Domingo, 20 de Agosto de 2017
02:06 CEST.
Muerte de Oswaldo Payá

Antes de Carromero y después de Carromero

Todo lo que diga será usado en su contra. Su biografía misma lo acusa: correcaminos con decenas de multas, medio enredado en cuestiones de Hacienda, twittero a favor de los recortes del gobierno español mientras baila una sevillana etanólica. Ángel Carromero, para colmo miembro de un partido que en Cuba se considera fascista (a imitación del comandante Hugo Chávez), tendrá sus 15 minutos de infamia este primer viernes de octubre, cuando se le condene en una vista oral obligatoriamente breve (según el dictado de nuestro Canciller), donde ningún cubano le reclama absolutamente nada a este ibero.

No para de lloviznar por estos días en La Habana. Después del diluvio de más de cien mil horas con Fidel, el Estado socialista se empantana en su transición hacia un capitalismito chinesco, donde lo único que no encaja bien son los derechos del pueblo cubano, así en la Isla como en el Exilio. Y Ángel Carromero será una pieza clave en este vodevil inverosímil contra todos y para el mal de todos. Aunque el pizpireto prisionero del PP ni se lo imagine en su cadalso de comunistas cubanos.

Sólo un extranjero "enemigo" y en plena "actividad subversiva" dentro de la Isla, podía ser suficiente coartada para la muerte violenta de Oswaldo Payá Sardiñas. Una muerte que durante años le fue anunciada por personal paramilitar, incluso delante de su propia familia (y de extranjeros, para que difundieran sin tapujos el terror de semejante castigo ejemplar). Bien, pues, promesa cumplida. Hay cosas con las que en el castrismo no se juega. Cosas sobre las que el castrismo nunca mintió. Los que no tengan genes revolucionarios para asimilar esta siniestra sinceridad, no los queremos, no los necesitamos…

Aquel fatídico domingo 22 de julio, horas más tarde del impacto y de un sms en sueco tecleado en caliente tras el acoso, en un hospital de provincias y sin evidencias de terapia intensiva de urgencia, moriría también el otro pilar del Movimiento Cristiano Liberación, Harold Cepero Escalante, que sobrevivió consciente al choque pero a nadie se le ocurrió tomarle una declaración (ni se le permitió dársela a su familia antes de fallecer). Menos aún sabemos del testimonio de ambulancieros, forenses, doctores, y el personal de seguridad que en minutos tomó ese tramo de carretera y la ciudad de Bayamo (¿quién les avisó que en el carnet del occiso instantáneo se leía: Oswaldo Payá Sardiñas, putativo presidente en el post-castrismo?). Sólo unos campesinos a medio alfabetizar declararon con precisión en la TVC que el auto de la muerte iba a más de 100 km/h de velocidad: "una tapa de lata…"

Esa madrugada, según Oswaldo Payá Sardiñas abandonaba su hogar sin despedirse de su esposa Ofelia Acevedo Maura, la cuenta apócrifa de Twitter @Yohandry8787 ya delataba en tiempo real su viaje al interior del país, tergiversando que se trataba de una excursión a la playa de Varadero. En efecto, casi una década atrás, en el oficialista libro Los disidentes, podemos disfrutar de unas fotos violatorias de la intimidad vacacionista de la familia Payá-Acevedo. Allí, una adolescente de 14 años parece mirar a un futuro vacuo mientras su padre se zambulle y desaparece en la grisura del mar. Era Rosa María. Es Rosa María, devenida hoy de súbito una nueva líder del Movimiento Cristiano Liberación, principal voz moral incriminante de toda la violencia de Estado que acorraló a su ciudadano padre desde que ella nació. Rosa María Payá Acevedo, acusada antes de abrir la boca de reunirse al borde del mar con falsos turistas extranjeros para, por un puñado de euros, fundar la rama juvenil del MLC.

Ninguno de los seres queridos de Oswaldo Payá Sardiñas ni de Harold Cepero Escalante está acusando al ángel exterminador de las Nuevas Generaciones del Partido Popular. La empresa estatal propietaria del Hyundai Accent de matrícula T31402 no ha reclamado en público indemnización por uno sólo de los tornillos de su vehículo. Tampoco ninguna cooperativa arrocera o forestal se ha pronunciado en defensa de los sembradíos apachurrados o las cicatrices del arbolito homicida. Se trata entonces de un caso de oficio donde legalmente no hay afectados, excepto la inocencia gubernamental.

Después del videoclip presentado a la prensa, donde el joven político español pide al mundo que no politice su caso (lo filma la policía política, pero eso es un detalle circunstancial), ya sabemos que el peor enemigo de Ángel Carromero no será el Estado cubano, sino el propio pánico dopado de Ángel Carromero. A la diestra de su volante, como un personaje perverso de Perrault o los hermanos Grimm, un democristiano sueco roncaba la pesadilla de los justos bajo el mediodía de un pavimento en reparaciones y un frenazo a tope de velocidad. Según su testimonio ya con "suelo europeo bajo sus pies", y a pesar de su onírica inocencia, Jens Aron Modig igual fue preso e incomunicado en una habitación sin ventanas, donde sus interrogadores lo ofendieron con impunidad, hasta coaccionarlo a declarar en cámara contra sí.

Desde Kafka es sabido que la justicia en los sistemas totalitarios nunca se interesa por la Verdad, ese prejuicio burgués de los evangelios. Mucho menos por la Vida, esa estadística estrafalaria. El cadáver parlante de Ángel Carromero, como el del norteamericano Alan Gross, y el de incontables cubanos que han pasado por esa experiencia, declarará como un ventrílocuo que aún conserva cierta esperanza de ponerse a salvo. Se llama instinto de conservación y es un síntoma de la mediocridad en que patalea la vieja Europa del siglo XXI. En situaciones límites, la democracia sólo sirve para uno mismo. El cristianismo occidental queda entonces sin prójimos. Ángel Carromero quiere ser Ángel Carromero, aunque sea hundido en un campo de concentración o humillado en el camposanto donde dos seres humanos fueron zambullidos y desaparecieron en la grisura del Mal.

No para de lloviznar por estos días en una Habana después de Castro y antes de Carromero. Cuando este viernes 5 se verifique por fin lo que todos sabemos y no sabemos cómo pronunciar, habrá comenzado una nueva era cubana en la historia de la Revolución. Estaremos todos más solos, más desolados, más expuestos al lente paparazi que pornográficamente expuso a su familia y luego expiró a Oswaldo Payá Sardiñas.

Como en los buenos tiempos fundacionales de una guerra cínica más que cívica, habrá que ir haciendo silencio para sobrevivir bajo este obsceno aguacero. El exilio libre quedará a millones de euros más distante que ahora. Los activistas de la solidaridad internacional pro-derechos humanos preferirán manejar en cualquier otra esquina del mundo. Los garabatos chinos y el chillido de ese lenguaje colectivista tendrán un poquito más de sentido ante nuestra sensiblería individualista. La etimología sin ética del vocablo "desaparecidos" sufrirá una atroz actualización. En una salita con aire acondicionado del Oriente de Cuba, el año cero de la cosmogonía Carromero está a punto de comenzar. Alabado sea.

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