Jueves, 15 de Noviembre de 2018
Última actualización: 13:36 CET
Deportes

Entrenando a un futuro 'big leaguer'

El chamaco tiene buena pinta. Es alto y muy fuerte para sus ocho años. Por las noches se apoltrona junto al padre en el sofá a ver durante tres horas y media partidos de béisbol de la Serie Nacional, o videos de juegos de las Grandes Ligas, copiados desde ilegales antenas satelitales, vendidos por 50 pesos en la Cuba clandestina.

Cuando Gerardo percibió la pasión que su hijo siente por la pelota, decidió hacer una inversión a largo plazo. Una inversión de riesgo. Nada asegura que su vástago pueda firmar algún día un contrato de seis ceros. Pero vale la pena intentarlo.

Una mañana de sol tibio, lo llevó a un mini terreno aledaño a la otrora escuela primaria Tomas A. Edison, hoy colegio pre universitario, en el barrio habanero de La Víbora, para que un preparador de pelota infantil le diera el visto bueno.

Nada más ver la planta y los deseos del pequeño, el preparador lo aceptó en el grupo de chicos de 7 y 8 años que dan sus primeros pasos en el deporte de las bolas y los strikes. En seis meses, el niño ha progresado. Fildea bien hacia los lados, batea largo y tiene buen brazo. El adiestrador le asegura al padre que su hijo es un diamante en bruto.

Pero el camino a recorrer es largo. Es en la categoría 9-10 años cuando los chicos comienzan a jugar al duro. Aunque ya Gerardo abrió generosamente la billetera. Gastó 150 cuc en comprar un bate de aluminio y un guante Wilson, y mandó a confeccionarle un uniforme.

En Cuba, donde un segmento significativo de familias viven al día, Gerardo no se puede quejar. Es gerente de una discoteca, en una noche floja suele llevarse a casa dos billetes de 50 pesos convertibles.

Ha sido previsor. Y durante años ha ido guardando plata. Para cuando llegue la época de vacas flacas o, como en estos casos, invertir en el futuro de su hijo. Gerardo sueña con verlo debutar en el Yankee Stadium. Puede sonar descabellado. Pero es su opción.

Desde que hace más de dos décadas se abrió el grifo de fugas entre peloteros cubanos talentosos, muchas familias suelen hacer elevados gastos para que sus hijos o nietos practiquen béisbol. Siempre mirando de soslayo hacia la Gran Carpa.

Parientes al otro lado del Estrecho también aportan lo suyo. Para ellos resulta agradable, mientras juegan dominó y con nostalgia cuentan historias de su vida en la Isla, en voz alta decir con orgullo "Mi sobrino fue firmado en las Mayores".

Además de la falta de academias de equipos de Grandes Ligas, como sucede en el Caribe, la práctica de la pelota con fuerte subsidio del Estado es cosa del pasado en Cuba. Hoy son los padres quienes deben adquirir el equipamiento beisbolero. Y a medida que los niños van ascendiendo por la espiral del alto rendimiento deportivo, comienzan los planes familiares.

La fuga de una joven estrella es un proyecto fraguado con años de antelación. En caso de no poder llegar al Big Show y firmar contratos millonarios, tampoco está mal jugar en cualquier liga profesional del Caribe o Asia y ganar un salario que jamás se devengaría en la Isla.

Cubanos como Gerardo lo saben. Detrás de los jonrones de Kendrys Morales, Dayán Viciedo o Yoennis Céspedes, está el empeño de familias que diariamente asisten a los entrenamientos y competencias para alentar a los suyos. No pocas veces se trasladan cientos de kilómetros en camiones o sucios vagones de viejos trenes, con tal de seguir y apoyar a sus hijos en torneos escolares o juveniles en otras provincias.

Suelen cargar grandes mochilas con alimentos, para reforzar la dieta de los muchachos después del juego. Las escuelas deportivas cubanas tienen condiciones deplorables. En pos de la carrera deportiva futura y exitosa de sus vástagos, los padres deciden afrontar esas privaciones.

Si triunfan en el béisbol nacional, es un paso de avance. La próxima parada bien pudiera ser en Grandes Ligas. No todos llegan, está claro. Pero tampoco es delito soñar en grande. Jugar en Estados Unidos se le antoja a Gerardo como una quiniela. Al menos, piensa, es una posibilidad.

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