Sábado, 1 de Octubre de 2016
01:17 CEST.
Deportes

Cuba: el gueto redivivo

¿Qué es un gueto? Con una búsqueda rápida en internet, dice, aparecen más de 12 mil referencias inmediatas. Pero hablo del nuevo gueto instalado en los barrios cubanos. Hablo de una violación más de la Constitución, continuamente violada. Hablo del establecimiento de un Estado de Excepción, una Hora Cero, una Ley Marcial.

Flanqueada la vivienda del opositor de turno por policías uniformados y paramilitares de las Brigadas de Respuesta Rápida en cada una de las esquinas que lindan con la calle señalada, comienza el show de enclaustramiento.

Al disidente se le comunica que aun sin estar previsto en el Código Penal ni contar con la firma de un juez de ejecución, a partir de ese momento queda bajo reclusión domiciliaria por tiempo indeterminado. ¿Razones?, preguntan familiares y vecinos. Seguridad nacional, dicen los gendarmes.

Con el avance de las primeras horas dejan de pasar los vendedores ambulantes, el flujo del mercado negro de alimentos como harina, galletas de sal o aceite comestible se convierte acaso en un hilillo delgado, imperceptible.

La casa del condenado se expone al escrutinio de los vigilantes y cada persona que sale o entra de ella, indefectiblemente, debe responder a las siguientes preguntas de los uniformados: a) Documento de identidad, b) ¿Qué relación tienes con el sujeto?, c) ¿Qué llevas en el bolso?, d) ¿Dónde trabajas o estudias? Después recibe la indicación de no volver por este lugar.

Días más tarde, le citan a la unidad policial, y un oficial operativo de la Seguridad del Estado le conmina a dejar de relacionarse con el opositor aludiendo a su escasa catadura moral, los daños que puede causarle a la patria o a la familia. Al entrevistado se le hace saber que su hija en la universidad aspira a graduarse o que su hijo profesional del deporte desea viajar a algún país miembro del ALBA en misión de colaborador internacionalista y solidario, con las supuestas ventajas de adquirir quincallas y electrodomésticos de fabricación china…

En muchos casos también se le insta a colaborar con los servicios de inteligencia cubanos para penetrar en los grupos de la oposición pacífica.

Acción rápida

Pero en días pasados, con la visita papal a la Isla se realizó la prueba en seco de cómo llevar a cabo el exterminio. Desconectar los móviles de opositores, amigos y familiares. Cercar las viviendas, cerrar las entradas y salidas de pueblos y ciudades. Iniciar los arrestos de 300 activistas, reconcentrarlos en un sitio específico, pegarles el tiro en la nuca (cuando sea necesario) y evitar que el mundo apenas emita una señal. Fue, complicidades aparte, una jugada perfecta. Se han contabilizado un par de centenares de detenidos y más de una treintena de golpeados.

Hasta el momento de redactar estas notas, 18 activistas de derechos humanos habían sido notificados de que serían procesados bajo los cargos de desorden público, propaganda enemiga y resistencia a los arrestos. En muchos casos, éstos aseguraron que sus vecinos y familiares se enteraron rápidamente, de modo que la vandalización colectiva corrió como pólvora. Otro punto importante es la cantidad de civiles implicados en la vigilancia y represión, como vía para camuflar el operativo como una reacción espontánea de los partidarios del gobierno.

Al gueto lo acompaña, eso sí, el muro de contención legal que no está escrito pero se sabe cada funcionario público en la Isla. No hay cartas, quejas orales o peticiones en grupo que mencione a los sacrosantos funcionarios del Partido oficial o de la tenebrosa Seguridad del Estado que no choque con la barrera del miedo oficializado.

Los oficiales de la policía política no dan nombres, grado militar, no muestran su carné. No habrá dependencia de la Fiscalía Militar, Bufete Colectivo o Tribunal Provincial que acepte demanda, contra militares en ejercicio de órdenes bajadas directamente de Villa Marista. Todavía no se sabe de una petición así que haya prosperado, pero hay que documentar todos los datos posibles.

Cuando suceda, llevará un trámite burocrático enorme, y muchos nos seguirán negando tres veces antes que cante el gallo al amanecer.