Domingo, 25 de Septiembre de 2016
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Iglesia

La armonía que todos anhelamos

Durante dos días consecutivos, la prensa oficialista cubana publicó sendas Notas del Arzobispado de La Habana, firmadas por Orlando Márquez Hidalgo, relacionadas con el tema de la presencia de 13 disidentes en la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Caridad.

De lo que dice el primer comunicado, se puede entender que las autoridades eclesiásticas denunciaron el hecho al Gobierno, el que planteó que no iba a actuar en modo alguno. No obstante, la iglesia estaba rodeada y efectivos de la policía política no dejaron llegar a algunas personas.

Ese comunicado hace referencia a situaciones similares en otras iglesias del país, pero no aclara el hecho deplorable que sucedió en Holguín en la Iglesia San Isidro, cuando el Obispo Emilio Aranguren intervino de forma descompuesta ante la presencia de 21 opositores. El disidente Robier Cruz Campos que formaba parte del grupo prestó la siguiente declaración:

"Encontrándome junto a 20 opositores pacíficos para dar participación en una misa de la Iglesia Católica, el Obispo entró y me arrebató el teléfono de las manos, también me dio un manotazo y yo cogí y se lo quité rápido de las manos, porque es mi derecho porque el móvil es mío. Entonces él me voceó que él si podía vocear allí y que él si podía hablar, porque él era el Obispo y se comportó como un agente de la Seguridad del Estado."

"Él me arrebató el teléfono de las manos, y hay testigos y eso es una falta de respeto, e incluso yo le digo: 'Señor, pero usted no tiene ni ética para ser el Obispo, ¿cómo usted me va a tratar así a un ciudadano que viene solamente a la Iglesia por la liberación del pueblo cubano?, ¿cómo usted le va a hacer eso a una persona?'. Me dijo: 'Porque yo soy el Obispo y no me estés diciendo que yo no tengo ni ética, porque te acuso, te acuso', y me empezó a vocear."

No se puede determinar en base a qué investigación afirma esta primera Nota de Prensa: "Se trata de una estrategia preparada y coordinada por grupos en varias regiones del país. No es un hecho fortuito sino bien pensado y al parecer con el propósito de crear situaciones críticas a medida que se acerca la visita del Papa Benedicto XVI a Cuba". Lo que permite recapacitar que es un testimonio proveniente de fuentes ajenas a la Iglesia, con la preocupante afirmación de que no es un hecho fortuito, sino bien pensado; pero no muestran pruebas de ello, como tampoco se muestran elementos que confirmen que el propósito era crear situaciones críticas por la visita del Papa.

Con este lenguaje tan duro y ríspido, no tuvo preocupación la jerarquía eclesiástica de que le estaba transmitiendo al pueblo una opinión sobre la oposición interna en general (ya que se refirió a grupos en varias regiones del país), lo cual se pone en línea con lo que difunde el régimen al pueblo sobre los disidentes. Ello implica que, en la práctica, la opinión de las autoridades eclesiásticas se identifica con la opinión oficial.

La invitación que hacen a cambiar de actitud si se consideran católicos y a proceder como tales, estaría bien si la tomaran como un hecho, para las propias autoridades eclesiásticas, los que indebidamente involucran a toda la oposición en actos que son calificados de "ilegítimos e irresponsables".

Contradictoriamente, en la segunda Nota de Prensa, en primer lugar se dice que los trece ocupantes fueron "retirados" de ese sagrado lugar y con posterioridad en tres ocasiones se habla de que fueron "invitados" a salir. Para los disidentes está bien claro cuál es la actuación de la policía política cuando los detienen. En la gran mayoría de los casos es utilizada la violencia, y muchos llevan como recuerdo las cicatrices de los golpes. Solo habría que mencionar a Orlando Zapata Tamayo y recordar la foto de Laura Pollán Toledo con el brazo partido.

Y si fueron invitados a salir, ¿por qué tuvieron que ser trasladados a una unidad policial?  Una vez que esto ocurre están detenidos y aunque el Cardenal Ortega  lo haya solicitado a las autoridades para salvaguardar la integridad de estas personas, no tenía ninguna garantía de que esto sucediera ya que permitió que fueran conducidos hacia un lugar de instrucción. El que el régimen les asegurara que no serían procesados por este hecho, no implica que no lo sean por otros hechos, que pueden ser inventados.

El lenguaje con que la segunda Nota de Prensa habla sobre el régimen es muy diferente al que utiliza para la oposición. Con el régimen es suave y muy aclaratorio, así explican que los agentes aseguraron  a la Iglesia que no portarían armas, lo cual indudablemente no era necesario, ya que las personas que se encontraban dentro estaban desarmadas. Sin embargo, no se da a conocer si cumplieron con esta promesa.

Dice el documento que así se pone fin a una crisis que no debió nunca producirse. La Iglesia está confiada que hechos semejantes no se repitan y que la armonía que todos anhelamos pueda realmente alcanzarse.

La Red Cubana de Comunicadores Comunitarios declaró públicamente su desacuerdo con esta acción dentro de la Iglesia, pero diariamente se ejecutan contra los disidentes actos de violencia, detenciones arbitrarias, registros en las casas, incautaciones de medios de cualquier tipo (incluyendo dinero), operaciones de hostigamiento contra viviendas (impidiendo la libre circulación a sus moradores y visitantes), golpizas, mítines de repudio con paramilitares, amenazas de cualquier tipo  e incluso actos de acoso sexual.

Fieles que van a la Iglesia son asediados a la salida por parte de efectivos represivos del régimen.  Solo para ilustrar, se pueden dar estos tres ejemplos: el 25 de diciembre de 2011 —un día muy especial pues nació Jesús— un número de mujeres fueron detenidas con violencia policial al salir de la Iglesia de Santa Rita, en La Habana; en la provincia de Holguín, el pasado 22 de enero, las turbas paramilitares esperaban a la salida de la Iglesia Jesucristo Redentor a dos mujeres para golpearlas, y se necesitó la presencia del Obispo de la provincia; el 19 de febrero, en el Santuario del Cobre, 14 mujeres estaban rodeadas por tropas militares al terminar el oficio, y el Arzobispo de Santiago de Cuba les tuvo que garantizar la salida hacia sus hogares en transportes eclesiásticos.

Y se puede añadir que algunos fieles son visitados por la policía política, entre viernes y sábado de cada semana, para decirles que no los dejarán asistir a misa, y de hecho los detienen el domingo.

¿Dónde están las Notas de Prensa de la Iglesia para condenar estos hechos, con el mismo rigor que han juzgado a los que entraron en este templo?

La crisis no ha terminado y permanecerá mientras que se siga admitiendo que los represores ejecuten todo tipo de acción sin alzar la voz para condenarlos y exigirles que permitan la libertad religiosa de quienes visitan las iglesias, que no fue puesta en peligro por los que entraron al templo, pero sí está constantemente entorpecida por la policía política del régimen.

La Iglesia debería confiar también que los hechos anteriormente narrados contra los disidentes y dentro de ellos los fieles que asisten a la Eucaristía, no se sigan produciendo. La conveniente proporción y correspondencia de unas cosas con otras, que es lo que define la armonía, no se logrará mientras el régimen totalitario siga dominando el país.