Domingo, 25 de Septiembre de 2016
00:15 CEST.
Opinión

Los proyectos independientes y el Estado

En los últimos años, uno de los acontecimientos más interesantes en la escena política cubana ha sido la aparición de proyectos alternativos de índole no abiertamente política, sino cultural, social, de pensamiento. Se trata de proyectos que critican prácticas institucionales y dan voz a sectores hasta ahora excluidos del debate social. A pesar de cierto y variable grado de tolerancia por parte del Estado, son iniciativas que han tenido que soportar las continuas presiones de la policía política. Entre ellas están los grupos OMNI Zona franca, Estado de SATS, Observatorio Crítico, las publicaciones Havana Times y Voces, el Observatorio Cubano de los Derechos LGTB, el Colectivo La Rueda, el Comité Ciudadano por la Integración Racial, la Cofradía de la Negritud, el Club de Escritores Independientes…

El fenómeno no es nuevo. Apunta a un despliegue de la política por otros medios ya aparecido a fines de la década del 80 con proyectos como PAIDEIA, finiquitados, entre otros factores, por la presión estatal. Si bien aquellas iniciativas estaban más centradas en la esfera artística, representando, si acaso, los intereses de escritores y artistas jóvenes, sus homólogos actuales tratan de temas tan diversos como la etnicidad, el medio ambiente, el arte, la sexualidad. En ningún caso se presentan como plataformas políticas o de rechazo frontal al régimen. Buscan cambiar las cosas desde abajo. Su función es más cercana a un activismo que trabaja por crear conciencia a nivel nacional o local, proponiendo mejoras, que a la de grupos políticos que buscan cambiar el sistema.

Pudiera pensarse que estos proyectos, al no proponer un cambio radical, no tienen otra función que propiciar una vía de escape para la ciudadanía, una propuesta de reforma del régimen. Siendo así, tarde o temprano el Estado podría institucionalizarlos o instrumentalizarlos. Ciertamente, es una posibilidad. Especialmente si el Estado, con sus enormes recursos y poder de intimidación, logra atraer a algunos líderes. Pero aun siendo este el caso, cualquier proyecto alternativo que se origine en una sociedad totalitaria  tiene la capacidad de desestabilizar el sistema. La cuestión está en aprovechar el momento y en crear espacios de libertad, acción y reflexión. Con esto se evitaría que temas como el de la afrocubanía, la sexualidad, la cultura o el medio ambiente sean monopolizados por el régimen, con la consecuencia de que le sirvan para afianzar su ideología y aceitar su engranaje represivo.

Estos grupos tienen a su favor el desgaste de las políticas tradicionales, y la renuncia gubernamental, dada la crisis económica, a su papel de padre protector del pueblo. El retroceso puede ser una oportunidad para que la ciudadanía se apropie de las zonas abandonadas, cree proyectos y agendas horizontales.

Pongamos el caso del CENESEX. A través de este organismo, el gobierno ha monopolizado el debate originado a principios de la década del 90 sobre la inclusión de gays y lesbianas en la sociedad, a la vez que estructuró, desde el punto de vista institucional, un discurso, una forma de enfocar las relaciones sexuales patrocinado por la ideología hegemónica. Su estrategia se limita a cambiar la percepción desde arriba, desde la institucionalidad del Poder. Tal perspectiva le asegura al gobierno el completo dominio del tema y la capacidad de decidir cuáles serán los cambios en el futuro. La aparición, sin embargo, de más de un interlocutor social en este campo, que formule una visión diferente y sólida, obligará al CENESEX a renunciar a sus pretensiones.

Lo mismo podría decirse de las llamadas organizaciones "de masas" (Central de Trabajadores de Cuba, Federación de Mujeres Cubanas y el mismo Partido Comunista), que hoy en día poseen el control sobre diversos sectores de la ciudadanía. La única forma de arrebatarles autoridad es creando otras que, irónicamente, ya existían antes del triunfo de la revolución, eliminadas en virtud de la línea política que siguió el Partido tras tomar el poder. La FMC por ejemplo, fue creada en 1960 para asumir funciones que hasta entonces tenían otras asociaciones como la Hermandad de Madres "Marta Abreu" (1956), y las Mujeres Oposicionistas Unidas (1957). La Hermandad de Madres tenía su propio congreso y un programa sólido de ayuda comunitaria; entre sus objetivos estaba buscar el mejoramiento de la maternidad en Cuba, la lucha contra la desnutrición, la enseñanza de los padres sobre el cuidado de los hijos, y la educación de la población en los principios democráticos.

Al fundarse la FMC, el activismo social simplemente se convirtió en activismo a favor del Estado revolucionario, desapareciendo la enseñanza de la democracia de entre los propósitos de la organización.

Una sociedad civil en la que participen los múltiples actores de la actualidad cubana desde un plano horizontal, sin jerarquías políticas, haría bien en retomar estos proyectos clausurados, adaptarlos a las necesidades actuales, buscar fondos para sostenerlos. En tal sentido valdría comparar el programa de las Mujeres Oposicionistas Unidas (1957) con el de las Damas de Blanco (2003), pues ambas organizaciones se crearon con objetivos bastantes similares. La primera para ayudar y protestar por los prisioneros políticos del régimen de Batista, la segunda para reclamar la excarcelación de los presos de la Primavera Negra de 2003.

Otros grupos independientes han tomado un camino similar, retomando el activismo social que precedió el régimen de Castro. La Cofradía de la Negritud, por ejemplo, fundada en 1998, se planteó llamar la atención del Estado y la ciudadanía sobre "la desigualdad racial que está teniendo lugar en nuestro país", "propiciar la promoción y el fomento de la iniciativa y el esfuerzo propios de la población negra", y "trabajar para asegurar la prestación de una efectiva atención a la defensa del respeto de los derechos de todo tipo de la población negra cubana". La creación de este grupo se hace particularmente importante, ya que al triunfo de la revolución el Estado monopolizó los reclamos de igualdad y bienestar social de este sector de la población. Así, acabó con las sociedades de color y los clubes independientes, haciéndoles creer que sus miembros eran quienes más se habían beneficiado con el cambio social. Sin embargo, siguieron manifestándose actitudes racistas a todos los niveles de la sociedad, y la pobreza en este sector aumentó dramáticamente, sobre todo en los años 90.

La cuestión está en que no siempre los proyectos independientes van en contra de la perspectiva del Poder, y por tanto son susceptibles de ser absorbidos por él. A juzgar por las palabras de Norberto Mesa Carbonell, fundador de la Cofradía de la Negritud, esto fue lo que sucedió con su grupo. Primero el gobierno presionó para que abandonara su propósito, después lo aceptó y ahora lo invita a eventos oficiales, como la celebración del primer centenario de la fundación del primer partido negro.

Las estrategias de cada grupo pueden ser muy diversas. Lo que sí queda claro es que el Estado no se moverá mientras no se sienta presionado, y que la opción de crear proyectos que se alejen de las políticas tradicionales puede resultar efectiva. Ante todo, es necesario establecer redes alternativas de comunicación y atomizar estas organizaciones con el objetivo de reconstruirlas de forma individual, no jerarquizada y democrática. Por supuesto, no es una tarea fácil. El régimen no está dispuesto a reconocer a ningún actor independiente, mucho menos con una agenda de cuestionamiento abierto. Por eso, no hay que esperar por dicho reconocimiento.

A la nula voluntad de escucha, al chantaje, al ataque personal y a la calumnia se oponen ahora internet y las nuevas tecnologías de la comunicación. Antes, cuando PAIDEIA, dichas herramientas no existían. Por eso urge que los proyectos independientes adquieran más visibilidad en la red, den a conocer sus objetivos y las necesidades que quieran cubrir. Faltaría la cuestión de cómo sobrevivir frente a un régimen que no acepta otro actor social, dispuesto a todo con tal de mantener el estatus quo. ¿Cómo sobrevivir al maltrato y evitar ser absorbido por la maquinaria estatal? ¿Es estratégicamente recomendable definirse políticamente en oposición al Estado o mantener una agenda neutral con el fin de seguir trabajando en temas específicos?

Habrá quien piense que solamente la lucha frontal y directa contra el régimen traerá réditos, habrá quien crea que es preferible un cambio paulatino. En cualquier caso, a menos que surja un levantamiento repentino de la población, el cambio parece venir ahora mismo de esa pugna silenciosa y persistente a la que se enfrenta el Estado desde distintos ángulos.