Jueves, 14 de Diciembre de 2017
15:56 CET.
Opinión

Los secuestrados

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Cuba es un país secuestrado por el miedo. También es un país que ejerce de forma rutinaria la violencia sobre sus ciudadanos. No hay ley ni estamento político que se lo impida. Simplemente el Estado tiene la totalidad del poder y lo ejerce de forma indiscriminada sobre aquellos que considera indeseables. Todo aquel que no esté junto al gobierno, que no repita las consignas del Estado y no esté dispuesto a comulgar con sus mentiras, es una víctima potencial de sus miedos. Porque hay que estar claros: un Estado que ejerce este tipo de violencia sobre los ciudadanos lo hace únicamente porque tiene miedo, y la única forma que encuentra para justificar sus crímenes es culpando a sus enemigos de ser agentes subversivos, escorias y gusanos. Contra ellos, el Estado cubano enfila sus armas, aun aquellas que son completamente ilegales en el resto del mundo, como es la figura de la pre-delictividad.

Según Wilfredo Vallín, presidente de la independiente Asociación Jurídica Cubana (AJC), el delito de pre-delictividad está avalado en el código penal cubano, aunque es rechazado en el resto del mundo. A través de este "delito" se encausa a personas que nunca han transgredido la ley, pero que según el Estado son proclives a hacerlo. Este encausamiento va en contra, sin embargo, del fundamento principal del código penal, que asume que todos los ciudadanos son inocentes hasta que se pruebe lo contrario. Es una contradicción que no se ha resuelto, según Vallín, por una simple razón. Se trata de un "saco abierto" en el cual puede entrar cualquier persona y que se ha dejado así "para cuando haya alguna divergencia de tipo político y la persona no puede ser encausada porque no ha sido sorprendida en un delito flagrante, aplicarle el concepto de la peligrosidad pre-delictiva y entonces encarcelarla".

Los secuestros de la bloguera Yoani Sánchez en una parada de ómnibus, del grafitero El Sexto en una esquina de su barrio, y más recientemente el de Nila Cortés en un restaurante de La Habana, muestran que ningún ciudadano está exento de este tipo de represión, que son sujetos desechables, sin derechos jurídicos, cuyos "casos" ya están tipificados en la ley de antemano.

Por esta razón, la policía política puede arrestarlos con o sin una orden de detención, y arrojarlos a una celda por el tiempo que crea conveniente. Las autoridades no necesitan justificarse. Ellas son la ley, y la ley la hacen todos los días a su conveniencia. No extraña entonces que en una sociedad acostumbrada a este tipo de abusos, muy pocos protesten, y que a quienes lo hacen, basta que la policía los acuse de "gusanos" o sugiera que hay que "investigarlos", para que esa masa muda, inerte, acostumbrada a los azotes, acepte sin protestar el atropello.

¿Cómo es posible si no, ver impávidamente que metan a una mujer a puñetazos en un carro? ¿Cómo es posible que nadie diga nada, que nadie vea nada, que lo justifiquen y se queden callados?

En la Argentina de la dictadura de finales de los 70, los carros en que se llevaban a los opositores eran Ford Falcon verdes. Se apostaban detrás de las casas o de las escuelas a esperar a que salieran sus víctimas. Luego, en las cárceles las mujeres eran violadas, y a los hombres se le ponían picanas eléctricas en los testículos para hacerlos hablar. En Cuba no son Ford falcones los que hacen las recogidas. Son Ladas blancos, de esos que quedan todavía en La Habana, reliquias de la era soviética. Los secuestradores, por su parte, usan métodos más refinados pero igualmente mortales, el chantaje, la coacción, el atropello verbal y la mentira. Su objetivo no es acabar con el cuerpo, sino con el espíritu. Hacer que se sienta miedo, que se sienta la fuerza de todo el Estado sobre los hombros de las víctimas, como un poder sobrehumano.

En estas condiciones, El Sexto estuvo casi cuatro días encerrado en una celda y Nila Cortés, que vive en Miami, lleva ya muchos más. Al igual que hacen los secuestradores y narcotraficantes en países como Colombia o México, la policía política cubana le ha pedido a los familiares que no vayan a los medios. Que no avisen a nadie. Que les dejen hacer su trabajo pacientemente.

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