Lunes, 11 de Diciembre de 2017
23:52 CET.
Béisbol: Serie Nacional

Se buscan managers

A perro flaco todo lo que le caen son pulgas. Por si no bastara con la caída cualitativa entre los jugadores de béisbol, agreguemos el escaso talento de la mayoría de directores y cuerpos técnicos que toman parte en la Serie Nacional.

El primer gran problema de la pelota que ahora mismo se juega en Cuba es la aplicación de conceptos desfasados del béisbol japonés, detalles que hace años no se utilizan ni en el propio Japón. Sobre todo el exceso de toques de bola.

Pongo un ejemplo. En un partido del pasado sábado 12 de enero entre Holguín y Villa Clara, las naranjas villaclareñas derrotaban a la altura del quinto inning a los de casa, dos carreras por cero. En esa entrada, los cachorros holguineros embasan a sus dos primeros bateadores.

Entra al cajón de bateo el cuarto palo. Lo que siempre desea un manager. Que su cuarto bate empuñe con hombres en circulación. Sin embargo, el mentor de Holguín desaprovechó la ocasión al mandar a tocar la bola a Leris Aguilera, un fornido mulato capaz de conectar 20 jonrones en una temporada.

Por supuesto que Aguilera, no habituado a sacrificarse, fue out por regla en su intento de adelantar los corredores. Hablamos de un equipo, Holguín, que está entre los primeros colectivos de bateo en la actual temporada.

Lo peor es que casos como el anterior se repiten hasta el cansancio. Esa excesivajaponización del béisbol local es inexplicable. Y es que las lagunas de los DT nacionales se aprecian sobre todo en el juego chiquito. Ellos son los culpables de muchas derrotas de los equipos que dirigen por no cambiar a tiempo el pitcher; utilizar bateadores emergentes de manera errada; ejecutar toques toque de sacrificio hasta en la primera entrada, en detrimento de una jugada más lógica como la del corrido y bateo; e imprimir en general poca disciplina técnico-táctica en el juego.

El resto del cuerpo de dirección de los equipos tampoco se salva del desastre. Pasan las temporadas y salta a la vista un gran número de lanzadores que no mejoran su repertorio, la mecánica o el control de su pitcheo.

También se mantienen por años las deficiencias de los bateadores en el ajuste necesario a la hora de conectar un determinado tipo de lanzamiento.

Otra deficiencia achacable a los managers es el desastroso corrido de bases y las pocas bases que roban los jugadores. Los peloteros cubanos son rápidos. Sin embargo, cuando se revisan las estadísticas, asombra lo poco que se estafa en Cuba.

Pero no siempre fue así.

El béisbol del patio tuvo muy buenos DT y asesores en los primeros veinte años de las Series Nacionales. Ex beisbolistas que venían de la pelota profesional y managers capaces como Ramón Carneado, José Miguel Pineda o Fermín Valdés. Probablemente, Jorge Fuentes y Rey Vicente Anglada fueron los últimos managers de calibre en nuestra pelota.

Víctor Mesa, actual director de la selección nacional, lo mismo es capaz de ejecutar una jugada que merece aplausos que se saca de la manga una chapuza de manigua. Su gran mérito es, sin duda, hacer cumplir a rajatablas la disciplina dentro de sus equipo. Y el de lograr que sus jugadores se dejen la piel en el campo.

De los 16 managers que dirigen el actual clásico, solo Lázaro Vargas, de Industriales; Armando Johnson, de la Isla de la Juventud; y Víctor Mesa, con Matanzas, se pueden considerar directores de cierta calidad.

Es típico en el béisbol nacional utilizar indiscriminadamente a los lanzadores en el rol de abridores o de relevistas. A veces no se sabe quién es el cerrador de una novena.

Otra error es que Víctor Mesa, al frente del equipo Cuba, conduzca una novena provincial durante la temporada. Mesa debería concentrarse en captar a los mejores talentos para alistarlos en la selección.

Si a los problemas de preparación de los equipos, que hacen énfasis en lo físico y obvian lo técnico —deficiencias que arrastran muchos jugadores desde categorías escolares y que jamás superan—, añadimos la poca capacidad y profesionalidad de muchos managers, llegamos a la conclusión que el béisbol cubano goza de mala salud.

Todavía no está en coma. Pero en cualquier momento lo estará.

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