Sábado, 1 de Octubre de 2016
01:17 CEST.
Deportes

Entre culés y merengues

El béisbol cubano resiste como puede. La pujanza de las ligas profesionales de fútbol europeo ha menguado la pasión por el deporte nacional.

Sobre todo la liga española. Los aficionados desertan por día, sustituyen los extensos juegos de pelota —algunos sobrepasan las 4 horas— por el ritmo de toques y contragolpes letales proporcionado por hora y media de fútbol en su más alto nivel.

Ahora mismo, Cuba ya vive con morbo inusitado el choque de trenes que acontecerá el sábado 21 de abril entre el merengue Real Madrid y el culé Barcelona. En el Camp Nou se verán, cara a cara, los dos pistoleros más letales del fútbol mundial.

El argentino Leo Messi y el portugués Cristiano Ronaldo. Dos tipos del siglo 22, infiltrados desde otras galaxias para encantar a este mundo en crisis y de futuro dudoso.

Ambos han anotado 41 goles en la liga. Ya rompieron el récord de más goles para una campaña del propio Cristiano el año pasado. Y van a por más. El argentino y el portugués son la antípodas en lo personal y en lo atlético.

Messi, callado y dormilón, le aburren los libros y las cosas mundanas. Si no fuese futbolista quizás hubiese intentado el suicidio. El fútbol es su medicina anti estrés. Los goles impredecibles su mejor vacuna para escapar al tedio.

Un balón entre los pies; esa es la única manera que sabe interpretar la vida el chico de Rosario. Fuera del terreno, es un ser humano poco llamativo. Bajito y común. Ya dentro de la cancha es la prueba palpable de que Dios existe.

Para establecer competencia, el Todopoderoso diseñó a Cristiano Ronaldo. Salido hace 26 años de Madeira —una isla que se debe buscar con lupa en el mapa—, Ronaldo es, quizás, el Caín de esta historia. Celoso de Messi, mira los videos con sus goles y los compara con los suyos. Luego le pregunta a su otro yo quién es el mejor del mundo.

Lo que más molesta al portugués es que la conciencia siempre le responde que el argentino es el número uno. Si no existiera Messi, Cristiano fuera Messi. Pero hay un Messi, y para desgracia de Ronaldo, debe ocupar el segundo escaño entre los mejores futbolistas del planeta.

Celos y egos apartes, Cristiano es un monstruo. Físicamente mejor dotado que Messi. Alto, con una pierna derecha cargada de dinamita. Un clon de PlayStation.

Mete goles de cabeza, con ambas piernas, y corre por la banda izquierda tan rápido como un velocista de cien metros. Ahora tiene la oportunidad de redimirse en el Camp Nou, hacer el partido de su vida y callar a sus críticos, quienes aseguran que le tiemblan las rodillas en los encuentro decisivos.

Si en Madrid deja el espejo mágico, podrá hacerlo. Además de este duelo de película entre dos de los mejores futbolistas de la historia, el club merengue apunta a romper el récord de más goles para un torneo. El sábado 14 de abril empató los 107 goles anotados en la era de Toshack. En la Ciudad Condal debe inscribir una nueva marca.

Este duelo entre colosos va ser seguido por 2 mil millones de habitantes. Casi un tercio de todos los seres humanos. En Cuba, la previa del juego no pasa inadvertida. A pesar de estar a las puertas de los play offs beisboleros, el fútbol tiene en la isla un tirón poderoso. Las causas son muchas.

Desde la promoción del fútbol mundial por los medios locales, hasta la crisis de juego de nuestro béisbol. Se sabe que hemos perdido mucho. La fuga de más de 300 peloteros es una causa de fuerza mayor.

La otra es la tozudez del gobierno de los hermanos Castro, de mantener el portón cerrado impidiendo que los beisbolistas compitan en ligas profesionales. Debido al embargo, la participación en la gran carpa de peloteros cubanos se torna un engorro burocrático, pero podrían hacerlo en Japón o Corea del Sur

Aunque el organismo deportivo dedica la mayor parte de sus maltrechos recursos financieros a planificar una temporada que permita a los peloteros dormir en hoteles y viajar en ómnibus climatizados, esto no ha sido suficiente para frenar la caída cualitativa del béisbol en el país.

Además, la competencia televisiva es abismal. Una producción con decenas de cámaras, espectaculares estadios europeos y un césped que parece un tapiz de billar, mueve a muchos fanáticos a cambiar de canal cuando observan un juego de pelota grabado por 4 cámaras viejas, terrenos irregulares, deficiencias en la defensa y el pitcheo y unos managers con estrategias de mediados del siglo XX.

Si se le pregunta a cualquier cubano de entre 15 y 30 años, se comprobará que la mayoría prefiere el fútbol al béisbol. Si las políticas estúpidas del régimen cambiaran, y por la televisión retrasmitieran encuentros de Grandes Ligas, las cosas podrían ser diferentes.

El béisbol es un deporte caro. El fútbol es un cuero, un terreno y dos palos. Desde finales de los 80, en Cuba se da una amplia difusión del más universal de los deportes. Pero el aluvión de buen fútbol no se ha revertido en mayor calidad local.

Todo lo contrario. A la misma hora en que se esté jugando el partido entre culés y merengues en Cataluña, se estará efectuando de manera casi clandestina la final del paupérrimo campeonato nacional de fútbol, entre cuatro equipos. A gradas vacías.

En Cuba la afición apuesta por el fútbol de primer nivel. Ese que se practica en Europa o Sudamérica. Los jóvenes conocen al detalle la vida íntima de las grandes estrellas.

Y es más fácil adquirir en el mercado negro una camiseta de Messi o Cristiano, que comprar en las tiendas por moneda dura una franela de los industrialistas Yoandry Urgellés o Alexander Malleta.

Esos detalles, entre otros, han propiciado que muchos seguidores le hayan dado la espalda al deporte nacional. Partidazos como los del Barça y el Madrid, o los juegos entre semana de la Champions, son una golosina para los fans criollos.

Quizás los play offs maquillen un poco la descolorida campaña beisbolera. Es una asignatura pendiente de las autoridades deportivas intentar rescatar o atraer a esa nueva generación que ve al béisbol como un deporte demasiado largo y tedioso.

Sobre todo después de ver jugar por la tele a genios como Lionel Messi o Cristiano Ronaldo. El béisbol cubano la tiene difícil.