Martes, 27 de Septiembre de 2016
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Béisbol

Final del campeonato, final del culebrón

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Es veintinueve de mayo, la madrugada avanza y con ella llega a su fin la temporada beisbolera con el nuevo campeón: Ciego de Ávila. En medio de la euforia que causó esta final apretada contra el grandísimo Industriales, salieron a flote las deficiencias del pasatiempo nacional.

La pelota cubana viene padeciendo desde hace mucho un mal que necesita una cura de fondo, para que cristalice la pasión que se ve en los estadios de provincia y se corone en eventos internacionales.

En los terrenos, a fines de temporada, cuando se encuentran los ocho mejores equipos, aún se observan faltas en el corrido y bateo, fallas técnico-tácticas, peloteros que no saben tocar la bola y otros muchos aspectos que deberían aprenderse en edades tempranas. Estos índices demuestran, a todas luces, el bajo nivel competitivo en que se encuentra el deporte.

Lo que no se aprende en la base…

Casi todos (atletas, especialistas y aficionados) concuerdan en que hay dificultades presupuestarias y falta de atención al deporte social en Cuba. "Tal parece —dice Jorge en medio de una insigne Peña Deportiva de la ciudad de Holguín— que hemos regresado al 'campeonismo' de los años 80". Como él, otros creen que sin un fuerte apoyo institucional a las categorías infanto-juveniles no habrá béisbol del bueno en un buen tiempo.

"No basta —agrega Jorge— con dárselo todo a los consagrados finalistas, cuando eso mismo les ha faltado desde que comenzaron en el deporte".

Los estadios municipales presentan condiciones de posguerra, de territorios arrasados por una plaga. En varios municipios de las provincias orientales, los parques beisboleros albergan las temporadas provinciales sin la maya frontal para proteger al público, falta de techumbre en el graderío y deficiente o nula iluminación.

¿Qué puede ofrecer el INDER? Muy poco. La mala alimentación y los terrenos deplorables atentan contra la preparación y desarrollo de los espectáculos. Si los mínimos recursos se guardan para el campeonato nacional, ¿qué pueden esperar los peloteros en edades escolares o residentes en municipios lejanos?

En provincias como Las Tunas y Holguín varios equipos juegan el campeonato provincial con los jugadores regresando a casa por medios propios. El transporte que ofrece el INDER son unos camiones de pasaje solo para la ida y el regreso de cada subserie, pero como las condiciones de alojamiento son pésimas, muchos jugadores prefieren, entremedias, dormir bajo su propio techo.

El tiempo perdido

En ocasiones, los programas televisivos y radiales sobre el deporte de las bolas y los strikes se hacen eco del éxodo del público hacia el fútbol. Cada fin de semana la TV pasa sin miramientos lo mejor del deporte de las multitudes: la liga europea en todas sus versiones.

El béisbol, cautivo de una ideología, no ha podido ir más allá de los topes internacionales en que participa la selección criolla. Está muy lejos el día en que exhiban, como última opción, la Liga del Caribe, o sus pares en Venezuela o México. Mientras, en el graderío y la sala de casa el público pide sangre, literalmente.

La guía oficial de béisbol (2009-2010), aún cuando compila las estadísticas a partir de 1959 con el eufemístico nombre de "Béisbol revolucionario" (aludiendo al ascenso al poder de Fidel Castro), ha mantenido los nombres de quienes decidieron marcharse del país o quedarse en sus incursiones foráneas y hoy son estrellas o brillaron en el deporte profesional. José Ariel Contreras, Alexei Ramírez, Aroldis Chapman, Liván y El Duke Hernández, entre otros, figuran en las estadísticas: pero ni muerto el Uno o agonizante el Dos aparecerán sus rostros en la pantalla chica.

Internet, los programas robados por vía de antenas parabólicas o lo que traen turistas y cubanoamericanos, llenan un poco el vacío. Bajo nombres como Las mejores jugadas o Lo mejor de lo mejor la gente graba en discos compactos o memorias flash las proezas de compatriotas como Yunel Escobar o Kendrys Morales, o pormenores del más reciente fugitivo, el estelar Yoenis Céspedes. El fantasma de la pelota de Grandes Ligas pasa por debajo de la mesa y se cuela en los hogares cubanos.

En tanto, el Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista cierra a cal y canto las compuertas para que no escapen los peloteros o penetre lo que el dogma marxista denomina "diversionismo ideológico". Pero país adentro continúa la pasión, y muy pocos se acuerdan de llamar a la pelota, revolucionaria.