Martes, 12 de Diciembre de 2017
01:53 CET.
Béisbol: Juegos Panamericanos

Tras una derrota panamericana

Sustentada por una larga historia de éxitos, la calidad del pelotero cubano es indiscutible. Considerado el deporte nacional desde hace más de un siglo, el béisbol nacional cuenta con figuras estelares desde mucho antes de 1959.

Pero a partir de entonces, y a la usanza de los países del excampo socialista, el castrismo suspendió toda actividad conocida como profesional y dictó la sola aceptación del "amateurismo".

Al igual que en naciones como las extintas Unión Soviética y Alemania Oriental, la practica deportiva se convirtió en un apéndice más de la política y la guerra fría; su principal función era demostrar la superioridad de un sistema social sobre otro.

Sólo que, ¿eran y son realmente amateurs los deportistas cubanos? Rotundamente no.

Situado siempre en los extremos, el régimen creó atletas en laboratorios de alto rendimiento, los hizo comulgar ideológicamente, les regaló un estatus privilegiado y el derecho y la obligación a la practica permanente bajo subsidio estatal.

Bien que ha gastado millones el castrismo para vender su imagen, empobreciendo así otras esferas de la vida espiritual y material de los cubanos, que hoy comulgan con la miseria y, para colmo, tampoco ganan medallas.

Años atrás, el estado benefactor y subsidiado por la URSS fungió como una punta de lanza capaz de mantener el control sobre la población adormeciéndola con logros deportivos. El béisbol, por su simbolismo y popularidad, por constituir un punto de confrontación permanente con Estados Unidos, ha sido la esencia de todo este proceso.

Pero los éxitos de entonces eran obtenidos frente a atletas en desarrollo o inexpertos entusiastas que en muchas ocasiones se costeaban a sí mismos sus actividades. Y por si fuera poco, aquellas victorias eran presentadas como batallas de David contra Goliat, reflejo del mundo de ficción en que han vivido los cubanos.

El mundo real, sin embargo, ha cambiado. Ya no hay subsidio soviético, la Isla no puede ocultar su empobrecimiento y su improductividad, y la crisis se extiende más allá del deporte. Los peloteros cubanos han perdido fortaleza física y no poseen los recursos técnicos y tecnológicos adecuados. Por la mente de los jóvenes ya no pasa el absurdo compromiso de dedicar sus medallas al Comandante en Jefe, en cambio, muchos sueñas con escapar y jugar en ligas profesionales.

Mientras tanto, Castro, en sus trece, pretende mantener a los cubanos aislados, esgrimiendo un anacrónico discurso que supuestamente demuestra la superioridad atlética del socialismo, silenciando la condición de profesionales de Estado de los atletas.

El mundo ha cambiado tanto, las reglas vigentes han borrado de tal modo las fronteras entre los amateurs y los profesionales, que el otrora supuestamente invencible equipo cubano ha perdido, entre otros eventos, los tres últimos campeonatos mundiales, dos de las últimas olimpiadas y, después de 40 años de dominio absoluto, los Juegos Panamericanos.

El análisis de la tragedia nacional, a la luz de la derrota panamericana y de tantos otros descalabros, evita ir a las raíces del asunto, quedándose en supuestos errores técnicos.

Incapaz de reconocer la sarta de errores políticos y conceptuales que han llevado al desastre deportivo a la Isla, Fidel Castro sigue llamando traidores a quienes han decidido pensar por sí mismos y labrarse un futuro.

Un régimen aislado, encerrado en concepciones anacrónicas, que condena a sus atletas a una miserable vida posdeportiva, no puede revivir éxitos que mucho tuvieron de fraude y manipulación.

La frase de Castro de "volveremos a ser la potencia dominante en el beisbol" es una idea desfasada por voluntarista. Más bien habría que preguntarse si alguna vez Cuba fue realmente una potencia tan absolutamente dominante en el deporte de las bolas y los strikes.

Los análisis que se hacen para revertir las causas de las derrotas beisboleras deberían comenzar por aceptar que en el deporte también se vive un tiempo real, que ser un profesional remunerado de la disciplina es una justa aspiración de cada deportista.

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