Martes, 6 de Diciembre de 2016
05:57 CET.
Béisbol: Grandes Ligas

La importancia de un cerrador de alto calibre

El mánager de los Cachorros de Chicago, Joe Maddon, sabe que tiene en su rotación de lanzadores al cerrador más intimidante, y posiblemente uno de los más seguros para momentos de presión. Ese pitcher es el cubano Aroldis Chapman.

Precisamente a estas alturas, la importancia de un cerrador cobra un matiz extremadamente crucial, pues en los play-off las novenas más completas de las Mayores ya van directamente en busca de alzarse con el título de la Serie Mundial.

Este año, más que nunca, los Cachorros de Chicago, quienes consiguieron 103 éxitos en la temporada regular, uno menos que su mayor registro —104 en 1910—, están siendo considerados para ganar su primer Clásico de Otoño en 108 octubres.

Tras quedarse a las puertas de la Serie Mundial el año pasado, cuando fueron barridos (4-0) por los Mets de Nueva York, esta vez los Cubs se ven más sólidos en todos los niveles de juego, rumbo a despojarse de "la maldición de la cabra", un hechizo beisbolero que los persigue desde 1945.

De seguro preguntas como estas resultan bien interesantes para muchos lectores:

1-  ¿Sería suficiente contar con un taponero de buenos numeritos para enfrentar la postemporada?

2- ¿Es Aroldis Chapman el lanzador ideal para sacar tres outs?

Sobre la interrogante número 1

¡Obvio, súper determinante! Pero lo importante es el corazón y no lo numeritos. Tanto que no dejo de recordar a un nombre: Mariano Rivera.

Unos 123 partidos de postemporada, entre 1906 y 2015, se han decidido cuando un equipo pegó el hit de oro para dejar al otro en el diamante.

El cerrador, aunque viene —en la mayoría de las ocasiones— por los tres outs finales, y no tiene que lanzar cinco o seis capítulos como se le pide al abridor, tiene en sus manos la llave del juego; ese cierre maestro que hace caer el out 27. Tener a un pitcher seguro en ese puesto es un arma vital para cualquier mánager.

Si aún quedan dudas, pregúntenle a Bruce Bochy, piloto de los Gigantes de San Francisco, o a Dave Righett (coach de pitcheo), quienes tuvieron en su lanzadores la inefectividad más alta en salvados desperdiciados (30) de las Grandes Ligas.

¿No quedan totalmente convencidos? Ok, toda incertidumbre deberían diseminarla con las experiencias de Terry Collins. ¿Recuerdan el fin de los Mets de Nueva York?: Una derrota 3-0 versus Madison Bumgarner en el juego de comodines contra los Gigantes, y un decisivo jonronazo de Conor Gillaspie ante una recta de 96 millas (alta y por el centro de la zona) de Jeurys Familia (había admitido un solitario jonrón en 78 juegos relevados, con 77 inning, y lideró la MLB con 51 salvamentos).

Ahí estuvo una decisión más donde el cerrador cargó con todo el peso de una contienda de 162 juegos, desperdiciada en apenas un mero lanzamiento.

Sobre la interrogante número 2: Si tienen a Chapman como cerrador, olvídense de los porcientos de salvados, sea un 85, 90, o un mismísimo 100%. Cuando el holguinero ingresa al box, nadie está pendiente a los matchups, ni del scouting report. Todos saben lo que se avecina: los pitcheos más intimidantes, las rectas más poderosas e imbatibles del béisbol.

Así que hay algo bien claro: una cosa es tener al lanzador más eficiente como cerrador (Zach Britton en 2016); otra es tener al que obtuvo más rescates (Jeurys Familia); y otra, muy diferente, es poseer al que todos quieren: el más veloz y depredador en el box, Aroldis Chapman, quien lanza disparos al home de hasta de 105 millas por hora.

Deberían ver algo sobre ese dominio abrumador y de cómo su devastadora velocidad tritura bateadores. Revisen aquí sus secuencias durante los salvados que ya tiene en octubre, y saque usted sus propias apreciaciones:

Juego 1: Enfrentó a cuatro bateadores, con una recta que subió hasta 101.7 mph:

  1. Gorkys Hernández: ponche abanicando en 7 pitcheos (recta-99.2 mph).
  2. Eduardo Núñez: rodado a segunda en 8 pitcheos (recta-100.5 mph).
  3. Buster Posey: doblete de línea al jardín izquierdo con el primer pitcheo (slider-88 mph).
  4. Hunter Pence: rodado a segunda en 5 pitcheos (recta-99.7 mph).

 Nota: La recta que lanza Chapman es de cuatro costuras.

Juego 2: Retiró en orden…

  1. Brandon Crawford: ponche mirando en 4 pitcheos (recta-102 mph).
  2. Ángel Pagán: línea out al central (Fowler) en 8 pitcheos (recta 101.5 mph).
  3. Kelby Tomlinson: ponche abanicando en 4 pitcheos (recta-102 mph).

Juego 4: Trío de chocolates a: Gorkys Hernández, Denard Span y Brandon Belt (subiendo un pitcheo hasta 102 millas).

Para el futuro cercano, Chapman ya lanzó un mensaje bien directo: "Quiero llegar lejos con este equipo. Quiero un anillo con este equipo", dijo a ESPN digital el taponero de 28 años, natural de Holguín.

Comentarios [ 6 ]

Imagen de Anónimo

Lo que nadie entiende de Aroldis Chapman es,porque es tan ineficiente ante bateadores surdos?.Se supone que su condicion de surdo y su velocidad lo convierten en un lanzador imbateable para los de su misma mano y hasta ahora no ha sido asi,todos los batazos claves se lo han conectado los surdos.

Imagen de Anónimo

Anonimo 11:24 esta en lo cierto,Chapman debe incorporar otros  lanzamientos,a rectas no se gana.

Imagen de Anónimo

Impresionante su velocidad, cierto, pero ¿por qué el autor no pone lo sucedido en el tercer juego de los Cachorros contra los Gigantes? Conor Gillaspie le sonó doble de dos carreras sobre una recta de 103 MPH, acto seguido Brandon Crawford, ambos bateadores zurdos, trajo la ventaja con hit. Ayer par de ponches con las bases llenas y hit al centro del zurdo Adrián González. La máquina tira a más velocidad y los bateadores se preparan, por lo que Chapman debe incorporar lanzamientos de tal manera que pueda cruzar al bateador, con rectas solamente no se gana. Liván sería un buen entrenador para Chapman, sabía mezclar y también ponchar sin llegar a 90 MPH.

Imagen de Anónimo

Esta fuera de liga es impresionante verlo lanzar hasta en camara lenta la pelota no se de lo rapido que va

Imagen de Anónimo

Es un placer verlo lanzar. Lo que tira es un misil.

Imagen de Anónimo

Es un verdadero dolor de cabeza.