Domingo, 17 de Diciembre de 2017
12:16 CET.
Música

Concierto de Escuadrón Patriota: de Youtube a La Habana

Archivado en

El año pasado un videoclip incendió la blogosfera cubana dentro y fuera de la Isla. El archivo digital bajado de YouTube circula desde entonces promiscuamente, como un virus patrio de computadora en computadora, diseminándose con altísima conectividad off-line, gracias a los discos compactos y los pen-drives, desatando polémicas de pasillos y mucha admiración ante tanta temeridad Made In Cuba (“timbalidad”, la rebautizó un amigo escritor que no se atreve a escribir sobre el asunto).

Se trataba del fulminante tema Decadencia, de Escuadrón Patriota, protagonizado por un tal Raudel a secas, un joven negro cubano de mirada irradiante, del que apenas se sabía que habitaba en un pueblo devenido fantasma al sur de la provincia Habana: Güines.

El pasado sábado 21, de 9pm a 12 de la medianoche centrohabanera de La Madriguera (Quinta de los Molinos), sede de muchos conciertos propiciados por la Asociación Hermanos Saíz en la capital, el Escuadrón Patriota de Raudel rompió por fin la censura que lo atenazaba desde que el URL de Decadencia en YouTube convirtió a este “guajiro” —como él mismo se define— en un “joven rebelde” que ya es “ciudadano libre del mundo”. Pésele a la policía política que le pese.

A falta de corresponsales responsables en Cuba, le acerqué un micrófono amateur tras entregarle un CD con blogs alternativos hechos desde nuestro país. Me dio un abrazo. Sudaba como salido de una sauna, y el candor de sus ojos ya anunciaba lo que sucedió luego en escena, cuando el llanto dobló a Raudel dos veces ante el micrófono y no pudo terminar la canción Monólogo, donde relata las advertencias que ha recibido de un viejo amigo que combatió por la Revolución y ahora teme por la vida de este artista crítico, al considerar que ha incitado la venganza incalculable de un poder calculador.

“No tengo animosidades, mi mensaje es de transformación para todos los cubanos, los que lo entiendan y los que no”, dijo Raudel al micrófono de mi cámara digital. Y abundó que esa noche los “artistas alternativos” invitados por él serían como “alas del alma y el corazón” que, “sin ataques ni provocaciones”, expresarían la necesidad que tiene este pueblo ávido de “concientizar mensajes cívicos y espirituales para debatir cosas que nos competen a todos: la verdadera realidad de la Isla, analizando con orden el futuro inmediato de Cuba en este momento importante”.

Y sus invitados fueron, en efecto, una galería de alternatividad musical que constituyen la “resistencia de Cuba” y los “verdaderos revolucionarios” —según corearon— en comparación con los que habitualmente se hacen llamar así desde posiciones cómodas y oportunistas. Entre otros, Silvito el Libre, Los Aldeanos, Anónimo Consejo, Maykel Extremo, y los arreglos musicales de La Herencia, retumbaron entre los fallos de audio y los flashes que obscenamente tiraban en el público los policías de civil, al punto de que Gorky Águila, el líder de la banda punk Porno para Ricardo (no invitados a actuar en este concierto), sostuvo un rocambolesco tú-a-tú con uno de ellos, al increparle si se trataba de un “fans” o acaso un “chivatón”. Respuesta oficial: un cigarro prendido en fuga con sus músculos de quebrantahuesos y nada más…

Aunque no se vio ni a un solo policía dentro de La Madriguera (bastante falta que hicieron, pues se desató una bronca a botellazos entre los “guapos” encaramados en la azotea de la institución, y alguien salió sangrando), lo cierto es que, para la mirada paranoica de quien como yo ha sido violentado dentro de un auto parapolicial, el concierto se desarrolló tomado por agentes en fase de “documentar desafectos” e “intimidar cualquier manifestación subversiva durante la actividad” (y fuera de la actividad también, pues después pululaban los forzudos fotógrafos entre los orines noctámbulos de la Avenida de Infanta).

A ratos fue un concierto muy explosivo, inverosímil para la inercia habitual de los espacios públicos nacionales: se anunció en coro que “el día del cambio y la liberación” estaría más cerca si Cuba no tuviera miedo a vivir en la verdad; se prometió que ninguno de los músicos tenía por objetivo “abandonar” en esta hora agónica a nuestro país; se convocó a un debate abierto sobre la discriminación de nuestro “pueblo negro” en los “medios de comunicación y órganos públicos”; se habló de formas de arte “pacíficas, inteligentes, comprometidas” pero con “absoluta convicción, claridad y honestidad” para despertar de los “demonios” del sistema; se criticó una “realidad objetiva que es muy diferente a ciertos y determinados discursos”; se cantó, por supuesto, por el fin de la “decadencia” y por darle a esta Isla “un sentido, una razón de ser”, pues “los sueños son sueños hasta un día en que se hacen realidad”.

No sé qué habrán captado los espías undercover de la cultura underground (tal vez no estuvieran a sueldo del MININT sino del MINCULT), pero al menos yo sí reparé en la ignorancia marginal de buena parte del público: esos que entraban y salían como si de un bailable de carnaval se tratara, cuerpos con marcas y gesticulación nada pacifista de los barrios bajos, mentes alcoholizándose sin escuchar un solo verso de Raudel ni imaginarse el sentido histórico de este concierto del guerrero rasta de Escuadrón Patriota (clímax contestatario de su trayectoria solitaria pero solidaria desde YouTube hasta una Cuba en trance de post-Revolución).

“Gracias al Altísimo y a su Majestad Imperial Hailé Selassié I”, citándolos y dando la bendición a nombre de ambos —toque totalitario casi inevitable de tan común—, el evangelista Raudel movió raudo las tres horas de este concierto o “reunión de hermanos para demostrar que las cosas pueden salir bien en Cuba”. La intensidad de su verbo incendiario en plena cara de los censores (y las no menos pirómanas de los invitados) comprimió el tiempo a un abrir y cerrar de ojos. Nuestro hombre en Escuadrón Patriota está vivo y convence. Y, para colmo, dice que sólo Dios lo detendrá en tanto su público lo proteja.

La suerte está echada entonces. Por favor, no lo dejemos solo en un canal cubano de YouTube ni en el Gólgota diario de su Güines.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.