Lunes, 26 de Septiembre de 2016
06:09 CEST.
Béisbol: Serie Nacional

Poca calidad, mucha rivalidad

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Ver algunos juegos de la campaña nacional es pasatiempo de tipos aburridos. Si usted es de esos puristas del buen béisbol, repetidamente se insultará al ver las pésimas jugadas al campo y los problemas en la mecánica de lanzar de los pitchers, lo que les provoca un descontrol manifiesto.

Y hay más. Bateadores con swings desfasados. Mal corrido de bases. Un nivel paupérrimo entre los directores de equipo. Pondré dos ejemplos, aunque estos, paradójicamente, han tenido éxito:

Víctor Mesa, uno de los mejores pilotos, convierte una novena sólida en una guerrilla. Tiene por virtud implantar una disciplina cosaca y hacer jugar duro a los peloteros. Pero se saca de la manga cada jugada, que es para tirarle trompetillas.

En un partido de la serie regular, el actual director de la novena de Matanzas envió al plato un emergente por Yoandry Garlobo, su cuarto bate. Amén de tener sentado la mayor parte de la temporada al líder de bateo del primer Clásico, a todas luces el mejor bate de su novena.

También, el hiperquinético manager saca a los lanzadores abridores a las primeras de cambio. Toca bola con su cuarte bate. O alista en su novena a un ex jugador santiaguero, Manuel Benavides, de 44 años y cinco sin practicar béisbol.

Cualquiera pensaría que a Mesa le falta un tornillo. Pero no. Este año Matanzas obtuvo su mejor actuación histórica de por vida, al ganar 58 encuentros y ser primer lugar en la llave occidental.

El otro que no las tiene todas consigo es el DT de Industriales, Lázaro Vargas. Al principio se puso a inventar, haciendo una alineación atípica, colocando al toletero y cuarto bate Alexander Malleta de tercer palo.

Al segundo bate habitual lo bajó al noveno. Y a su receptor defensivo e integrante de la selección nacional, Frank Camilo Morejón, lo llevó al banco en detrimento de Lisván Correa, un moreno de 6 pies y dos pulgadas capaz de botar la bola por cualquier banda.

Madero en mano, Correa no lo hizo quedar mal. Junto a la joven promesa Yasmany Tomás, fueron los líderes jonroneros del conjunto, con 16. Pero en la defensa lo de este chico pasa de castaño a oscuro.

Le robaron 42 bases. Solo capturó a ocho. Y a la hora de conducir el pitcheo no se podía buscar peor aliado. Hasta que, por fin, el flemático Vargas —apenas se para del banquillo durante los partidos—, en las postrimerías del torneo, replanteó sus estrategias. Y Frank Camilo calzó los arreos.

Industriales, por cierto, regresa a los play-off luego de una campaña aciaga al mando de Germán Mesa. La novena insigne de la pelota cubana es capaz de lo mejor y de lo peor. Fue quinta en bateo con 296 y tercera en vuelacercas con 96, pero en la defensa compartió el lugar 14 junto a Sancti Spiritus, con un 971 de nivel colegial.

Los pitchers industrialistas lanzaron para un promedio de carreras limpias de 4.79, ocupando el lugar 13 de la Serie. Cosas raras que se dan en el béisbol de la Isla. Si creyéramos la máxima de que el pitcheo es el 75% de la victoria, entonces habría que preguntarse cómo Industriales clasificó para la post-temporada.

La respuesta, también, está en los números (colectivos): el equipo bateó y aprovechó un torneo cuya defensa es de 974 y donde colectivamente se pitchea para 4.35.

Si dos de las mejores novenas tienen lagunas, qué decir del resto. A todas luces, Villa Clara es lo mejor que puede verse en la actual contienda. Primera en pitcheo con 3.40, tercera en ofensiva con 299 y tercera en defensa con un regular 975.

En el béisbol nacional sigue primando la ofensiva, a pesar del cambio de pelota para disminuir el bateo desmesurado. Con la Mizuno 200 disminuyó algo. De 299 que se promedió la pasada campaña, en ésta, el guarismo ofensivo descendió a 283. Aún elevado. También se redujo el número de jonrones, 1.214 por algo más de 1.300 la campaña anterior.

Y hablando de jonrones, las palmas para el rey de los vuelacercas, Alfredo Despaigne. Un recortado y forzudo jardinero izquierdo del equipo Granma que pegó 36, estableciendo una nueva cota nacional.

Despaigne bateo un jonrón cada 9.5 veces al bate. Y no fue el mejor en cuanto a promedio. El sensacional inicialista de Cienfuegos, José Dariel Abreu, conectó 35, y su frecuencia fue de 8.6.

Los clasificados para los play-off s en la zona oriental se decidieron el último día de competencia. Por segunda vez, Santiago de Cuba, uno de los grandes, queda afuera de la discusión del título.

En esta temporada, Santiago fue una clínica ambulante. Perdió por lesiones a su línea central, conformada por la segunda base Héctor Olivera, el torpedero Luis Miguel Navas y el jardinero central Reutilio Hurtado.

Bastante hizo. Pues su pitcheo abridor no puso una en los partidos decisivos. La tapa al pomo fue la última subserie, tres encuentros contra el colista, Mayabeque, donde los santiagueros con dos victorias se colaban en los play-offs. No pudo ser. Dos veces cayeron derrotados.

El martes 24 de abril arrancaron los juegos de post-temporada, al mejor de siete. En la zona occidental, Industriales-Cienfuegos y Matanzas-Sancti Spiritus. Por la oriental, Villa Clara-Granma y Las Tunas-Ciego de Ávila. Pronosticar se antoja difícil.

Debido a su pérdida de calidad, el béisbol que se practica actualmente en Cuba ha provocado que los grandes ganen y pierdan por igual con los chicos. Las novenas son muy irregulares. Hoy hacen un gran partido y al día siguiente pierden por abultados marcadores.

De cualquier forma me mojo. Para mí, Industriales y Sancti Spiritus pasan a la otra ronda. Por el oriente, Villa Clara y Ciego de Ávila. E incluso me arriesgo a más.

Soy de los que piensan que en la discusión del título zonal, Industriales supera a los espirituanos y Villa Clara domina a los avileños. Me baso en una estadística: hace 11 años, desde que Holguín ganara en 2001, solo los equipos grandes triunfan en los clásicos.

Y del grupo, solo los azules y los naranjas tienen etiquetas de grandes. La pelota ha perdido muchos enteros, sin embargo, y ésa es la buena noticia, mantiene su competitividad.

Con los play-offs aumentará la rivalidad. No siempre calidad es sinónimo de competencia. En la liga española de fútbol, antes de comenzar el torneo, se sabe que el Barcelona y el Madrid van ocupar los dos primeros puestos. La discusión se centra en quien será el uno.

En Cuba hay más competencia. Aunque no mucha. Por lo general, el trofeo se lo reparten entre Santiago de Cuba, Villa Clara, Pinar del Río e Industriales, pues La Habana, que lo gano hace tres años, despareció como provincia y como equipo.

Por el bien del espectáculo, en la final deberían estar Industriales y Villa Clara, dos novenas acostumbradas a jugar con presión. Y que saben lo que es ganar, aunque los villaclareños hace 16 años no saborean las mieles del triunfo. Esta vez podría ser su oportunidad.