Martes, 17 de Julio de 2018
Última actualización: 09:29 CEST
Béisbol

¿Habremos visto el peor campeonato de la categoría Sub-23?

Una pelota de béisbol.

El equipo de Santiago de Cuba ganó invicto (4-0), por segundo año consecutivo, los playoffs de una Serie Nacional de Béisbol Categoría Sub-23, en su cuarta edición, que dejó a la vista evidencias que demuestran el descenso paulatino del béisbol nacional.

El campeonato estuvo lejos de ser competitivo y equilibrado. Aunque se amplió la cantidad de juegos a 40 y los grupos de cada zona se enfrentaron entre sí, en el instante de la clasificación los conjuntos fueron privados de utilizar a sus mejores piezas, con motivo de un agrupamiento (preselección nacional) para integrar la novena que volverá a participar en la Liga Independiente Canadiense Americana de Béisbol (Can-Am).

Villa Clara, por ejemplo, que clasificó por vez primera a la final bajo el mando de Ariel Pestano, vio escapar a su tercer bate, Norel González y a su as del box, Yosver Zulueta, el lanzador más cotizado de la pelota nacional por estos días.

Zulueta, quien fue capaz de ponchar a 74 bateadores en 49 inning, posee una recta con control que roza las 93 millas por hora y puede mejorar con el tiempo y el trabajo profesional. También lanza una curva lenta que hace perfecto contraste con la bola rápida, defiende bien en el montículo y lanza muchos strikes. Sin él, la selección anaranjada fue bajando de nivel hasta serle muy difícil imponerse en una serie de tres partidos a ganar dos.

Camagüey, por su parte, perdió a Dariel Góngora (6-0, 1.03), Yariel Rodríguez (3-3, 3.79) y Josimar Counsin (2-1, 2.19), otro de los prospectos jóvenes a seguir. Esa falta de pitcheo abridor les costó la clasificación, después de haber jugado un campeonato bastante exitoso, pisándole incluso los talones a Santiago de Cuba, el equipo más completo.

Granma se vio imposibilitado de utilizar a Yoelquis Céspedes, hermano menor del estelar jardinero de los Mets de Nueva York y piedra angular en la alineación. Así fue como Holguín, a quien hay que reconocer por no rendirse, se coló en las semifinales, y Sancti Spíritus pudo dar guerra hasta el juego 40.

Santiago de Cuba paseó el torneo, pero también perdió en las postrimerías a Oscar Colás (tercer madero y pitcher para cualquier situación) y al zurdo Ulfrido García, indudablemente de los lanzadores más dominantes en el evento.

Tras 320 juegos en la etapa regular, vivimos los peores desafíos en la historia del torneo. Aunque se jugaron 90 juegos decididos por diferencia de una carrera —más que los 86 de 2016—, el descontrol de los lanzadores alcanzó un nivel preocupante, con 2.404 bases por bolas, 218 jonrones permitidos y 388 lanzamientos erráticos, cifras todas ellas que impusieron récords negativos.

La defensa superó los errores de 2016, con 907 pifias por 587, lo que aumentó el cúmulo de carreras sucias hasta 620, un mal que parece lejos de tener solución.

En materia de juegos, los horribles resultados no se escapan. Aumentaron los desafíos donde el ganador pegó 12 hits o más, con récord inédito de 98 (en 2015 fueron 85).

Tuvimos la mayor cantidad de partidos donde el perdedor bateó 10 hits o más (67), y los equipos consiguieron un total de 37 veces dos jonrones o más por partido.

En conclusión, visto lo visto, es difícil soñar con un regreso al esplendor del deporte nacional. Y la culpa no es precisamente de quienes juegan bajo condiciones bastante deficientes y luchando por un espacio que les fue negado por mucho tiempo.

¿La solución? Lo ideal sería adoptar un cambio total de mentalidad, lo que se hace imposible bajo las doctrinas de quienes dirigen el país.