Miércoles, 23 de Agosto de 2017
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Ajedrez

Capablanca, Carlsen y la muerte de Caissa

Magnus Carlsen (Noruega, 1990) es el nuevo campeón mundial de ajedrez. El genio noruego derrotó al ya mítico, y hasta entonces vigente campeón, Viswanathan Anand, con un resultado de 6,5 por 3,5 (tres victorias para el nuevo rey, ninguna para el indio Anand, y siete tablas). En la historia de los matches por la corona ajedrecística, solo en una ocasión anterior el retador derrotó al campeón sin sufrir derrotas —sin contar el match Kramnik vs. Kasparov en el 2000, que no fue organizado por la FIDE—. Sucedió en 1921, cuando José Raúl Capablanca destronó al entonces monarca Emanuel Lasker, en el Casino de La Habana. El balance final fue de cuatro victorias para el cubano y diez empates.

Hubo que esperar casi un siglo para que un nuevo campeón de las 64 casillas ganara invicto su corona, esto es, que algún humano osara retar a la perfección ajedrecística. A Capablanca se le llegó a llamar en su tiempo "la máquina de jugar ajedrez", luego de estar más de ocho años invicto, entre 1916 y 1924. De hecho, "el Capa" es todavía hoy el campeón mundial que menos partidas (36 de 567) perdió en su carrera.

En su monumental obra My great predecessors, compuesta de cinco volúmenes, Garry Kasparov dijo del genio cubano: "Capablanca no conocía apenas la teoría y vivía —al menos la existencia cotidiana— fuera del ajedrez. Casi no hacía nada y trabajaba mucho menos que otros jugadores, lo que no le impidió ganar los torneos y encuentros más importantes, manteniéndose invicto durante años. ¿No es esta una indicación de talento ilimitado, de indudable genio ajedrecístico?"

Capablanca ha sido quizás el de mayor talento natural e intuitivo de todos los grandes ajedrecistas de la historia. Pero nada más distante de una máquina que "el Capa". Se cuenta que perdió su invicto de ocho años frente a Richard Reti, en el torneo de Nueva York (1924), por estar más atento a una bella mujer que estaba entre los espectadores, que a la partida misma. También perdió el título mundial en 1927 con Alexandr Alekhine por falta de preparación, por creer justamente que el talento que le era innato iba a resultar suficiente.

Fue aquella una época en que el ajedrez dejó atrás su edad adolescente —los ajedrecistas en su gran mayoría no se dedicaban a tiempo completo al ajedrez—, para dar paso a la era profesional. Un profesionalismo que alcanzó su madurez en los encuentros por el cetro mundial entre Fischer y Spassky (Reykjavik, 1972), y en los míticos duelos Karpov vs. Kasparov, durante la década de los ochenta y principio de los noventa. 

Pero lo anterior pertenece a un tiempo que solo la melancolía podría traérnoslo de vuelta. Pero, ¿en qué se sostiene semejante afirmación?

"Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado", reza la archicitada sentencia de Friedrich Nietzsche en La gaya ciencia. El filósofo de Rocken anunciaba entonces una muerte más terrible que la física, ya que se trataba para él del "fin" de todo el sistema de valores morales y religiosos que había sostenido a Occidente. El crepúsculo de los ídolos, de los dioses, manchó el cielo de los hombres. En los días que corren, salvando distancias, podemos proclamar otra muerte: la del ajedrez. ¡El ajedrez ha muerto! ¡Viva el ajedrez!

Sí, con la reciente coronación de Magnus Carlsen como rey del "juego ciencia", asistimos al anunciado fin de una era. El primer síntoma fue la victoria del programa Deep Blue ante Kasparov en 1997. El entierro de Caissa, la musa —para algunos diosa— del ajedrez, ha sido llevada a cabo. La época en la que el ajedrez además de despliegue teórico y táctico, preparación física y psicológica, era también intuición, riesgo, errores de cálculo que podían no obstante resultar en victorias, ha firmado su carta de defunción. Sé que exagero con la tesis anterior, pero en líneas generales es así. Pensemos por qué.

La aparición desde hace unas dos décadas de potentísimos programas de ajedrez —Rybka, Fritz, Houdini, Komodo son algunos de los más fuertes en el mercado— ha provocado que aquellos fundamentos ajedrecísticos que mencionamos antes, pasen a un segundo plano. Ya no hay casi lugar para trebejistas como el "soviético" letón Mijail Tal, un mago que entre la década de los cincuenta y los ochenta (fue campeón del mundo en 1960) del pasado siglo, nos regaló partidas de una imaginación desbordada, incluso delirante, donde en no pocas ocasiones era capaz de sacrificar casi todas sus piezas para lograr un ataque de jaque mate.

A los oponentes de Tal generalmente los traicionaban los nervios, o quedaban hechizados ante tanto derroche de imaginación atrevida. En la actualidad, muchos de aquellos golpes tácticos de fantasía de Tal —a quien llamaban "el genio de Riga"— son refutados por las máquinas. Todas demuestran que muchas de aquellas combinaciones no eran más que "escaramuzas", o errores de cálculo de los contrincantes al defenderse. Cuando aquello, el ajedrez era un juego humano, demasiado humano.

No es que el antiquísimo juego vaya a desaparecer, en lo absoluto, pero sí será otro el modo en que se entienda, otra la forma en que los jugadores profesionales (incluso los aficionados) piensen y afronten las batallas entre reyes, reinas, torres, caballos, alfiles y peones en blanco y negro. Años atrás las novedades teóricas eran el resultado de largas horas de estudio, de análisis por parte de los ajedrecistas y/o su equipo de trabajo; hoy día, ese trabajo lo hacen las máquinas.

Y no es que Magnus Carlsen sea un muchacho sin talento, para nada, es un genio en toda la dimensión del término. Logró el título de Gran Maestro a los 13 años, y poco más tarde se convirtió en el número uno del rating, rompiendo incluso con 2.872 unidades el récord de Kasparov de 2.856 puntos ELO —sistema de puntuación que se emplea en el ajedrez para evaluar la fuerza del jugador—. En la actualidad pierde contadas partidas, y en cuanto torneo compite es por lo general el vencedor.

Sin embargo, Carlsen es el máximo exponente de la nueva era ajedrecística: sus partidas tienen generalmente los mecanismos, reflejos y movimientos propios de los programas de ajedrez. El genio noruego educó su enorme talento en el idioma y estilo informáticos. Carlsen es un jugador que apenas comete errores de bulto, por el contrario, en cada partida se aprovecha de las ventajas mínimas —por lo general invisibles a ojos humanos— que sus oponentes le dan, hasta alzarse con una posición ganadora. Magnus Carlsen no parece necesitar de los favores de Caissa, su memoria e intuición cibernéticas le son suficientes. Hoy día Martin Heidegger, para quien la tecnologización representaba el ocultamiento definitivo del ser, asistiría a la consumación práctica de su propia sentencia.      

Algunos conocedores y ajedrecistas contemporáneos plantean que Carlsen conjuga en su estilo el talento de Capablanca, la fuerza psicológica y la precisión de Bobby Fischer, la visión posicional de Karpov y el instinto asesino (táctico) de Kasparov. Puede ser, algo hay de verdad en esas ideas. Sin embargo, lo que realmente define a Magnus Carlsen es que ha conjugado, como ninguno de sus iguales, el talento natural con el talento de las máquinas. Ni Walter Benjamin hubiera podido imaginar un autómata de la capacidad y precisión matemáticas de Carlsen.

Ya por último —y dejando la melancolía aparte, cada época se expresa y se viste como quiere, más allá de mis estados existenciales y de ánimo—, pienso o imagino a José Raúl Capablanca como uno de los principales escribas (o profetas) del Antiguo Testamento ajedrecístico; y a Magnus Carlsen, con su gélido rostro nórdico, como el elegido de la nueva época, el asesino de Caissa, el genial hijo de las máquinas.

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Comentarios [ 12 ]

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Estimado PabloLa ampliación de la biografía de Capablanca será publicada en algún momento del primer semestre del próximo año 2014 por la editorial McFarland, que tiene una colección de ajedrez pequeña pero impresionante, tal vez con un título no muy sugerente: "José R. Capablanca, A Chess Biography."  Contiene nuevos capítulos tales como la trayectoria de los antecesores de Capablanca desde el siglo 18, hasta el prmero que llega a Cuba en 1860, Tadeo Capablanca. La reconstrucción del ajedrez cubano en el siglo 19 es mucho más amplia y detallada que en la obra clásica de referencia hasta ahora, el libro "Ajedrez en Cuba: Cien Años de Historia", de nuestro añorado Carlos A. Palacio. Personajes decisivos pero aún anónimos en el ajedrez cubano como Dionisio Martínez aparece en todo su valor. Dionisio fue la persona que hizo posible la visita de Steinitz a La Habana en 1883no mencionada por Palacio. Y los detalles de nuestro Capa en su niñez son más reveladores de lo que hasta ahora conocemos. Un gran defecto de la primera edición de 1978, el match de Buenos Aires de 1927, ha sido ahora ampliamente cubierto, con detalles que evidencian que Capa no fue sólo un campeón retado, sino un propulsor de ese fatídico encuentro cuando todo parecía que se venía abajo por falta de fondos para realizarlo.Mis saludos y reiteradas felicitaciones Pablo,Miguel A. Sánchez 

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Grande comentario y resumen...mis felicitaciones.....

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Gracias Miguel! Hoy todavía tenemos jugadores de élite bastante "humanos", intuitivos, bizarros, independientemente de que también practican un ajedrez propio de los tiempos que corren. El armenio Levon Aronian es uno de esos casos, también (aunque ya empiezan a envejecer) están Morozevich y Shirov. Pero con la frialdad y precisión de Carlsen al parecer no hay gallardías que valgan. El muchacho le dio vacaciones a Caissa. Por cierto, resulta muy interesante saber que fue Botvinnik (el mayor representante de la Escuela Soviética de Ajedrez) uno de los grandes impulsores de la tecnologización en el Ajedrez. Él no alcanzó a ver los programas actuales (casi perfectos en cuanto a cálculos), pero algo de ellos predijo, y según he leído trabajó mucho en ese sentido. Espero la nuevo edición de tu biografía del Capa.Un abrazo,PDCS

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He leído este magnífico resumen con tardanza. Emanuel Lasker fue el primero en profetizar la muerte del ajedrez debido a su perfección; en las partidas contemporáneas, pero de forma especial en la de su primer exponente oficial, Carlsen, se observa esa pureza insípida pero demoledora del Macheide de Lasker. Díficil comprender el ajedrez moderno, algo que se repite ya desde mediados del siglo 19. Acaso el maestro inglés Blackburne no dijo que las partidas del match Capablanca vs Lasker no eran otra cosa que obras de 'tirapiezas'? A lo que el genio cubano respondió que le resultaba evidente que los maestro contemporáneos no entendían el juego actual (de 1921) y el arte de vencer mediante la acumulación de pequeñas ventajas. Lo cierto es que nada más que un puñado de jugadores de clase extraordinaria puede entender la íntrinseca belleza (y despiadada lógica) del ajedrez de hoy. Dichosos ellos que no se han quedado atrás en el tiempo. El resto, los simples aficionados al juego, nada más podemos disfrutar de los comentarios profesionales. Hay que asentir en algo indisputable: Carlsen es el más genuino representante del ajedrez del siglo 21, un campeón sin fallos, una verdadera máquina. Quien lo venza tendrá que ser no un representante de esas fuerza, sino un hijo de ella, el primer campeón mitad hombre, mitad computadora. Saludos a Pablo de Cuba Soria por tal buen artículo. Miguel A. Sánchez

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Capablanca tambien era un short stop bastante decente con el equipo de Princeton.

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..."anunciaba una muerte mas terrible que la fisica...":  si eso no es un lamento, no debio escribirlo como tal;  debio haber dicho mejor, eg. que anunciaba un comienzo, un desencadenamiento, senor mio, pero este es su articulo..Usted es el que quiso mezclar al primer deconstrutivista con el ajedrez.  Y no tiene que inflarse tanto, solamente me parecio fuera de contexto, esa cita tantas veces  mal aplicada.   

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En ningún momento se dice que Nietzsche "lamentaba". En el artículo está escrito: "anunciaba". Además, es más que una obviedad (amigo Perogrullo) que no. Y por otro lado, si todo el sistema de valores que Nietzsche atacó/desmontó, y que sostiene a Occidente desde Parménides, resulta sólo "infantilismos religiosos" como usted (querido Anónimo) asegura, entonces es puerilidad pura y dura todo el pensamiento occidental, no? Nada, que de Platón a Hegel no tuvimos más que una banda de amigotes para jugar a los escondidos.PDCS

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 Pero es que Nietzsche no lamentaba la muerte de Dios, se alegraba que al fin el Hombre era libre para crear su propio sistema de valores y etica basado en el raciocinio y no en infantilismos religiosos!

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Excelente artículo, Pablo. Prometo partida en el futuro. Un abrazo,AR

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Ya jugaremos, te regalaré un caballo para no aburrirme. Hay que estar atento a la aparición de la biografía de Capablanca, revisada, ampliada durante diez años, por Miguel Ángel Sánchez... Abrazo. JPS