Viernes, 15 de Diciembre de 2017
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Opinión

El final de los tiranos

"Fidel Castro me dijo un día, después que capturaron a Saddam por allá, en aquel hueco donde lo agarraron: él tenía que haber muerto peleando. 'Si invaden Cuba, yo voy de primero. Y tú, bueno, verás qué haces. Pero tú también estás en la lista. Pero nosotros no podemos en ningún caso ser capturados en un hueco'".

Así dijo Hugo Chávez a Ian James, corresponsal de la agencia noticiosa AP en Venezuela, el 12 de junio de 2007, mientras conducía un automóvil por zonas rurales de ese país.

Cuatro años después, Muamar el Gadafi,  otro revolucionario amigo de Castro y Chávez, quien repetía que moriría combatiendo si intentaban derrocarlo, también se escondió en un hueco. Allí fue capturado, y lejos de usar la pistola de oro que llevaba "para vender cara su vida" comenzó a implorar clemencia.

Como reza el refrán, "quien siembra vientos recoge tempestades". Fueron tantos los crímenes de Gadafi, y tanto lo que hizo sufrir a su pueblo, que fue linchado al ser sorprendido. Fue una  ejecución más rápida que la de Benito Mussolini, cuando disfrazado de soldado alemán, resultó detenido mientras trataba de escapar a Suiza en un camión.

Y hablando de pistolas, Fulgencio Batista, otro colega de Castro, afirmaba que al dar el golpe de Estado en 1952 llevaba su pistola "con una bala en el directo". No obstante, el primero de enero de 1959 huyó del país en un avión con millones de dólares del tesoro público.

En 2005, Castro advirtió en un discurso en el teatro habanero Karl Marx sobre el peligro "cada vez mayor" de una invasión militar a la isla; acerca de los planes del presidente Bush para asesinarlo, al final de su arenga gritó: "Que lo sepan los imperialistas, si nos invaden y hay armas, yo moriré combatiendo...". 

También su hermano Raúl, ahora dictador oficial, ha asegurado que "si los yanquis invaden", él morirá peleando como un tigre.

Aquí cabe observar tres cosas: 1) ambos hermanos saben que no habrá ninguna invasión estadounidense; 2) en caso de producirse, los invasores serían recibidos como salvadores, ya que tal acontecimiento ocurriría solo si el régimen masacra a la población durante una revuelta, como hizo Gadafi en Libia; y 3) ningún dictador de la era moderna ha muerto combatiendo.

Los dos primeros factores son subjetivos, pero el tercero es un hecho comprobado. Desde el más célebre del siglo XIX, Napoleón Bonaparte —quien murió de cáncer en Santa Elena—, pasando por otro también del mismo siglo, el argentino Juan Manuel Rosas —que murió tranquilamente en su exilio de Inglaterra—, hasta nuestros días, ningún "hombre fuerte" ha muerto combatiendo contra sus oponentes. Y desde 1900 han sido al menos 94 los gobernantes a nivel mundial (debe haber más) que sin ser reyes, príncipes, emperadores o sultanes (cargos monárquicos hereditarios) han permanecido en el poder por al menos 10 años ininterrumpidamente sin someterse a elecciones democráticas y han fallecido sin empuñar las armas.

Ninguno tuvo un final heroico. Ni uno solo de los 37 derrocados luchó o disparó un tiro tal y como habían prometido. La mayoría, en cambio, huyó con el dinero malversado.

Cinco de ellos fueron asesinados: Anastasio Somoza García (1956, Nicaragua), Rafael L. Trujillo (1961, República Dominicana), Park Chunk Hee (1979, Corea del Sur), Anuar el Sadat (1981, Egipto) y ahora Gadafi.

El italiano Benito Mussolini y Nicolae Ceausescu, en Rumanía, fueron ejecutados sumariamente, "en caliente". Saddam Hussein fue condenado a muerte por un tribunal y ahorcado. Hitler se suicidó, y Somoza fue asesinado en un atentado en Paraguay, después de ser derrocado.

Muchos de estos déspotas fueron depuestos de manera más pacífica, sobre todo en Europa del Este. Y casi una treintena de ellos murió en el poder, apaciblemente.

Campeón mundial

De todos, Fidel Castro es el campeón mundial. Es el único tirano que ha llegado a medio siglo en el poder. Tres colegas suyos martirizaron a sus pueblos por más de 40 años: Kim Il Sun, de Corea del Norte, 48 años (murió en el poder); Gadafi, 42; y Enver Hoxha, de Albania, 40 años (murió en el poder).

Hay 18 iluminados que han gobernado —o gobiernan aún— entre 30 y 40 años, encabezados por Francisco Franco y Oliveira Salazar, 36 años; Alfredo Stroessner, Josip Briz Tito y Todor Yivkov (Bulgaria), 35 años; Janos Kadar (Hungría) y Felix H. Boigny (Costa de Marfil), 33 años; así como Mobutu Sese Seko (Congo), Jose E. Dos Santos (Angola), Suharto (Indonesia), Yu Tsedenbal (Mongolia), y Teodoro Nguema (Guinea Ecuatorial), con 32 años como dictador cada uno.

De ese grupo de Grandes Ligas siguen dictando órdenes, en pleno siglo XXI: Dos Santos, Nguema y Robert Mugabe (Zimbawe). Otros 28  han gobernado entre 20 y 30 años, y el resto (44), entre 10 y 20 años.

El África subsahariana se lleva la palma con 30 tiranos, seguida de América Latina con 20; Asia, 15; Medio Oriente 14 y Europa, 14. O sea, al Tercer Mundo le corresponde el 85% del total. El otro 15%, los europeos, fueron todos comunistas o fascistas.

Sin embargo, con excepción del África al sur del Sahara, donde aún proliferan los dictadores adictos al llamado "socialismo africano", los casos de Corea del Norte o Uzbekistán en Asia, o las autocracias represivas vigentes en Irán, Siria, Yemen, y otros países del Medio Oriente, lo cierto es que la humanidad goza hoy de más libertad social y política que nunca antes. La única dictadura existente en la actualidad en todo el hemisferio occidental es la cubana.

Tras la ola de rebeliones populares que han sacudido y sacuden las dictaduras en el mundo árabe, tras el fin del comunismo en Europa y el de las dictaduras militares y las guerras civiles en Latinoamérica, las tiranías andan en problemas. Las hay todavía, pero no parecen tener un futuro muy halagüeño. Que le pregunten, si no, a los dictadores de Siria, Argelia (buenos amigos de los Castro), o de Yemen.

En tanto, Raúl y Fidel Castro no acaban de entender nada y parecen dispuestos a colmar la copa. Con su autismo político, insisten en que la actual ebullición democrática global no se puede aplicar a Cuba, e incluso afirman que el pueblo ya "se indignó" en 1959.

Sin embargo, hay personas en la cúpula castrista —incluyendo militares— que sí comprenden la inevitabilidad de efectuar cambios, y que han tomado nota de que Hussein y Gadafi tuvieron que esconderse en sendos huecos. Si los Castro se obstinan en seguir haciendo sufrir a la gente, resultará cada vez menos descabellado visualizarlos teniendo que esconderse en alguno de esos túneles secretos que hicieron construir en La Habana y otras áreas del país.

Nunca se sabe, reza una frase popular.

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