Sábado, 10 de Diciembre de 2016
18:57 CET.
Entrevista

En Cuba, la represión no tiene límites

Dos años después de su excarcelación, el ex prisionero de conciencia Alejandro González Raga no tiene dudas de que "el régimen no merece una lágrima ni una víctima más ".

Raga conversa con DIARIO DE CUBA acerca de la muerte de Orlando Zapata Tamayo y del recurso de huelga empleado ahora por otros disidentes y ex prisioneros políticos, como Guillermo Fariñas.

"Es innegable que la muerte de Zapata ha provocado la movilización de la opinión pública internacional; han sido muchos los países que han reaccionado". Sin embargo, "resulta muy triste que haya tenido que suceder esto para que exista ese despertar" de la comunidad internacional.

Este periodista —apresado durante la llamada Primavera Negra de 2003—, quien cumplió cinco de los 14 años de privación de libertad a que fue sentenciado por disentir del esquema dictatorial de los hermanos Castro, se hallaba ayer en Ginebra, en el Palacio de las Naciones, donde sesiona la 13ª sesión del flamante Consejo de Derechos Humanos.

Al CDH vino Raga con la convicción de que las denuncias sobre las violaciones a los derechos humanos en la isla son necesarias, aún cuando no tengan el eco esperado.

Miembro del Movimiento Cristiano Liberación —desterrado a España en 2008—, Raga fue uno de los gestores del Proyecto Varela. Ahora tiene la certeza de que el régimen dejará morir a Fariñas, al igual que abandonó a Zapata Tamayo.

En ese sentido, cree que habrá un antes y un después de la muerte de Orlando Zapata, tanto en las reacciones de los gobernantes de países democráticos como en la propia oposición y en el pueblo cubano. Para él, los gobiernos democráticos tienen el compromiso moral de exigirle al régimen que respete los derechos humanos y que libere también a los prisioneros políticos, en la actualidad unos 200.

"La noticia [de la muerte de Zapata] ha burlado la censura y ha llegado a la población. Se les ha escapado a los censores. Y la gente dice 'pero cómo es posible que esto haya pasado', porque la gente sabe cómo funciona en Cuba la represión, como son sus mecanismos… Pero esta noticia ha trascendido y ha recorrido la isla. Y ahora la gente empieza a reaccionar de una manera distinta".

Hay quienes se preguntan si el régimen habría empezado a cambiar… pero Alejandro González Raga asegura que "no, el gobierno no ha empezado a cambiar, el que ha empezado a cambiar es el pueblo".

"Yo creo que el régimen no merece una lágrima ni una víctima más de todas las que han muerto ya. Lo de Zapata sucedió; esperemos que no suceda lo mismo con Fariñas, esperemos que esto sirva de ejemplo y que el pueblo empiece a moverse hacia la libertad, lo que en el fondo sería la solución para todo este asunto".

Ante la posibilidad de más huelgas de hambre por parte de opositores, Raga recalca que es una opción muy difícil, por la cual él nunca optó.

En su opinión, es un recurso que no se debe emplear, pues ninguno de los que están presos debería de morir. "Ahora mismo —afirma— lo que necesitamos es gente dispuesta, gente capaz de llevar adelante los cambios".

"No recomiendo a nadie que haga una huelga de hambre, ni la estimulo, ni la apoyo. Entiéndase que apoyo al hermano que decida tomar cualquier determinación. Yo respetaré siempre ese derecho a escoger su manera de protestar. Ahora bien, no apruebo el que alguien se declare en huelga de hambre y muera por eso".

La prisión, sus momentos más difíciles. Su libro.

Cinco años de encierro en las prisiones de Canaleta, en Ciego de Ávila, en las tristemente conocidas de Kilo 8 y Kilo 7, vienen ahora a formar parte de un libro testimonial, de lo que este periodista independiente ha tenido que enfrentar para sobrevivir. "

El momento más difícil fue la noche del encierro", asegura Alejandro González. "Es esa parte donde llegas a un sitio desconocido, donde no hay nadie que te esté esperando. Y eso no se me olvidará jamás. Siempre lo he dicho, ninguna experiencia en prisión es color de rosa. Todo es traumático".

Sin embargo, asegura que el ser humano tiene esa magnífica capacidad de adaptación para sobrevivir, y que tanto él como sus hermanos presos, no han tenido más alternativa que adaptarse. Pero —insiste— la ruptura familiar es muy triste, el abandono en que te encuentras aislado.

En la prisión no hay nada de lo que uno pueda sentirte orgulloso. En sus declaraciones a DDC, González Raga dejó claro que el preso político no sólo sufre las precariedades de la prisión, sino el mal añadido de que, por ser un reo de conciencia, debe enfrentarse también a la mala voluntad del carcelero, que es su enemigo político. "Entonces —dice— la prisión se te convierte en algo realmente insostenible".

Alejandro González no cree —como se ha pretendido reflejar— que la cárcel tenga la capacidad de anular la conciencia o el deseo político.

El régimen, eso sí, tiene la capacidad de aniquilar al ser humano, pero eso es otra cosa. El régimen puede silenciar, aniquilar a un preso, pero eso no significa que el reo haya abandonado sus principios, o que haya claudicado.

Durante mucho tiempo el régimen ha utilizado su maquinaria informativa contra los presos de conciencia; todo un ejército mediático con millones de khtz, de horas de trasmisiones de radio, utilizado en contra de personas que lo único que piden son derechos legalmente reconocidos en todo el mundo, apunta González.

El libro —previsto para ser presentado hoy en Madrid— se inicia con la pérdida de un amigo que intentaba salir de Cuba, y con numerosas vivencias que forman parte de esa tragedia existencial que ha vivido el pueblo cubano.

Después vendrá la experiencia de la cárcel, narrada a través de las voces de presos políticos con los cuales convivió, partiendo del primer año de encierro, en la prisión de Canaleta, y la estancia en Kilo 8 y Kilo 7.

En general, expone Raga, "trato mi experiencia sin muchas aspiraciones literarias. Es un relato llano de lo que me ha pasado".

Esta historia "es tan sólo mi pequeño aporte a ese gran libro que se escribirá alguna vez", cuando Cuba sea libre.

Para este ex prisionero político, la mayor satisfacción de los años de encierro fue el haber compartido espacio con compatriotas como Raúl Rivero, Horacio Piña, Julio Valdés Guevara y Pedro Pablo Álvarez Ramos, a quienes no conocía y con los que de manera espontánea creó un lazo que los une más allá de la amistad.

El libro Pasión, Prisión y Destierro. Memorias de un prisionero político cubano, se presentará en Madrid el martes 16 de marzo, en la Casa de América, a las 12 pm. Además del autor, estarán en la mesa la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Doña Esperanza Aguirre, y el poeta y periodista Raúl Rivero.