Sábado, 1 de Octubre de 2016
01:17 CEST.
Opinión

La Protesta de Otros Trece

Una nota de prensa, firmada por Orlando Márquez Hidalgo, ha sido publicada en Granma bajo el título "Califica Arzobispado de La Habana ilegítima la ocupación de templo". Se trata, ni más ni menos, de una auténtica filípica del director de la conocida revista de la Arquidiócesis de La Habana, Palabra Nueva, contra trece disidentes que, según declara la propia nota, permanecen en la iglesia de La Caridad, de la capital, a propósito de la ya cercana visita del Papa Benedicto XVI a Cuba.

Dada la importancia que tienen, tanto los hechos que enuncia el señor Márquez  Hidalgo como la propia aparición de la nota en el periódico que, como todos sabemos, es órgano oficial del Partido Comunista de Cuba y, por tanto, un espacio político, hubiese sido valioso y oportuno para todos los lectores conocer otros aspectos relevantes de la noticia. Por ejemplo, en el texto hay referencias acerca de que los demandantes portan "un mensaje" para el Santo Padre, así como "una serie de demandas sociales", sin que se declare el contenido del mensaje y en qué consisten dichas demandas. Noticiar sin informar es el estilo periodístico que parece compartir la iglesia católica, a través de su vocero, con la prensa oficial. Márquez, por supuesto, asumió que Granma publicaría su regaño contra los malos católicos solo si no contenía precisamente la parte más interesante del suceso. Sin embargo, lo que no obvió la nota del Arzobispado fue una críptica línea dedicada a la posición conciliadora de las autoridades del gobierno, "quienes se comprometieron a no actuar en modo alguno", algo que nos recuerda que la dictadura cubana anteriormente se ha permitido el derecho de violentar sin miramientos los espacios sagrados del culto, y jamás ha pedido perdón por ello ni ha sido públicamente regañada por las autoridades católicas.

Ante la ausencia de detalles, hubo que confiar también en la sagacidad de Orlando Márquez cuando asegura que estamos frente a "una estrategia preparada y coordinada por grupos en varias regiones del país. No es un hecho fortuito, sino bien pensado y al parecer con el propósito de crear situaciones críticas a medida que se acerca la visita del Papa Benedicto XVI a Cuba". (El subrayado es de esta escribidora irreverente). Solo faltaría, para un mayor parecido con el lenguaje del Gobierno, asegurar que fueron dirigidos y financiados desde el exterior. Agradezco a Márquez al menos la gentileza de no sucumbir a semejante tentación.   No obstante, ¿quién puede ignorar que los cubanos estamos en situaciones criticas desde hace décadas, no precisamente creadas por nuestra propia voluntad, e incluso sin tener disidentes inoportunos ocupando los templos?

Ahora bien, el templo de La Caridad permanece abierto al servicio religioso con la protesta de estos trece dentro. Sin dar a conocer el contenido de las demandas y con los controles que se han establecido a la entrada del mismo,  no se debería afirmar que el recinto este siendo utilizado como "lugar de demostración política publica". Más bien resulta una posible ratonera para los demandantes tan pronto las autoridades decidan arrancarse la máscara de bondad. También se me ocurre pensar que, acertada o no, tal vez esta sea la vía más efectiva que han encontrado algunos grupos de cubanos para hacerse escuchar, ya que no cuentan —como si tienen la Iglesia Católica y el Gobierno— con medios de prensa para expresarse. El gesto, por sí solo, debería verlo el alto clero cubano como un llamado de auxilio y no como una profanación.

Confieso que quizás debido a mi condición de no religiosa me resulta difícil entender algunos presupuestos del discurso oficial católico. O acaso padezco de una suerte de alergia frente a todos los discursos oficiales. Por ejemplo, no entiendo como se puede servir a Cristo, defensor de su pueblo e indudablemente disidente de su tiempo, y a la vez proteger solo a los poderosos. ¿Es que no privilegia la Iglesia Católica cubana a los más sufridos? ¿No son precisamente los disidentes los más necesitados de protección en condiciones de dictadura? ¿Por qué los altos representantes del clero no han dedicado jamás una misa a la memoria de esa cubana tan digna y admirable, Laura Pollán, a Orlando Zapata o a Wilman Villar, y en cambio han hecho fervorosos votos por la salud de ese otro caudillo foráneo y belicoso, Hugo Chávez? ¿Acaso eso no es asumir posturas políticas?

Resulta demasiado hipócrita a estas alturas fingir que todo esta bien en Cuba, venga o no el Papa. Es también un embuste pueril negar que la Iglesia sea una institución política y no solo religiosa, que no por gusto ha sobrevivido, poderosa, durante casi dos milenios. La nota del Arzobispado parece responder más a una exigencia oficial de las autoridades del Gobierno que a un sentimiento de verdadera fe cristiana. Y si acaso me equivoco y la fe ordena callar y mirar hacia otro lado; si en virtud de esa fe la visita de Benedicto XVI debe estar rodeada de una solemne coreografía y de un manto que oculte la realidad de nuestro país, no creo que esa sea la fe que necesita Cuba. Y que Dios me perdone.

Nota final: Marzo 16. En la noche de ayer, por pedido expreso del cardenal Jaime Ortega, fue desalojado el templo de La Caridad por fuerzas de la policía. Testimonios de algunos de los implicados afirman que fue utilizada la fuerza y los disidentes fueron amenazados y arrastrados. Como se puede comprobar, esto desmiente la supuesta interlocución entre la iglesia y el Gobierno acerca de que éste no tomaría acción alguna contra los ocupantes del templo. El Cardenal Ortega no solo ha vuelto a tomar partido inequívocamente junto al poder, sino que, de paso, ha dejado muy mal parado al director de la revista católica Palabra nueva.