Martes, 12 de Diciembre de 2017
13:04 CET.
Derechos Humanos

El ciudadano, una deuda con el Padre Varela

Bajo el rótulo El lugar de la ciudadanía, participación política y República en Cuba, el Centro Cultural Padre Félix Varela fue escenario, el pasado sábado 2 de julio, de una conferencia impartida por el licenciado en Derecho y profesor universitario, Julio César Guanche. La institución, perteneciente a la Arquidiócesis de La Habana, ocupa la edificación en la que hasta el pasado mes de enero se encontraba el Seminario San Carlos y San Ambrosio, donde el padre Félix Varela y Morales ocupó a principios del siglo XIX las cátedras de Filosofía y de Constitución, desde las cuales desarrolló una labor cultural, educativa y cívica, encaminada a la formación del pensamiento y la nacionalidad de los cubanos.

En las palabras inaugurales, el rector del Centro Cultural, Yosvany Carvajal, explicó que este nuevo espacio de pensamiento, estudios y debates iniciará sus funciones académicas en el venidero mes de septiembre y posteriormente se irán incorporando otras funciones docentes y culturales. En ese sentido, la conferencia de Julio César Guanche, resultó ser un ensayo previo a la definitiva inauguración.

Nada más oportuno para la realidad sociopolítica cubana que el tema de la ciudadanía y la participación política. En ese sentido la disertación del joven intelectual cubano comenzó con las palabras pronunciadas por Félix Varela en la inauguración de la Cátedra de Constitución en 1821: "Y yo llamaría a esta Cátedra, la cátedra de la libertad, de los derechos del hombre, de las garantías nacionales, de la regeneración de la ilustre España, la fuente de virtudes cívicas, la base del gran edificio de nuestra felicidad, la que por primera vez ha conciliado entre nosotros las leyes con la filosofía... la que contiene al fanático y déspota...".

Entre otros planteamientos, Guanche abordó aspectos de la legalidad de la sociedad cubana contemporánea, así como la necesidad de crear y utilizar los espacios, reales o potenciales para ejercer la ciudadanía a través de claves definidas por Félix Varela. Señaló que a pesar de que las estadísticas exhibidas por las autoridades cubanas respecto a la alta participación popular en las elecciones, el sistema electoral deja en pie conflictos entre la base institucional y la participación ciudadana. Y agregó que los programas de gobierno local, provincial y nacional no resultan definidos a través del proceso electoral.

Así, el papel de la ciudadanía y su participación en la política nacional cubana devino eje de un intenso y respetuoso debate entre intelectuales, profesores universitarios, académicos y periodistas presentes, de las más diversas tendencias, acerca de cómo construir poder, confirmar poder, ampliar poder y usar la política para ensanchar las formas de convivencia: un testimonio práctico de la necesidad de someter a debate público temas vitales de nuestra sociedad.

Intervenciones como las de las profesoras de la Universidad de La Habana Berta Álvarez y Maria del Carmen Barcia, acerca de las constituciones cubanas y del concepto de ciudadano respectivamente, así como la del escritor Víctor Fowler, quien explicó la diferencia entre la formación de ciudadanos y de revolucionarios, demostró lo acertado de la invitación cursada por la dirección de la revista Espacio Laical.

El Padre Varela: tareas pendientes

El Padre Varela, cuyo nombre preside el Centro Cultural, fue el primero que habló en Cuba de patria con el concepto abarcador de todo el territorio nacional, de pertenencia, de arraigo y de intereses. El padre Varela evolucionó desde la autonomía hasta devenir promotor de la independencia. Desplazó su pensamiento desde el buen trato a los esclavos hasta la eliminación de la horrorosa trata negrera y la abolición de la esclavitud. Y eligió la educación como camino de la liberación, le trazó un rumbo propio al pensamiento cubano y se empeñó en enseñarnos a pensar. Fue él , además, quien introdujo la Ética en los estudios científicos, sociales y políticos. Por todo ello aquel gran pedagogo que también ocupó la cátedra de Filosofía, José de la Luz y Caballero, lo definió como "nuestro verdadero civilizador".

La conferencia y el debate suscitado en dicho centro cultural develaron que la labor iniciada por Varela hace 190 años no solo está inconclusa, sino pendiente. Precisamente hace apenas dos semanas el Presidente del Consejo de Estado de Cuba, Raúl Castro, expresó en un consejo ampliado del Consejo de Ministros: "Necesitamos discutir y discrepar más a todos los niveles de dirección, pues en la diversidad de criterios están las mejores soluciones a nuestros problemas actuales". Una verdad limitada, pues la diversidad de criterios tiene que extenderse hasta el debate ciudadano.

Se trata, en una sociedad como la cubana, carente de una sociedad civil independiente, de propiciar el diálogo como mecanismo de participación e intercambio de ideas, sin lo cual ningún proyecto de transformación social puede tener éxito, aunque lo encabece el Partido Comunista.

En Cuba, por razones conocidas, la gente está cansada de ser objetos de consignas y discursos. Es necesario que los individuos inmersos en la sobrevivencia se conviertan en público, hasta que las deliberaciones se transformen en fuente para el perfeccionamiento suyo y de la gestión gubernamental. Se impone, pues, abrir las puertas de la política, cuyo punto de partida comienza por el intercambio de ideas entre todos para identificar intereses comunes, para proponer medidas antes de que sean aplicadas o estén en proceso de aplicación.

La política, cuya definición deriva del término polis con el que los antiguos griegos designaban la ciudad, se ha relacionado desde su origen con las actividades públicas para garantizar el bien común. Es decir, que la política como invento humano comenzó desde que las comunidades comprendieron que su destino estaba sujeto a la toma de decisiones para sobrevivir. Política es relación entre personas con intereses comunes para la solución de problemas y, por tanto, antecede y trasciende la división clasista de la sociedad. Se trata de una actividad natural del ser humano que requiere participar, aprender sobre la marcha, equivocarse, hasta devenir verdaderos ciudadanos.

El reto está en la transformación de los individuos en ciudadanos, en actores políticos. Una transformación que tiene su punto de partida en los derechos humanos reconocidos universalmente, en particular en los de la primera generación: los derechos civiles y políticos. Ese proceso de formación ciudadana y de conformación de una opinión pública inexistente requiere actuar desde los principios ético-morales que sitúan al ser humano como fin y no como medio.

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