnipresente como el cubano. Con tales añoranzas, no es difícil imaginar que estos cuentapropistas contemplen con escepticismo su afiliación a un sindicato organizado por las autoridades, máxime si consideramos la mala reputación que poseen los sindicatos en Cuba: simples correas de transmisión utilizadas por el Poder para hacer llegar su mensaje ideológico; instancias que con frecuencia se ponen del lado de las administraciones y que se constituyen en verdaderos depredadores del bolsillo de sus miembros, pues el cobro de la cotización —una de las tareas que mejor saben hacer— sí lo llevan a cabo con proverbiales puntualidad y eficiencia.

De este modo, serían los cuentapropistas que privilegian la independencia los más reacios a ingresar en los sindicatos. Por lo general, este tipo de trabajador por cuenta propia labora solo, usualmente en su domicilio, y por tanto no comparte los locales de trabajo con otros colegas, ya sea en ferias u otros sitios arrendados.

Pero también resulta evidente que, incluso por encima del anhelo de independencia, a no pocos cuentapropistas los motiva otra pretensión: el poder contar con seguridad para desarrollar su trabajo. Porque a pesar de toda la propaganda gubernamental acerca de que esta vez el trabajo por cuenta propia constituye un elemento estratégico en la actualización del modelo económico, en el quehacer cotidiano muchos cuentapropistas se sienten a merced de incomprensiones y arbitrariedades.

Actuaciones excesivas de funcionarios intermedios; políticas contraproducentes del Ministerio del Trabajo y la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT); la faena no siempre honesta de un numeroso cuerpo de inspectores estatales; y hasta quejas de muchos usuarios y consumidores que con frecuencia aparecen en la prensa, son algunos de los valladares que afronta el incipiente sector no estatal de nuestra economía. Así, es entre la gama de cuentapropistas que hayan sufrido cualesquiera de esos percances, donde la gestión sindicalista de las autoridades halla un caldo de cultivo más favorable, pues esos trabajadores por cuenta propia ven al sindicato como su única tabla de salvación.

Marco jurídico 

Pero es que hasta el propio marco jurídico en que se desenvuelve el trabajo por cuenta propia presenta aún muchas lagunas que aumentan la inseguridad de este tipo de trabajador. En el recién finalizado Congreso Internacional "Abogacía 2012", por ejemplo, se examinó el caso de los trabajadores contratados que se desempeñan en negocios de cierta magnitud, como las denominadas paladares, los cuales no cuentan con una legislación que los proteja laboralmente, y en consecuencia se encuentran a expensas de las decisiones de los propietarios.

Los primeros trabajadores por cuenta propia que resultaron sindicalizados militaron en sindicatos mixtos, o sea, formados por ellos y otros trabajadores estatales de diferentes sectores. En los últimos tiempos, sin embargo, han proliferado sindicatos integrados únicamente por cuentapropistas, ya que de esa forma, al decir de los afiliados, sus intereses resultan mejor defendidos.

Este tipo de organización es muy común observarlas en ferias y grandes locales donde se ubican, principalmente, los artesanos y los productores-vendedores de útiles del hogar, las dos categorías ocupacionales que más miembros tributan a estos sindicatos. Por supuesto, estos sindicatos "puros" —los formados solo por cuentapropistas— se subordinan al comité municipal de los sindicatos oficialistas en cada territorio.

Porque, claro, el objetivo de las autoridades al sindicalizar a los trabajadores por cuenta propia es tratar de controlarlos mejor: nunca ha pasado por la mente de la nomenclatura partidista o estatal la posibilidad de que entre nosotros surja un Lech Walesa o un sindicato al estilo del polaco Solidaridad.