Sábado, 1 de Octubre de 2016
21:53 CEST.
Derechos Humanos

No violencia en Cuba: ¿un caso particular?

Recientemente discutí con unos amigos sobre los métodos utilizados por los movimientos de oposición en el mundo que fueron exitosos porque derribaron a regímenes autoritarios. Se habla del pueblo serbio que derrocó a Milosevic, los sudafricanos que obligaron al gobierno segregacionista a sentarse junto a Mandela o los chilenos que con el NO hicieron tambalearse a Pinochet. A la luz de más de veinte años vemos aquello como algo mítico, místico, mágico. Por ser un soñador, mis amigos me atacan afirmando que no somos iguales, y les respondo con una pregunta igual de difícil: ¿Y en qué no somos iguales? ¿Acaso no nos parecemos?

Por los testimonios ofrecidos por los líderes del movimiento juvenil serbio (Otpor) y el pueblo en general, sabemos que la gente de los Balcanes no les tenía menos miedo al General Tito y a Milosevic que por acá a los hermanos Castro. Hasta donde sé, el mundo democrático ignoró por décadas las atrocidades del régimen del apartheid, a los prisioneros políticos soviéticos, y los asesinatos en Rumania… igual que pasó con Cuba hasta hace muy poco.

"Un humilde zapatero de Cracovia se negaba a colaborar con el movimiento Solidaridad por miedo a perder su fuente de ingresos, por eso era incapaz de abandonar su vida en la mentira”. Según Vaclav Havel, la securitate en Bucarest paralizaba a las personas con solo enseñarles un carné. Tres carabineros cerraban una calle en Santiago y a cualquier chileno se le helaba el cuerpo de terror. Sin embargo un día todos dijeron ¡Basta! y terminaron los abusos. Que sepamos, el mayor de los horrores solo duró setenta y tres años. Entonces, ¿por qué no nos parecernos?

En Cuba pasea de mano en mano un documento confeccionado y traducido por Omar López Montenegro. Es un extracto titulado 10 pasos fáciles de la No violencia, exitosamente desarrollados por los estudiantes serbios de Otpor. Quiero encender el foro y me gustaría empezar comentando, intencionalmente, por el paso No. 7, que sugiere "Inducir la deserción en las fuerzas de Seguridad".

Tanto el régimen cubano como los escépticos de la no-violencia aluden a la fidelidad de las tropas cubanas a la dictadura, de su sujeción a las prebendas que una ofrece a la otra y el carácter de plaza sitiada que el gobierno de La Habana ha vendido a sus sostenedores por más de cincuenta años.

A unos y otros en la discusión de hace una semana en Santiago de Cuba les recuerdo esto:

a) Ni siquiera en los gobiernos dictatoriales de Gerardo Machado y Fulgencio Batista hubo una cárcel en cada provincia para militares indisciplinados, corruptos y desertores como existen hoy en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

b) En cincuenta y ocho años de República, incluyendo crímenes y excesos, jamás hicieron falta unidades de Prevención para retener y capturar a soldados fugitivos, como ocurre ahora mismo con los reclutas de dieciséis años que apenas acabada de abandonar la adolescencia tienen que ingresar al Servicio Militar General (obligatorio). ¿Alguien tiene la cifra exacta de los soldados y reservistas cubanos que en las guerras castristas en África desertaron, deambularon por esos países y luego fueron a dar a EE UU o Europa?

Muchos se preguntan si en verdad los militares cubanos emplearán los tanques contra la población civil. Esos policías que hoy vuelven el rostro para no ser fotografiados por los propios ciudadanos, ¿qué esconden?, ¿qué temen?, ¿qué mensaje indirecto nos envían?