Lunes, 11 de Diciembre de 2017
23:52 CET.
Boxeo: Campeonato mundial

En busca del cetro perdido

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Hace un tiempo, cuando la tubería de petróleo y rublos soviéticos conectaba a la Plaza de la Revolución con el Kremlin, un orgulloso Fidel Castro, con su sempiterna casaca verde olivo, solía recibir a las delegaciones deportivas cubanas a pie de la escalerilla del avión tras cada triunfo.

Fue en esa etapa que el Comandante único se refirió al boxeo como el "buque insignia del deporte cubano". Y lo era. El pugilismo criollo, después de que el zurdo de Juanelo, Orlando Martínez, ganara la primera medalla de oro en Munich-72, ha llegado a conquistar 55 títulos olímpicos: 32 de oro, 15 de plata y 8 de bronce.

Algunos, como el guantanamero Ángel Herrera (57 kg) o el holguinero Mario Kindelán (60 kg) han doblado sus preseas áureas en olimpíadas. La lista de campeones es larga.

Varios de los que brillan hoy como púgiles profesionales, dígase Guillermo Rigondeaux u Odlanier Solís, también subieron a lo más alto del podio olímpico. Pero el protagonismo, sin duda, se lo llevan el mítico peso completo de Las Tunas, Teófilo Stevenson, con tres medallas de oro, y el crucero de Guantánamo, Félix Savón, con similar cantidad, igualando el record del húngaro Lazlo Papp.

Stevenson, de seis pies y tres pulgadas de estatura, tenía anestesia en su mano derecha. De no ser por las políticas absurdas del régimen de Castro, habría podido llegar a colgarse hasta cinco títulos. La no asistencia a Los Ángeles-84 y Seúl-88 le privó de convertirse en el púgil más ganador de medallas de oro en citas olímpicas.

Al margen de lo anterior, el peso pesado tunero fue uno de los grandes. En su época dorada llegó a rumorarse de un posible tope con el legendario Mohammed Alí. El boxeo de la Isla, entonces, arrasaba también en los torneos mundiales de aficionados.

Cuba fue puntera en el pugilismo amateur desde 1974, cuando se celebró el primer campeonato en La Habana, hasta finales de la década de los noventa. Pero en el siglo XXI el boxeo ha colapsado, en gran medida, debido a la hemorragia de púgiles que abandonan el país. Y no se trata de boxeadores de cuarta categoría. No. Al profesionalismo ha saltado una porción de la crema y nata del boxeo nacional.

Y el mazazo se ha sentido. El "buque insignia" ha hecho aguas. En la actualidad, escasean artistas del ring, expertos en dar y que no te den al estilo de Rigondeaux o Yan Barthelemy. Ya no es común ver a gladiadores espectaculares que pelean de campana a campana como Erislandy Lara o Yuriorkis Gamboa. Ellos decidieron ser atletas libres, ganar dinero y administrarlo.

Las fugas de púgiles provocó un cataclismo en los cuadriláteros locales. Resultado, en los últimos dos mundiales no se ha podido obtener el título por naciones.

En Milán-2009 solo se obtuvieron una presea de oro por mediación de Roniel Iglesias en 64 kilogramos, una plata y dos bronces. En esa ocasión, Cuba ocupó el tercer lugar por países, detrás de Rusia e Italia. En la cita anterior, Chicago-2007, sucedió otro tanto.

Ahora, en el mundial que a partir del 26 de septiembre y hasta el 10 de octubre se celebrará en Bakú, Azerbaiyán, el exespía de la inteligencia, Alberto Puig, al frente de la Federación Cubana de Boxeo, se siente optimista.

La meta es recuperar el trono y la prestancia perdida por la reconocida escuela cubana de boxeo. Pues en la Isla, incluso antes de Fidel Castro, el pugilismo fue siempre un deporte con una gran cantera.

La era del Kid y la era actual

Eligio Sardiñas, Kid Chocolate, libra por libra el mejor púgil cubano de todos los tiempos y uno de los grandes del mundo, obtuvo la faja mundial entre los profesionales. Otro como Urtiminio Ramos, peso ligero con pegada de súper completo, fue un gigante. En los primeros años de su carrera, tres de sus adversarios fallecieron debido a sus contundentes golpes.

También fueron campeones mundiales en la categoría profesional Gerardo González, Kid Gavilán, Luis Manuel Rodríguez y José Mantequilla Nápoles.

Luego, con la llegada de Castro y la abolición del deporte profesional, el boxeo amateur empezó a lucirse. El padre de esos triunfos es repartido. Desde preparadores rusos y húngaros hasta el brillante Alcides Sagarra —quien ahora adiestra a la escuadra de Kazajstán—, creador de la actual escuela.

Según los entrenadores isleños, después del varapalo de las fugas, el pugilismo cubano vuelve por sus fueros. Veremos. Cuba no lo tendrá fácil en Bakú. Esta lid será la más concurrida de todas, con unos 680 boxeadores de 120 países. Otorgará 92 plazas para los Juegos Olímpicos del próximo año.

Los especialistas del patio auguran al menos dos preseas de oro y ocho o incluso los diez boxeadores clasificados para Londres-2012.

Puede que tengan razón. Es cierto, al menos en talento, que hay púgiles que prometen, como Roniel Iglesias, Emilio Correa Jr. y Carlos Banteux.

Pero el actual boxeo cubano es una ruleta rusa. Atrás quedaron los tiempos de Stevenson, Adolfo Horta, Mario Kindelán, Ángel Espinosa o Guillermo Rigondeaux, que eran oro cantado. La nueva camada es tenaz en el cuadrilátero. Los jóvenes son técnicos y tienen buena preparación física. Pero no poseen madera de grandes y resultan inestables. Lo mismo pelean de tú a tú con los grandes de cada división que pierden un pleito con un mediocre.

Además, habrá que ver la suerte que les depara el veleidoso sorteo. Y el arbitraje. Parece probable que Iglesias revalide el título. Los demás lo tienen más difícil.

Equipo cubano de boxeo a Bakú

Yosvany Veitía (49 kg); Robeisis Ramírez (52 kg); Lázaro Álvarez (56 kg); Yasniel Toledo (60 kg); Roniel Iglesias (64 kg); Carlos Banteux (69 kg); Emilio Correa Jr. (75 kg); Julio Cesar La Cruz (81 kg); José Ángel Larduet (91 kg) y Erislandy Savón en más de 91 kg.

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