Jueves, 14 de Diciembre de 2017
15:56 CET.
Opinión

Saharauis y cubanos

Fatalmente abducidos por las cuestiones económicas, no hemos prestado ninguna atención a la nueva afrenta que el gobierno de Marruecos ha infringido a la Declaración de los Derechos Humanos: hace una semana el eurodiputado español Willy Meyer, vicepresidente de la comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo, fue expulsado de El Aaiún (Sáhara Occidental) cuando intentaba bajar del avión en el que había viajado para entrevistarse con Aminetu Haidar, destacada activista pro-derechos humanos del pueblo saharaui. Añadamos que la única reacción conocida (hasta ahora) del gobierno español ha consistido en presentar al día siguiente una queja formal ante el gobierno de Rabat.

No sé, pero aunque cada gobierno pueda tener sus razones para permitir (o no) la entrada en su territorio de los viajeros que considere más oportunos, no es aceptable que un representante del pueblo español vea limitada su libertad de movimientos en un país con el que nos unen tantos lazos de buena vecindad, cooperación y simpatía cultural y humana. Si eso ocurre con un eurodiputado, ¿qué podría ocurrir con un activista humanitario desconocido? Supongo que es un asunto grave y supongo también que el gobierno español tendría que haber hecho algo más que quejarse.

Pero lo más desagradable de este incidente no acaba aquí; lo más desagradable es que Willy Meyer, eurodiputado por Izquierda Unida (IU), jamás ha condenado esta clase de abusos cuando los comete el gobierno dictatorial de la familia Castro contra otros mandatarios o activistas europeos que viajan a Cuba con las mismas intenciones que a él lo han llevado hasta el Aaiún: solidaridad con los oprimidos, apoyo a la causa de la libertad. Pero las contradicciones de este dirigente de IU no acaban aquí: Meyer siempre ha puesto toda clase obstáculos cada vez que el Parlamento Europeo ha promovido declaraciones o medidas solidarias con aquellos que soportan en Cuba diariamente lo que este eurodiputado ha soportado en el aeropuerto de Aaiún. Pero hay más: en la convención de IU celebrada a principios de octubre Willy Meyer tomó la palabra para exponer una idea hiriente o absurda: que no se puede ser de izquierdas si no se apoya al gobierno cubano, disparate con el que también coincidió Cayo Lara, coordinador general de IU y candidato presidencial.

Dejándose llevar de estas pulsiones totalitarias (quisiéramos pensar que son solo eso, pulsiones residuales) los dirigentes de IU muestran una incomprensible y sospechosa doble moral (y de doble moral ya tenemos bastante en España) y, además, arruinan sin remedio la naturaleza democrática de amplias zonas de la izquierda española. No cabe duda: la falta de libertades en Cuba y en el Sáhara Occidental son iguales, merecen el mismo rechazo.

 


Este artículo apareció en Granada Hoy y se reproduce con autorización del autor.

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