Martes, 21 de Noviembre de 2017
18:00 CET.
Juegos Olímpicos Londres-2012

Las posibilidades de Cuba

El deporte en sociedades cerradas siempre ha desempeñado un papel propagandístico de evidentes tintes políticos. Desde que la desaparecida URSS hiciera su debut en Juegos Olímpicos, su pretensión fue utilizar las citas deportivas universales como una vitrina que mostrara la "superioridad" del sistema comunista sobre el capitalismo.

Cuando en 1961 el barbudo Fidel Castro se alió a los soviéticos, copió el modelo deportivo del gigante euroasiático. Con algunos aportes locales.

Se diseñó una pirámide deportiva que especializaba a los atletas desde niños. También se masificó la práctica de un amplio abanico de deportes. Antes de enero de 1959, en la isla se practicaba a gran escala el béisbol y el boxeo.

Después de Castro, deportes un tanto exóticos para la fanaticada local, como el polo acuático, el hockey sobre yerba, el taekwondo o la lucha grecorromana, gracias a preparadores de Europa del Este y Corea del Norte, llegaron a tener un altísimo nivel cualitativo.

La mejor actuación de Cuba antes de que el comandante único se hiciera con el poder había sido en San Luis-1904, cuando se obtuvieron nueve medallas: cuatro de oro, dos de plata y tres de bronce. El mítico esgrimista habanero Ramón Fonst fue el héroe de la delegación al obtener medallas de oro individual en florete y espada. También obtuvo presea dorada en florete por equipo, junto a Manuel Dionisio Díaz.

Luego hubo una sequía de títulos hasta Londres-1948, donde se obtuvo una medalla de plata. Con la llegada de la revolución verde olivo, el salto en el deporte fue espectacular.

Faltaba carne de res y mantequilla, la gente sufría carencias materiales y el gobierno violaba abiertamente los derechos humanos, pero se formaban atletas como si fuesen perros calientes.

De un segundo lugar conseguido por el corredor de 100 metros Enrique Figuerola en Tokio-64 y otras cuatro de plata en México-68, en la ciudad bávara de Münich, en 1972, llegó la primera medalla de oro en los puños del boxeador capitalino Orlando Martínez.

Fueron tres púgiles, Martínez, Emilio Correa y el más grande boxeador de todos los tiempos en Cuba, Teófilo Stevenson, recientemente fallecido, la terna que conquistó las tres preseas doradas en Alemania.

Si en Münich se lograron ocho medallas, ya en Montreal-76 se conquistaron 13. Los éxitos fueron en aumento, a la par del discurso triunfalista del régimen, que veía en sus atletas un alter ego de guerreros, y las canchas deportivas como un escenario bélico.

La cúspide del deporte cubano llegó en Barcelona-92. En la ciudad Condal se ocupó el quinto puesto entre casi 200 naciones. Se obtuvieron 14 medallas de oro, 6 de plata y 11 de bronce, para un gran total de 31 preseas.

Pero el soberbio desempeño fue puro espejismo. Por esa época, Cuba atravesaba la peor crisis económica de su historia. Los bueyes sustituían a los tractores, la gente comía poco y mal, y las fabricas y centrales azucareros dejaron de producir.

La cúpula gobernante tenía las arcas públicas en mínimos. Y las enfermedades y virus asolaron la isla. Fue en los años duros del Período Especial, una guerra sin el tronar de los obuses, cuando el deporte cubano comenzó su caída libre.

Y aún no ha tocado fondo. Las múltiples fugas de atletas que abandonan los concentrados en el extranjero, el deterioro de escuelas e instalaciones deportivas y la falta de recursos necesarios para sostener el deporte de alto rendimiento, entre otras, han provocado que en los últimos 20 años la otrora potencia deportiva latinoamericana y caribeña se haya visto relegada en el medallero olímpico.

Y es que el deporte hoy es un negocio. Sin patrocinadores poderosos es muy difícil obtener buenos resultados. La inserción de la ciencia y el encarecimiento de los implementos deportivos, ha dejado sin aire a un régimen que a duras penas se puede sostener económicamente.

Ya en Beijing-2008, Cuba solo consiguió dos medallas de oro. Aunque obtuvo otras 22 preseas, 11 de plata e igual número de bronce. El país cayó al lugar 22. En la cita de Londres los pronósticos son sombríos. La isla asistirá con una delegación de 110 deportistas. Por vez primera asistirán más mujeres que hombres.

Se pudiera superar la cantidad de títulos de 2008, pero no son oros fáciles.

Dayron Robles, disgustado por las dificultades en su preparación, anunció su retiro después de estos juegos. Robles no es favorito al título, ni siquiera a estar en el podio de premiación en los 110 metros con vallas. Ha tenido una temporada para el olvido. Su crono de 13.19 no le garantiza una medalla. Sobre todo cuando tres corredores de Estados Unidos han bajado de 13 segundos. Y su sempiterno rival, el chino Liu Xiang, marcó un 12.87 con aire a favor.

Veremos. Robles es un tipo de competencia. Aunque su desempeño este año no augura una sorpresa agradable.

Las dos o tres medallas de oro que Cuba pudiera alcanzar deben llegar en los deportes de combate. Tampoco hay nada seguro.

El boxeo, con los campeones mundiales Lázaro Álvarez y Julio César la Cruz, pudiera obtener dos títulos. Todo depende del sorteo. Desde hace un tiempo el desempeño de los púgiles locales es inestable. Son capaces de lo mejor y de lo peor.

En la lucha grecorromana, la opción al oro recae en el multimedallista Mijaín López, de la categoría de más de 130 kilo. López es, quizás, el candidato más firme para obtener una presea de oro. Pero las lesiones y la falta de fogueo pueden pasarle factura. Súmele que un atleta turco, con madera de extra clase, ya lo venció en el pasado campeonato mundial.

El judo y el taekwondo pudiesen ofrecer alguna alegría. No lo creo.

Mi vaticinio es que Cuba no logrará más de dos medallas de oro. Y entre plata y bronce no alcanzará 12 preseas. Debe flotar en la tabla de posiciones entre el lugar 19 y el 25.

En atletismo, la discóbola Yarelis Barrio y el decatlonista Leonel Suárez deben colgarse una presea de plata o bronce. Poco más.

Muchos fanáticos pudieran sentirse decepcionados por el desempeño de los atletas cubanos en Londres. Pero no se debe ser tan exigente.

Lo mejor será disfrutar el evento. Y ver competir a fenomenales deportistas como Michael Phelps o el marciano Usaín Bolt. O a la nueva versión del dream team de baloncesto de Estados Unidos, con Kobe Bryant, Lebron James y Kevin Durant.

Siempre es bueno recordar que el deporte no es apología política. Es una fiesta. Lo demás debe quedar en segundo plano.

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