Viernes, 15 de Diciembre de 2017
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Béisbol: Campeonato Mundial

Holanda baila en casa del trompo

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En un torneo del orbe descafeinado y pasado por agua, concluido el 15 de octubre en el estadio Rod Carew de Ciudad Panamá, la novena de Holanda se alzó con el primer título mundial de su historia al derrotar a Cuba en un reñido partido de dos carreras por una.

Los tulipanes bailaron en casa del trompo. Se sabe del poderío que goza el deporte de la bola y los strikes en América. Pero los de los Países Bajos no creyeron en selecciones con mayor abolengo. Fuera de eso, el torneo fue de mediocre hacia abajo.

Es lo que desde hace mucho viene sucediendo con estos eventos. Estados Unidos, República Dominicana, Puerto Rico, Panamá, Venezuela y Canadá asisten con peloteros rentados de poca monta y sin espíritu competitivo.

Ernie John, director de la selección estadounidense, reconoció en una entrevista que sus jugadores apenas entrenaron dos días y tuvieron sólo tres juegos de preparación. En la novena gringa había nivel. Si se miran los números de sus peloteros, vemos que asistieron con 17 jugadores de Triple A y 7 de Doble A. Se podría pensar que era un conjunto para discutir la corona.

Pero estos yanquis decepcionaron. O no eran tan buenos como los pintaban, o poco les importó meter el cuerpo en una lid que no les aportaría nada a sus carreras. Fueron a turistear a suelo istmeño.

La filosofía del picheo en las mayores, con una eficacia demostrada, está diseñada para calendarios extensos, como los de la gran carpa. El míster estadounidense le puso poco interés al partido frente a Cuba —decisivo para ubicarse entre los dos finalistas—, al dejar que magullaran sin piedad a su pitcher abridor, Jeffrey Márquez.

En 3 innings le hicieron 7 carreras y le conectaron 11 hits. Márquez estaba al globo. La bola no llegaba nunca a la mascota del receptor. Líneas van y líneas vienen.

Cuando el DT lo sustituyó fue tarde. Estados Unidos hizo 7 carreras, pero ya el mal estaba hecho. Lo que resulta efectivo en Grandes Ligas, donde el abridor debe cumplir su trabajo aunque le anoten media docena de carreras, no es recomendable en los eventos cortos. El resto de las novenas de América fueron patéticas.

Canadá, para cumplir el protocolo, reunió su equipo de habituales descartes convoyados con algunos talentos jóvenes. Venezuela era un circo. Lo mejor era su manager: Luis Sojo, exjugador de las Grande Ligas.

República Dominicana por el estilo. 48 horas antes de que comenzara el evento no tenían el dinero para viajar a Panamá. Y los dueños de equipos de su liga invernal se negaron a prestar jugadores.

Ya se sabe que Dominicana tiene más de 400 peloteros en las organizaciones de las mayores. Pero la desidia de su federación, el escaso interés de los peloteros y la negativa de los dueños de clubes, impidieron armar una novena decente.

A Puerto Rico y Panamá, con menos donde escoger, les sucede otro tanto. Pero la falta de respeto mayúscula a la entidad mundial que rige los destinos del béisbol la pusieron Corea del Sur y Japón.

Los coreanos se apearon en el ciudad del canal con una selección de policías y militares. Japón le dio licencia a trabajadores que juegan en la liga empresarial para que se solearan y divirtiesen en Panamá.

Los peloteros australianos se conocieron en el aeropuerto.

En fin, solamente Cuba y Holanda respetaron un torneo con carácter universal y asistieron con lo mejor que tienen a mano.

Federativos, burócratas

Si en lo deportivo el torneo estuvo flojo, qué decir de los federativos. Ante las constantes suspensiones por lluvias tuvieron la genialidad de acortar a 7 entradas los juegos.

Estos gerifaltes, sencillamente, asesinaron el béisbol. No es de extrañar que el peripatético belga Jacques Rogge quiera sacar a la pelota del calendario olímpico. Entre los grandes culpables de que el béisbol internacional sea una parodia se encuentra, en primer lugar, el comisionado de Grandes Ligas, a quien poco le importa el olimpismo y los campeonatos mundiales.

Luego le siguen la banda de malandrines que copan la federación internacional. Ha habido de todo en la villa del señor. Desde un italiano, como el fallecido Aldo Notari, que nadie respetaba por la incongruencia que significa que el líder de una federación proceda de un país donde dicho deporte sea exótico, hasta el estadounidense Harvey Schiller.

Muchos pensaron que Schiller le daría un impulso a la universalización de las bolas y los strikes. Nada de eso. Durante su mandato, la mano se metió más de lo debido en la exigua caja chica de la federación, además de inventarse una horrible regla para acortar los juegos empatados.

Es intrascendente conocer quién administra el béisbol a nivel global en estos momentos. La realidad es que lo han decapitado. Ya las Copas Intercontinentales dijeron adiós. Ahora los Mundiales también se borran del almanaque beisbolero.

Quedará solo el Clásico, que por el rumbo que lleva, donde los jugadores llegan fuera de forma y se les ve bostezando y aburridos en el banco, tiene todas las papeletas para que también se vaya a pique.

El béisbol amateur tiene hoy dos enemigos poderosos: el dinero y las gerencias mediocres. En el fútbol, el baloncesto u otros deportes colectivos, eso no sucede. Se ha creado una tradición. Y las Copas del Mundo son un anhelo y una vitrina para las grandes estrellas. La FIFA, además, obliga a los dueños de clubes a ceder los jugadores al llamado de sus selecciones. Incluso los torneos de liga se detienen. Pero a los dueños de Grandes Ligas sólo les interesa su torneo local.

Del mundial a los panamericanos

Mientras el béisbol va camino de su entierro, lo más destacado del Mundial de Panamá fue el desempeño de Holanda, que ganó 11 juegos y solo perdió uno. Su picheo trabajó para menos de dos carreras por juego. Y a pesar que son peloteros de nivel medio, ponen el corazón en el terreno.

Cuba sigue su mala racha. Hace tres mundiales que no levanta la corona. De cualquier manera, el conjunto de la Isla no jugó mal. Fue primero en bateo con 344 de promedio. Su picheo y defensa se comportaron con gran altura. Y el jardinero central Rusniel Castillo fue la diferencia, con su bateo salvaje de 512. Brilló con sus engarces el formidable paracorto Erisbel Arruebarrena. Y en la lomita, Yadier Pedroso reafirmó que tiene madera de big leaguer.

En el primer campeonato del mundo, efectuado en Londres en 1938 y donde solo compitieron Estados Unidos y Gran Bretaña, los ingleses ganaron. En este último mundial, Holanda, otro país europeo, se lleva la corona. Para Cuba será un consuelo ganar la lid beisbolera en los Juegos Panamericanos que hasta el 30 de octubre tienen lugar en Guadalajara, México.

Incluso volviendo victorioso, el manager Alfonso Urquiola estará en la picota pública. Si tampoco obtiene el título del continente, entonces la sangre llegara al río. Y Urquiola tendría sus días contados como seleccionador nacional. La hinchada cubana no celebra segundos lugares.

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