Béisbol

Fin de un largo viaje por el desierto

Cuba regresa a la Serie del Caribe, una competencia de la que nunca debió ausentarse.

Pocos podían sospechar aquella noche de febrero de 1960, cuando el equipo de los Elefantes de Cienfuegos dirigido por Tony Castaño regresó a La Habana con el trofeo de la XII Serie del Caribe efectuada en Panamá, que el béisbol cubano estaría 53 años sin participar en los clásicos caribeños de invierno.

Muchos aficionados en la Isla desconocen la hermosa tradición beisbolera tejida desde que en 1878 diera comienzo la Liga Profesional Cubana.

Ahora, especialistas, cronistas deportivos y amanuenses estatales, desempolvan archivos y de prisa repasan, un poco traído por los pelos, los siete títulos ganados por novenas cubanas en Series del Caribe de 1949 a 1960; un período donde la temporada local se jugaba a cara de perro.

Entonces, en el aporte de jugadores a Grandes Ligas, Cuba era lo que hoy es República Dominicana.

Era una etapa donde los salarios en la MLB aun no eran galácticos y hasta los jugadores extraclase participaban en las campañas invernales de sus respectivos países.

Papá Montero, Miguel Ángel González, Minnie Miñoso, Camilo Pascual o Luis Tiant jugaban en Cuba y en EEUU, entregándose al máximo.

Pero en enero de 1959 llegó Fidel Castro con sus descabellados proyectos económicos y barrió con las instituciones democráticas, sepultando cualquier vestigio del pasado.

En 1960 el béisbol profesional fue abolido por decreto del comandante único. Cientos de peloteros talentosos quedaron sin trabajo. No les quedó otra que emigrar a Estados Unidos, México y diferentes ligas del Caribe, para tratar de vivir de la mejor manera que conocían: jugando pelota.

Fue una larga travesía por el desierto. La grisácea prensa nacional intentó borrar del recuerdo de los aficionados las glorias de antaño. Los cronistas deportivos se referían a ese béisbol como "la pelota esclava".

Ningún periódico en Cuba contaba las hazañas de un tal Atanasio Pérez con la maquinaria de los Rojos de Cincinnati, o los sólidos juegos lanzados en las Mayores por Camilo Pascual, Luis Tiant o El Guajiro Peña.

En Cuba, por orden de los mandarines de la censura, la joven fanaticada no sabía que en Chicago, Orestes Miñosos, un negro santo nacido en la isla y que se merece un lugar en el salón de los inmortales, durante décadas desforró la pelota jugando para los Medias Blanca.

Hasta de Don Martín Dihigo —el mismo que Yogui Berra, una tarde que paseaba junto a su hijo, al verlo, le dijo: "Mira, ahí va un equipo de pelota"— se contaban hazañas en voz baja.

Las cámaras y páginas de los diarios se reservaban para los deportistas formados con la revolución. La gloria era para los soldados perfectos de Fidel Castro. Los que orgullosos rechazaban cheques en blanco y elegían jugar "junto a su pueblo".

Después de cada hazaña deportiva, la victoria se la dedicaban al Comandante en Jefe antes que a sus padres o hijos. Así era el deporte que el barbudo diseñó para Cuba.

Nadie pone en duda los indiscutibles triunfos de la Isla en la arena internacional. Pero si antes de 1959 se decía que un deportista era "una mercancía" del dueño de equipo, después fue una mercancía del Estado.

Con el desplome del comunismo en el mundo, el deporte en Cuba tuvo que poner los pies en la tierra. Pero Fidel Castro es duro de pelar. Y siguió insistiendo en el discurso simbólico y pagando sueldos de obrero a los atletas.

Fue cuando los peloteros, deseosos de ganar salarios de seis ceros en el mejor béisbol del mundo, comenzaron a saltar la cerca. La marcha de jugadores de clase, mediocres o jóvenes talentos, ha sido la mayor sangría en la historia del deporte cubano.

Solo en un deporte como el béisbol, más de 400 atletas decidieron emigrar y ganarse la vida acorde a su calidad. Al régimen no le ha quedado más remedio que semiprofesionalizar el deporte y autorizar contrataciones de atletas a partir de enero de 2014.

Cincuenta y cuatro años después, luego de negociaciones y rifirrafes, Villa Clara, actual campeón nacional, regresa a las Series del Caribe. Una competencia de la que por derecho propio, Cuba jamás debió de ausentarse.

Comentarios [ 4 ]

Imagen de Anónimo

buen trabajo Ivan, no sabia la anecdota de Berra con Dihigo

Imagen de Anónimo

Debemos disfrutar el hundimiento de la politica destructora de Fidel, por la "traicion" repetitiva de Raul. Esa es la unica realidad cubana actual en CASI todos los campos de la vida nacional. 

Imagen de Anónimo

      Para los castros ?......claro q valio la pena.

Imagen de Amadeus

Medio siglo perdido para regresar al principio, lo que demuestra una vez más el fracaso de la Revolución, pero sobretodo el desastre personal de Fidel Castro. Al paso que se va llegará el momento de devolver todo lo que se expropió ilegalmente, especialmente las propiedades extranjeras y norteamericanas y finalmente se levantará el embargo. Y la pregunta será: ¿Y valió la pena?