Lunes, 20 de Noviembre de 2017
00:04 CET.
Serie Nacional de Béisbol

Una visita al estadio

El pasado domingo, como un cubano más seguidor del deporte de las bolas y los strikes, visité el retocado estadio Latinoamericano de La Habana. Jugaban Industriales y Granma, dos de los equipos que deberían ofrecer lo mejor del béisbol actual.

Mucho antes de comenzar el partido, el debate en las gradas era picante. La gente se preguntaba cuál es el camino que debe seguir la Serie Nacional. Unos decían que un cambio de estructura, que había muchas selecciones sin esperanzas y que estaban solo para participar. Otros argüían que, así como los artistas tienen contratos abiertos, los peloteros también deberían ser dejados "en libertad". Más allá, recordaron "el bloqueo", que no permite a jugadores cubanos residentes en la Isla participar en las Grandes Ligas.

El debate era tan cerrado que, una vez iniciado el duelo, casi me pierdo una excelente atrapada de Yoasan Guillén en el jardín central, tras correr hacia las colchonetas en una buena conexión de Raico Santos, quien ahora sustituye a su primo Roel como hombre proa de los campeones nacionales.

El inicio de partido fue emotivo, aunque Marcos Fonseca y Guillermo Avilés pusieron en mute al graderío de encima de tercera, con doble de línea al left field y jonrón enorme por el sector derecho, respectivamente. Pero Industriales atajó rápidamente a los Alazanes, con el jonrón 99 de la carrera de Yohandry Urgellés —se celebró pensando que era el 100—, sencillo de Alexander Malleta y un elevado de sacrificio de Frank Camilo Morejón. Hubo emociones y sonido de trompetas. Los azules de la capital ganaban 4 por 2.

El estadio no estaba lleno, pero la cantidad de público era aceptable para este béisbol sin perspectivas que padecemos. Viendo a Yoelkis Céspedes, hermano menor del estelar jardinero de los Mets de Nueva York, uno se pregunta qué deseos y motivaciones tendrá. ¿Jugar en los Mets, junto a su hermano, vestir la camisa del equipo nacional cubano? No he podido entrevistar a Céspedes, pero sí he hablado con él.

Es un chico amable, decente, que habla en voz baja y contesta cualquier pregunta. Por supuesto, otros aficionados alrededor del ómnibus de Granma le preguntaron a mi lado si le gustaría jugar en las Grandes Ligas, y él respondió sonriendo: "Claro, me encantaría. Ese es el sueño de cualquier pelotero."

Sus ojos estaban llenos de nostalgia, como de quien quiere y no puede, de la manera más natural del mundo, jugar en su país y luego ir de marzo a octubre a otra liga, tal y como hacen tantos jugadores internacionales.

Regresar y jugar en el país de cada quien es un derecho, como también lo es buscar un sueño y mejorar económicamente al ser contratado como pelotero profesional. Los cubanos no pueden hacerlo, no solo por el embargo, sino por la mentalidad absurda de los dirigentes del béisbol y del país que, sin pensar en esos atletas jóvenes y lo que significa su momento de esplendor, le cortan las alas.

Ciertos demagogos dicen ahora que el guantanamero Julio Pablo Martínez es un traidor. ¿Por qué? Simplemente porque decidió no regresar tras su contrato en Canadá. ¿Acaso alguien le ha preguntado cuáles fueron sus razones? Imagino que haya varias, pero hay una muy lógica: él no querrá que su juventud y su talento se escapen sin asegurar el futuro de su familia, algo que no puede hacer en Cuba.

El juego del domingo se detuvo por lluvia alrededor de una hora, y solo tras 20 minutos fue que agentes del equipo de Víctor Mesa corrieron a tapar el box y el home plate. ¿Ocurre eso en algún campeonato serio del mundo? Todo el tiempo se pide entrega a los jugadores, pero el apoyo y la correcta remuneración por lo que hacen, están perdidos.

Mientras no haya mejores incentivos, será difícil exigir a los jugadores que sean protagonistas de un circo donde hasta ahora, han sido los "comecandelas" quienes llevan la voz cantante. Ayudar al béisbol —que puede ser una gran fuente económica del país— y enamorar a esa ferviente afición es una asignatura aún desaprobada para los dirigentes.

Este domingo volví a sentir que "la pelota" sigue siendo el deporte nacional, aunque sufra el instante más doloroso de su historia.

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