Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
18:59 CET.
Deportes

Santiago vs. Industriales, Madrid contra Barcelona

A pesar de estar ya en marcha la temporada invernal del béisbol cubano, muchos fanáticos al deporte se frotan las manos por el esperado duelo Madrid-Barca del próximo sábado 10 de diciembre.

Y es que en este siglo XIX el futbol mira ya, de tú a tú, al deporte nacional en la Isla. Los menores de 30 años prefieren el futbol. Hay seguidores de todas las ligas. Alemana, italiana, española, inglesa, argentina, brasileña y portuguesa.

Dejan a un lado el béisbol. No soportan estar cuatro horas sentados en las gradas, luego de perder dos horas en trasladarse al viejo estadio Cerro en un repleto Metrobús.

Aquí las autoridades que rigen el negocio de la pelota saben poco, o nada, de vender de manera atractiva el juego. En los estadios de Cuba usted no puede comprar afiches de sus jugadores preferidos, la guía del año u otros elementos de marketing que enriquecen el entorno beisbolero.

Lo que sí se puede obtener en 80 pesos es un pullover de baja calidad de Industriales o Santiago de Cuba en alguna tienda por moneda nacional en el centro de La Habana.

Ya si uno quiere una lucir una gorra o camiseta de su ídolo, llamase Héctor Olivera, Alexei Bell, Yoandri Urgelles o Alexander Malleta, tiene que pagar en moneda dura el equivalente al salario mensual de un obrero.

Quizás por ello, ahora mismo, en pleno Clásico del béisbol nacional, que enfrenta a las dos novenas que más títulos han ganado, se puede observar en el graderío un mar de gorras de la MLB y camisas de los dominicanos Albert Pujol o David Ortiz.

También alguna gastada franela del Duque Hernández, cuando jugaba con los Yankees de Nueva York, y por qué no, los industrialistas acérrimos mandan a pedir a sus parientes al otro lado del charco una camisa de Kendry Morales o Yunel Escobar, jugadores que hicieron sus pininos con la nave azul: en el caso de Morales, por todo los alto.

Kendry, desde que debutó en la temporada 2001-2002, tenía pinta de big leaguer. Quebró todos los record ofensivos para un novato. Y desde La Habana los auténticos seguidores del béisbol, esos a los que aburre el fútbol —incluso aunque sea el duelo Madrid-Barcelona—, siguen como pueden cada detalle de su recuperación física.

El Gambao, como se le conoce a Yunel Escobar en Marianao, de donde es oriundo, también forma parte del orgullo azul, un equipo que ha sufrido como ninguno las fugas de atletas —más de 170—, y que por ello su afición les desea suerte y los sigue como puede en internet.

El béisbol no solo pierde jugadores de calibre que optan por ganar salarios de seis ceros y manejar libremente sus finanzas. No. También desertan aficionados.

Entre las causas, sobresale la caída en barrena de la calidad competitiva. Además de ser la pelota un juego largo, los fans tienen que observar la mecánica desastrosa de los jugadores a la defensa del campo, malas estrategias de managers, pensamiento técnico-táctico muy pobre y lanzadores que solo lanzan rectas y slider y tiran más bolas que strikes.

Ese es un elemento de peso por el que muchos se quedan en casa y siguen los partidos por la tele o la radio, o simplemente no lo siguen.

Otra cosa, sin embargo, es una serie entre Industriales y Santiago de Cuba.

Los hinchas de las dos novenas son el 30% de la población nacional. Antes de arrancar cada partido, las aficiones se dividen. Los que apoyan a los azules se sientan por la raya de tercera. Aquellos que siguen a Santiago de Cuba se apoltronan por el banco de primera. Y por cierto, en La Habana, debido al éxodo masivo de orientales a la capital, sobre todo santiagueros, los seguidores de Santiago aumentan cada día.

Cada cual disfruta el clásico a su manera. Los industrialistas con su macota, el León Azul, le gritan alrededor de la efigie de Armandito El Tintorero a la novena contraria: "palestinos, palestinos".

Los del bando oriental rompen desde el mismo inicio las botellas de ron peleón que introducen sin grandes dificultades camuflados en botellines plásticos y cornetas chinas. Entre ron y rumba, sin parar, se la pasan gozando las nueves entradas.

No importa que ya no estén en el terreno grandes como Kendry Morales, Yunel Escobar, Jesús Julio Ruiz o Adelmis Echevarría, los juegos Santiago-Industriales siempre se disfrutan. Es otra cosa. Algo más que beisbol.

Fútbol: Madrid-Barcelona

Pero en este diciembre de fin de año en Cuba hay otro clásico, de ribete global, que tiene a las peñas deportivas en vilo. Es el partidazo del próximo sábado entre Madrid y Barcelona.

Ya la televisión nacional anunció que ofrecerá en vivo el encuentro a efectuarse en el estadio de Chamartín. No es nuevo. Desde hace tiempo el ICRT trasmite en tiempo real los juegos cumbres de la Liga Profesional de España y de la Liga de Campeones.

También todos los partidos de Copas del Mundo o Eurocopa. Agréguese cuatro emisiones semanales que brindan encuentros de otras ligas europeas y de las sudamericanas.

Mucho futbol. Y ninguna difusión del béisbol internacional. Esta sequía informativa sobre la gran carpa, las ligas caribeñas o las asiáticas, ha provocado que los más jóvenes apuesten por el fútbol.

Claro, ellos ven con sus propios ojos lo que más vale y brilla. Desde el toque mágico de Messi a la potencia atlética de ese animal de hacer goles llamado Cristiano Ronaldo. Conocen todos los bretes de sus vidas privadas, y han convertido los terrenos de béisbol en campos futboleros.

Mientras que los tres juegos de esta semana entre Santiago e Industriales no se jugaran a estadio lleno, el partido del Madrid-Barcelona del 10 de diciembre tendrá una audiencia impresionante.

Y aunque los amantes al balompié salten de alegría en un solo pie, la mala noticia para ellos es que los pocos deportistas cubanos que brillan siguen siendo boxeadores o peloteros.

De nada vale pagar 5 dólares por una revista Marca. 30 chavitos por una camiseta azulgrana de Messi, saberse de memoria las alineaciones del Barca desde 1996 o imitar la manera de cantar goles de Germán García en Radio Nacional de España.

El fútbol en Cuba, en cuanto a calidad se refiere, no corresponde a la extensa legión de aficionados que posee.

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