Sábado, 16 de Diciembre de 2017
13:04 CET.
Béisbol: Serie Nacional

Final con morbo

Esta temporada romperá un embrujo. Villa Clara, uno de los cuatro grandes en la pelota cubana, lleva 18 años sin conseguir un título. Por otra parte, los cocodrilos de Matanzas, su rival a partir del martes 11 de junio, no lo consiguen desde hace 22 años.

En una serie al mejor de siete juegos se decidirá el campeón de Cuba. Para llegar hasta la final, cada novena desplegó sus mejores armas. Las naranjas de Villa Clara se apoyaron en su soberbio pitcheo, encabezado por su as, Freddy Asiel Álvarez, uno de los mejores abridores en los últimos tres años.

Aunque a veces ha fallado en juegos decisivos, Asiel Álvarez tiene madera de grande. Desde las categorías cadete y juvenil, siempre fue considerado uno de los mejores prospectos. Y es que domina una recta promedio de 92 millas, la curva, la slider y un cambio de bola de nivel. Además, tira los lanzamientos desde diferentes ángulos.

A sus 24 años, Álvarez ha ganado en concentración. Y tras el home tiene en Ariel Pestano a un receptor que es historia de la pelota cubana. Quizás el mejor a la defensa desde 1959. En los juegos semifinales frente a Cienfuegos, Freddy Asiel ganó tres de los cuatro partidos. Y no fueron juegos pedestres. Lanzó auténticas joyas de pitcheo.

En 25 entradas no le marcaron carreras, ni limpias ni sucias. Su dominio sobre los bateadores rivales fue absoluto. Con un excelente comando de lanzamiento y siempre en la zona baja.

Villa Clara ganó la miniserie 4 a 2 frente a los poderosos elefantes de Cienfuegos, la novena que más jonrones había conectado en la temporada regular, un equipo redondo al campo y capitaneada, probablemente, por el mejor manager de la actualidad, Iday Abreu.

Pero los lanzadores naranjas silenciaron los bates rivales. Cienfuegos bateó para un pobre promedio colectivo de 233. Y el equipo solo conectó un jonrón. Fue un play-off de pitcheo y juego chiquito. Y sobre el montículo Villa Clara tiene, además de a Freddy Asiel, a tres abridores de lujo en Misael Siverio, Yasmani Fernández y Alain Sánchez. Todos jóvenes, con repertorio y buen control sobre sus envíos.

Luego, el bullpen es fantástico. Encabezado por el líder de promedio en carreras limpia de la temporada, Diosdanis Castillo, y escoltado por Robelio Carrillo, Yosvany Perez y un reciclado Jonder Martínez.

De Martínez —ex integrante de la selección nacional—, se pensaba que ya era un descarte por su pobre desempeño en la novena de Artemisa. Pero el manager naranja, Ramón Moré, tuvo el tino de pedirlo como refuerzo en esta segunda fase del campeonato.

Y Martínez no lo hizo quedar mal. Jonder se ha convertido en el cerrador más seguro del equipo. Ha recuperado su recta de hasta 93 millas, que combinada con su amplio repertorio y su experiencia, ha sido una de las claves para llevar a Villa Clara hasta la final.

Matanzas

El otro finalista, Matanzas, lleva 22 años sin ganar nada, desde 1991, cuando bajo el nombre de Henequeneros y dirigido por Gerardo Sile Junco, se alzó con una corona al derrotar en la final a Camagüey. Tras aquella campaña, el equipo matancero cayó en la mediocridad. No por falta de jugadores talentosos, que siempre los tuvo. Era una combinación letal de apatía y desacierto en el campo.

A Matanzas nunca le faltaron bateadores recios. Entre los años 80 y 90 jugaron Fernando Sánchez, Julio Germán Fernández, Juan Luis Baró, Lázaro Junco, Michel Abreu (quien ahora juega como profesional de Japón), Yoandry Garlobo, bateador feroz y líder de bateo en el I Clásico Mundial, y Amaury Casañas, hoy enrolado en la pelota mexicana. También tuvo lanzadores de calibre como Jorge Luis Valdés, uno de los mejores zurdos del béisbol nacional, o Carlos Mesa.

Pero en años recientes, los del Yumurí eran una novena que competía en la temporada local solo para hacer bulto. El mérito indiscutible del DT Víctor Mesa —a pesar de algunos métodos cuestionables, estrategias disparatadas y comportamientos y ademanes propios de un marginal y no de un dirigente beisbolero— ha sido convertir a una plantilla sin nombres en un equipo con mentalidad ganadora. Mesa es el artífice de que los cocodrilos estén en la final.

El equipo basa su estrategia de juego en la garra. Nunca da un juego por perdido. Tiene un bateo de contacto destacado, encabezado por el formidable José Miguel Fernández, seguido de Ariel Sánchez, Guillermo Heredia y Yadier Hernández. Con velocidad en las bases, logran producir las carreras suficientes para ganar.

Su pitcheo no tiene grandes talentos. Son lanzadores de trabajo. A golpe de entrenamiento y disciplina táctica han logrado ser pitchers triunfadores. Para llegar a la final, los cocodrilos desbancaron en el séptimo juego a Sancti Spiritus.

La maldición del Gigante del Escambray y el morbo de derrotar a Mesa

Lo de los yayaberos pasa de castaño a oscuro. Desde que en 1979, dirigidos por Cándido Andrade, ganaron un torneo, Sancti Spiritus padece de la maldición del Gigante del Escambray. Ese año, Antonio Muñoz, con sus jonrones siderales, fue decisivo para la victoria. Pero dos años después se marchó a jugar a Cienfuegos por la poca atención que le brindaban las autoridades de la provincia.

Eso ocurrió hace 34 años y desde entonces, el conjunto espirituano no ha podido ganar un título. A pesar de tener el mejor trío de bateadores de la última década: Frederich Cepeda, Yulieski Gourriell y Eriel Sánchez.

En la calle, la afición los tiene etiquetados de "amarillos". Son un caso serio de estudio por parte de psicólogos o hechiceros. Un ejemplo: en la semifinal frente a Matanzas, ganaron los dos primeros partidos en su terreno, el último de manera épica remontando un marcador adverso de cuatro carreras con dos outs en el noveno inning.

Tenían todo para llegar a la final. Pero en su visita a la Atenas de Cuba perdieron tres al hilo. Con la serie 3 a 2 en contra, y cuando ya nadie apostaba un centavo por los del Yayabo, se recuperaron y vapulearon a los cocodrilos 15 carreras por 7. Y en el séptimo partido iban ganando cinco a cero, con un Norge Luis Ruiz —ojo con ese novato— tirando un juegazo. Pero en el octavo se hizo presente la maldición del Gigante del Escambray.

Matanzas anotó diez carreras. Entre la mala estrategia de su DT Yosvany Aragón a la hora de sustituir lanzadores, y las pocas agallas de un nervioso bullpen que no atinaba a sacar out, los gallos espirituanos acabaron sin plumas y cacareando.

Así, la final entre Matanzas y Villa Clara tendrá morbo. Los aficionados villaclareños creen que tras 18 años, ya es hora de ganar un torneo. Y nada mejor que hacerlo derrotando a Mesa, quien fuera su director. 

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Comentarios [ 5 ]

Imagen de Anónimo

ahora si se juntaron el hambre y las ganas de comer un pinareno y un naguito a criticar a los industriales q pena por dios q dan,seguir detras de nosotros ehh sigan criticando ETERNOS SEGUNDONES Y TERCERONES.ustedes van en declive ahora que se propago la furia de desertar en sus provincias,pq antes solo escapaban peloteros azules  hasta q algun pinarenito y un naguito encendieron la chispa en sus localidades vamos a ver en igualdad de condiciones con una constante fuga de peloteros q van a hacer ustedes ,ya empezaron a desaparecer de la fase final como nosotros hahahaha,joderos

Imagen de Anónimo

Avispa Encendida, de acuerdo, los Industriales tuvieron el Primer Pelotero Gay en Cuba: Armando Capiro.Pinareño en Espera de Tiempos Mejores

Imagen de Anónimo

Cualquiera menos los los azules de la capital un equipo lleno de chivatos del G2 y algunos que necesitan proteccion especial de Mariela Castro.La Avispa Encendida

Imagen de Anónimo

    las apuestas en la capital dan como favorito a los leopardos con el 57% de los votos por un 43% de los cocodrilos....después está en el programa,.... unos juegos en USA,...a preparar la mente y escapar todos los que puedan ....arriba!

Imagen de Anónimo

El aficionado de la foto se llama Yuri y maneja un bicitaxi en Santa Clara.