Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
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Béisbol

Marcas imposibles

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El béisbol es el deporte que más estadísticas recoge. No hay otro. También es un juego largo y relajado. Se puede estar cuatro horas sentado en las gradas del estadio, hablando de estadísticas e historias fantásticas sin perder un detalle del partido.

Los fanáticos del béisbol suelen ser locuaces. Y exagerados, como los pescadores amateurs. Cada pescador jura a cada rato por su madre que ensartó al pez más grande del mundo. Y todo amante de la pelota asegura haber visto jonrones descomunales, las jugadas más brillantes y el lanzador que tiraba las rectas más rápidas.

Los aficionados tienen su galería de cromos con, a su parecer, los mejores peloteros de Cuba o el mundo. Cada fanático se cree un manager. Y a la hora de armar un equipo ideal, los números no son tan fríos como algunos creen. Para medir el alcance y la calidad de un jugador a la defensa, tal vez. Pero si se desea saber de las habilidades y efectividad de un bateador o un lanzador determinado, las estadísticas modernas son certeras. Y esas estadísticas nos dicen que en la pelota cubana hay récords irrompibles.

Aquino Abreu, un lanzador derecho que jugaba en novenas de la antigua provincia de Las Villas, en la década del 60, lanzó dos cero-hits, cero-carreras consecutivos. Para implantar una nueva cota habría que tirar tres cero-hits, cero-carreras al hilo. Inalcanzable. Sobre todo en el béisbol sumamente ofensivo que se practica hoy en Cuba.

También de manos de un pitcher tenemos otro récord de apaga y vamos. Se llama Modesto Gil, quien conectó dos jonrones en una misma entrada. Lo han hecho varios jugadores en el béisbol criollo. Pero Gil es el único lanzador que lo ha realizado. Y el último.

Desde hace 34 años, en la pelota de la Isla los pitchers no batean. Ese récord se congelará en la historia. También de otra galaxia son las más de 700 bases robadas del camarero Enrique Díaz, aún en activo.

Díaz es el jugador de Latinoamérica con mas bases estafadas. Tiene otra marca de ensueño: en una temporada se robó 55 bases. Puede durar 200 años: en el béisbol actual hay equipos que en la última temporada solamente robaron 20 bases en 90 juegos.

Otra marca para rascarse la cabeza la estableció en los años 70 el lanzador habanero Ihosvany Gallego, con un promedio de efectividad de 0.37. Difícil, en un béisbol de batazos, donde se promedia colectivamente para 300 y el líder de los pitchers trabaja para algo más de dos carreras limpias, que la marca de Gallego se venga abajo.

En la temporada 2009-2010, el jardinero santiaguero Alexei Bell implantó por su parte una marca que será muy difícil de superar, cuando en una misma entrada pegó dos jonrones con las bases llenas. Para imponer un nuevo récord habría que conectar tres cuatriesquinazos con el bote repleto. Irrealizable.

Además de éste, hay otros números locales que serán difíciles de superar. Los 475 jonrones de Orestes Kindelán. Los cinco títulos de bateo al hilo del tunero Osmany Urrutia. El propio récord de bateo de Urrutia con 469. Los cuatro jonrones en un juego de Omar Linares, Leonel Moa y Alberto Díaz.

Por mucho que se batee en las campañas del patio, es difícil que alguien conecte cinco vuelacercas en un juego. Aunque no se sabe. El rey de los récords en Cuba es Víctor Mesa, el espectacular jardinero central de Villa Clara.

Durante su carrera deportiva, la "explosión naranja" se robó el home ocho veces. En la pelota de poca monta que se juega hoy, a los jugadores les cuesta robar incluso la segunda base.

Pero Víctor no debe inflar demasiado el pecho. En las Grandes Ligas hay un récord que durará por los siglos de los siglos. Es de 54 robos de home. Fue de Ty Coob. Una cifra que difícilmente un pelotero de liga organizada la supere. Imposible.

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