Béisbol: Serie Nacional

Empiezan las semifinales

¿Será 2014 el año de los Cocodrilos? Industriales, Pinar del Río y Villa Clara tratarán de impedirlo.

El béisbol es un deporte demasiado veleidoso como para poner todos los huevos en una misma canasta. Si los números hicieran campeones, los Cocodrilos de Matanzas tendrían el viento a favor para alzar la copa.

Los yumurinos que dirige el impredecible Víctor Mesa, analizando las estadísticas y su desempeño en los últimos 12 partidos, de los cuales ganaron 11, son los favoritos.

Colectivamente batearon por encima de 290. Tienen un trío soberbio de zurdos —Ariel Sánchez, José Miguel Fernández y Yadier Hernández— que conjugan fuerza, bateo de contacto y cloche.

Su primer bate es un hombre que lleva diez temporadas conectando 100 o más hits. Se los presento: Dainer Moreira. Este año llegó desde el equipo Guantánamo, en busca de mejor suerte y de llamar la atención del DT Mesa, seleccionador nacional.

Con la partida hacia la Gran Carpa del formidable paracorto de Cienfuegos, Erisbel Arruebarruena, Moreira intenta abrirse un hueco en el equipo Cuba.

A la defensa, Moreira es un torpedero promedio. Se mueve de manera decente a ambos lados del guante, pero es un poco chapucero fildeando hacia delante: no siempre sabe leer el bote correcto para atrapar la pelota. En algunos lances fáciles falla demasiado. Y en la pelota el out siempre debe ser out. Aún así, cuando se revisan sus números, debe reconocerse que es un pelotero productivo.

Moreira tiene un estilo estrafalario a la hora de pararse en home. Una mezcla del béisbol japonés con el de manigua criolla. Y ya se sabe que el bateo está lejos de ser una ciencia exacta.

Omar Linares, quizá el mejor bateador cubano desde que Fidel Castro tomara el poder, se enroscaba en home como si fuese un contorsionista y, además de conectar jonrones de 500 pies, promedió 367 de por vida.

Pero a los que vamos. A pesar de sus deficiencias técnicas, Dainer Moreira cumple con notas altas su función de hombre proa. Luego, en las bases, se desplaza como un velocista jamaicano.

Con esos cuatro hombres en fila, un quinto bate consolidado como el refuerzo de Sancti Spiritus, Elier Sánchez, y otros jugadores que no son peloteros de relleno, Matanzas ha jugado un torneo sobresaliente.

En el pitcheo no tienen nombres. No hay pitcher que deslumbre con rectas supersónicas o bolas quebradas de nivel. Es un staff trabajado en los entrenamientos, donde se ha aprendido una lección capital: el control es la mejor arma de un pitcher.

Es verdad que Víctor Mesa, con su estilo autoritario, le mete presión extra a los jugadores. Pero descontando algunas estrategias cuestionables, le ha imprimido carácter ganador a una novena que siempre tuvo peloteros talentosos, pero que se movían en el terreno como holgazanes.

La mala noticia para los fans de Matanzas es que Mesa jamás ha ganado nada en la pelota nacional. Cuando era manager de Villa Clara, discutiendo dos veces el título frente a los Industriales de Rey Vicente Anglada, fue barrido por la novena azul.

Hace dos años, Industriales volvió a dejarlo en la cuneta. Y la temporada pasada Villa Clara lo arrolló en la final. No obstante, en las semifinales que comienzan hoy, al mejor de siete partidos, los Cocodrilos de Matanzas tienen las quinielas de cara.

Los otros: Villa Clara, Pinar e Industriales

Los matanceros se enfrentarán al actual campeón, Villa Clara, un equipo que llega disminuido tras la sanción por indisciplina de su as del pitcheo, Freddy Asiel Álvarez, y la lesión del receptor Yorkis La Rosa.

Pero Matanzas no podrá comerse el pescado sin antes sacarles las espinas. Villa Clara es un equipo difícil. Sabe jugar bajo presión y hay morbo cuando se enfrentan a su antiguo mentor. Cada partido será un culebrón. Esperemos que los peloteros dejen la violencia en el camerino y se dediquen a jugar.

Mientras tanto, por la acera de enfrente toparán dos grandes: Pinar del Río e Industriales. Entre ambos equipos han ganado quince títulos. (Y si se agregan los triunfos de vueltabajo con el nombre de Vegueros, son muchos más.)

Industriales es el coco de cualquier equipo en un playoff. Solo Santiago de Cuba le jugaba mirándole a la cara. Pero las Avispas hace rato que duermen en la hamaca.

Y ojo con Pinar del Río. Es la única novena en la historia de las Series Nacionales que en su match particular tiene más victorias que derrotas frente a Industriales.

En los playoff, Pinar ha ganado 29 partidos frente a 23 los Azules. Los de vueltabajo tienen el mejor cuerpo de abridores y una alineación sin fisuras del primer al noveno bate.

Pero Industriales es Industriales. Sus jugadores saben remar a la contra como nadie. Y cuando el viejo estadio del Cerro ruge hasta la bandera, los equipos contrarios se tornan invisibles.

Aunque a lo largo del torneo la ofensiva de Industriales no ha carburado lo que de ella se espera, en estos partidos de morir o matar es un arma mortífera. Su lado negativo: el endeble pitcheo.

Sus mejores cartas, Vicyohandry Odelín y Frank Monthiet, lanzadores reciclados tras lesiones, tienen maña, recursos y son competidores feroces, pero su rotación ideal es cada siete días.

Ya para el resto del bullpen azul no se puede mirar. Tienen jóvenes inexpertos mezclados con algún descarte y una joya como el veloz cerrador Alexander Rodríguez, quien llegó desde Guantánamo y es capaz de tirar rectas a 95 millas y rompimientos a más de 80, pero que no está en su mejor forma.

El playoff entre Pinar e Industriales debe ser a partidos de estrategias y juego chiquito. En ese orden de cosas, la experiencia y calidad del manager Alfonso Urquiola supera la de Lázaro Vargas. Sin embargo, diría que la balanza se inclina ligeramente hacia Industriales.